El escritor Eduardo Mendoza, firmando libros el día de Sant Jordi

El escritor Eduardo Mendoza, firmando libros el día de Sant Jordi

Examen a los protagonistas

Eduardo Mendoza

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El rey de la feria

Pasó Sant Jordi por Cataluña y, como de costumbre, el barcelonés Eduardo Mendoza fue el autor más vendido en castellano, pese al boicot que se le pretendió hacer desde el lazismo más irredento a raíz de su última humorada. Ya saben, sus comentarios sobre un Sant Jordi maltratador de animales y probablemente iletrado. Se ha vuelto a demostrar, por si hacía falta, que la realidad va por un lado y los independentistas, por otro.

Hubo indignación y rasgado de vestiduras. Hubo llamadas al boicot, y hasta una propuesta tan delirante como la de quemar los libros de Mendoza en las hogueras de San Juan. En la realidad lazi, el escritor se convirtió en un enemigo del pueblo (catalán). Pero, a la hora de la verdad, la de rascarse el bolsillo, la gente se compró su última novela, como cada año, y aquí paz y después gloria, salvo la aparición esporádica de algún espontáneo con ganas de insultarle.

Me crucé la tarde anterior a Sant Jordi con Mendoza en el sarao anual del conde de Godó y le pregunté si, como me habían dicho, iba a llevarse guardaespaldas a las sesiones de firmas. Me dijo que no pero que, si éramos tan amables, nos podríamos encargar de su protección Javier Melero y yo. Luego resultó que sí hubo un guardaespaldas por si las cosas se desmandaban, pero el hombre, afortunadamente, no tuvo trabajo. En cualquier caso, es muy triste y no dice nada bueno de Barcelona que un escritor tenga que ir por ahí con guardaespaldas, algo que no había pasado ni cuando el bendito prusés.

Los medios de agitación y propaganda del lazismo esquivaron su presencia (y su éxito de ventas) centrándose en los autores más vendidos en catalán, como si los que escriben en castellano fuesen de otro país (igual lo son, si hemos de hacer caso a la última metedura de pata de Pedro Sánchez). TV3 también colaboró en hacer como que en Cataluña nadie escribe en castellano con un TN Migdia en el que solo entrevistaban a literatos catalanes en catalán, como si no gobernaran los socialistas y el ente siguiera en manos procesistas (¡esa purga, señor Illa!).

Finalmente, la realidad se impuso, y Mendoza fue el autor más vendido en lengua castellana. Seguido de otro que tampoco cae bien a los independentistas, el vasco Fernando Aramburu, al que aún no le han perdonado el éxito de público y crítica con Patria, novela que les sacó bastante de sus casillas, como pudimos comprobar en su momento.

En fin, ya sabíamos que la realidad iba por un lado y los supervivientes del prusés, por otro. Pero siempre resulta tranquilizador comprobarlo. Espero que dejen en paz a Mendoza y se dediquen a sus asuntos. De hecho, ya están en ellos. O, por lo menos, lo está su santo patrón, Cocomocho, empeñado en que le devuelvan las urnas del 1 de octubre para preservarlas y utilizarlas, tal vez, en su regreso (si es que se produce algún día): menos mal que aún queda gente que está por lo que hay que estar.