Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat

Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat Europa Press / Fotomontaje CG

Examen a los protagonistas

Jordi Pujol Soley

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Finalmente, Jordi Pujol se ha librado de rendir cuentas ante la justicia por corrupción.

La lentitud de los tribunales ha permitido que el patriarca del clan quede exonerado, debido a su deterioro cognitivo, del presunto saqueo de las instituciones catalanas llevado a cabo de forma sistemática durante décadas. El mismo escudo que dispensó a su esposa, Marta Ferrusola, fallecida en 2024.

En el relato oficial del padre del nacionalismo catalán contemporáneo apenas quedará el rastro de sus trapos sucios.

Tan solo la confesión de 2014, en la que reconocía haber ocultado al fisco durante 34 años la herencia (deixa) de su padre, Florenci –conocido evasor de divisas durante el franquismo–, quedará indisociablemente anexa a su biografía.

Al final, la demencia del expresidente autonómico no solo le evita el juicio, sino que priva a los catalanes de las respuestas que merecían.

Especialmente cuando, durante el cuarto de siglo que gobernó la comunidad con puño de hierro, Pujol no escatimó esfuerzos a la hora de dar lecciones de ética y moralidad con la excusa de “construir la nación catalana”.

Eso sí, deja a sus siete hijos la deixa de la acusación de pertenecer a una organización criminal.