El exjefe de gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo
¡Iván Redondo ha vuelto! Superados los problemas coronarios que le obligaron a darse de baja como spin doctor favorito de Pedro Sánchez.
Redondo (San Sebastián, 1981) parece dispuesto a volver a decirle al presidente del gobierno lo que tiene que hacer para eternizarse en el poder: nada menos que insistir en la vieja idea de España como nación de naciones, lo cual requeriría reescribir la constitución, que es ya lo único que le falta al hombre locamente enamorado de su esposa para dejar al país, definitivamente, hecho unos zorros.
Eso sí, para asegurarse el voto a perpetuidad de los separatistas vascos y catalanes, la ideaca de Redondo no tiene precio. Dice nuestro hombre que el estado de las autonomías ha tocado techo (o fondo, no lo sé muy bien) y que hay que sustituirlo por algo más guay.
Hasta ahí estoy de acuerdo. Nunca he conseguido tomarme en serio la España de los diecisiete gobiernillos autónomos (dentro de un orden) y creo que podríamos finiquitarlo a cambio de un ordenamiento federal con un gobernador en cada región que eliminara los miles de funcionarios que ha generado la reordenación autonómica (o el café para todos de Alfonso Guerra).
Habría protestas, claro, pues a nadie le gusta dejar de chupar del bote de la noche a la mañana. Y los nacionalistas se pondrían como las cabras del monte. Pero creo sinceramente que es lo mejor que nos podría pasar.
Dichos nacionalistas, evidentemente, deben estar híper ventilando con lo de esa nación de naciones que tanto parece anhelar el señor Redondo. No para poder sentirse a gusto en España, que eso es imposible, sino como primer paso para seguir dando la chapa con lo suyo, que es la independencia del terruño (ahora se han venido arriba con el triunfo en Gales del Plaid Cymru, angélicos).
En ese sentido, la propuesta del señor Redondo no puede ser más inoportuna. Sobre todo, si tenemos en cuenta que Sánchez ya no sabe qué hacer para mantenerse en el cargo hasta el siglo XXI y más allá, si la salud se lo permite. Y lanzarse a prometer seudo independencias a troche y moche puede ser una manera de conseguirlo, aunque luego ya no quede país alguno que gobernar.
Iván Redondo inició su carrera de spin doctor asesorando a políticos del PP como el catalán García Albiol, el extremeño Monago o el vasco Basagoiti, con los que obtuvo éxitos relativos. A su hijo putativo preferido lo encontró en el PSOE y le echó una mano en cuanto pudo.
No quiso ser ministro con Sánchez porque prefería estar comiéndole la oreja constantemente en sus conciliábulos privados. El corazón le jugó una mala pasada y lo envió a escribir columnas para La Vanguardia, dejando su trabajo a medias.
Es de temer que ahora pretenda terminarlo con la tabarra de la nación de naciones, esa entelequia que lleva años arrastrándose por nuestra realidad sin que, lógicamente, acabe nunca de imponerse.