Òscar Escuder, presidente de Plataforma per la Llengua
Plataforma per la Llengua, y el nacionalismo en general, ha incurrido en una flagrante contradicción, y en su habitual ley del embudo, al aplaudir el estudio de una doctoranda de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) sobre el idioma de los sanitarios, en el cual se concluye que "no hablar la lengua del paciente puede empeorar los diagnósticos médicos".
Esta conclusión ha servido a la autodenominada "oenegé del catalán" para reivindicar el uso de este último idioma por parte de todos los facultativos de Cataluña, bajo el argumento de que, no hacerlo, pone en riesgo la salud de los pacientes catalanohablantes.
Lo paradójico del caso es que ni Plataforma per la Llengua, ni el grueso de entidades, dirigentes y simpatizantes nacionalistas, se plantean la existencia de esos mismos perjuicios causados por falta de comprensión idiomática en el caso de la inmersión monolingüe obligatoria en catalán, impuesta en todo el sector educativo público de Cataluña desde hace tres décadas.
Ahí, haciendo suyo el dicho de "lo ancho para mí, y lo estrecho para ti", todos ellos cierran filas a la hora de defender, a capa y espada, la exclusión del castellano como lengua también vehicular en las escuelas de la región. Sin plantearse en ningún momento —sino todo lo contrario— la flagrante discriminación y el menoscabo que ello puede causar en los resultados académicos de los alumnos castellanohablantes o procedentes de otras regiones. Un caso de doble rasero clamoroso y muy elocuente.