Isabel Díaz Ayuso
Miguel Ángel Rodríguez, MAR para los amigos y la prensa, se lo debe pasar pipa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a la que ha convertido en su muñeca de ventrílocuo para que diga las cosas que se le ocurren y que siempre son de esas que, como diría el gran Ansón (o Anson), hacen arder el pelo.
Si ustedes se fijan, observarán que Isabel va casi siempre con un pinganillo en la oreja por el que le llegan las instrucciones de MAR (si es que no hay una interferencia y se cuela Nacho Cano). Estoy convencido de que el juego de palabras a costa de la inefable Leire, a la que calificó de Mata Chari, fue cosa del malévolo MAR, príncipe de las tinieblas, siempre escondido entre las sombras, tirando de los hilos…
Lo bueno de la situación es que a la muñeca le parece buenísimo todo lo que dice su puppet master, por lo que no se da aquí el conflicto de intereses habitual entre sujetos pensantes: si uno piensa por los dos y al otro ya le está bien, ¿qué problemas va a haber?
Veamos la última ideaca de Isabel (o sea, de MAR), lo de los derechos del nasciturus a ser considerado un miembro más de la familia, aunque la palme a causa de un aborto natural o provocado. Es decir, que hay que considerar al feto o al embrión como un ser tan real como tu tío Paco.
Desde la concepción, ese ser humano ya existe como tal. MAR nos lo explicó con su habilidad habitual para ponerse didáctico: si nada más copular, te vas al baño o al balcón a echar un pitillo, ya sois tres en la familia. Y pase lo que pase con el embrión, éste ya es, a efectos oficiales, tan real y tan humano como tu tío Paco.
Dudo que este disparate salga adelante, pero eso es lo que menos puede importarles al ventrílocuo y su muñeca. Aquí, de lo que se trata es de molestar a los rojos que andan sueltos por ahí y hasta tienen el cuajo de hacer como que gobiernan España entre mangancia y mangancia. Es una idea para jorobar al enemigo y que en los diarios progres corran ríos de tinta al respecto.
Es una manera de acusar de asesinato a los partidarios del aborto legal. Es una forma de incrementar el mal rollo con los adversarios políticos, aunque estos ya se pinten solos para mantener vivo el odio guerracivilista (¡Gracias, Pedro! ¡Gracias, José Luís, olé tu talante!).
Vivir políticamente a cara de perro es relativamente fácil de hacer, pero de vez en cuando hacen falta salidas de pata de banco con las que alegrar a la afición e irritar a la oposición. A eso se dedican MAR, Félix Bolaños, Oscar Puente y hasta el presidente de la Conferencia Episcopal. Pero solo MAR tiene una persona más o menos real para ocultarse tras ella mientras recita lo que le acabas de dictar por el pinganillo.
¡Miguel Ángel, eres el príncipe de los canallas!