Santiago Segura, promocionando 'Torrente presidente'

Santiago Segura, promocionando 'Torrente presidente' EFE / Fotomontaje CG

Examen a los protagonistas

Santiago Segura

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El rey de la taquilla

El actor, guionista y director Santiago Segura (Madrid, 1965) lo ha vuelto a petar en la taquilla española con su última película, Torrente presidente, enésima versión de las aventuras del rey de la caspa nacional, José Luis Torrente, policía (expulsado del cuerpo), borrachuzo recalcitrante, machista irredento, titán de la grosería e hincha del Atlético de Madrid (también conocido como Mi Atleti). Y, como de costumbre, se le ha echado encima la crítica cejijunta y teóricamente progresista, que detesta profundamente al personaje y a su creador, y lamenta en sus comentarios y reseñas la vulgaridad del público español, que tanto disfruta con las gansadas de Torrente, tal vez porque las películas de Segura son un espejo de la realidad española en el que da un poco de vergüencilla mirarse y, sobre todo, reconocerse. Como también debe darla reconocer que la taquilla del cine español se incrementa exponencialmente el año en que hay nueva película del costroso detective.

Contra lo que algunos piensan, Torrente es un proyecto largamente preparado. Cuando conocí al señor Segura en el festival de Sitges, a principios de los 90 (donde presentó su premonitorio cortometraje Evilio, de cuyos pasquines llenó las paredes del pueblo gracias a una pandilla de amiguetes que se trajo de Madrid), ya me habló de José Luis Torrente y de los planes gloriosos que tenía para él.

Poco después, convenció al productor Andrés Vicente Gómez (personaje bigger than life, por motivos que resultarían demasiado largos de explicar aquí, y con el que Segura acabó a palos por motivos financieros) e hizo realidad su sueño. Hablé con él poco antes del estreno, y el hombre no las tenía todas consigo, pese a que Santiago es un hombre que confía mucho en sí mismo y en su intuición. La cosa, como todas, podía salir bien o salir mal. Afortunadamente, salió bien, pero ya entonces empezaron nuestros moralistas del cine a lamentar que la gente se dejara los cuartos para ver semejante engendro.

Yo me tronché con la primera aventura de Torrente y un poco menos con las siguientes, en las que se habría agradecido un poco más de esfuerzo en el guion. Aunque también es verdad que para qué se va a esforzar Segura si a la gente ya le gustan las películas de Torrente tal como están. El espectador se deja unos euros en taquilla, se descojona dos horas en la butaca, y sale a la calle de mejor humor que cuando entró en la sala. Lo de Segura es ya un fenómeno extra cinematográfico: hasta sus comedias familiares (que no he visto) han hecho grandes recaudaciones, ¡y solo las puso en marcha para que sus hijas pudieran ver lo que hacía su padre sin enfrentarse a los traumas derivados de Torrente para la grey infantil!

Con el tiempo, la crítica cejijunta le ha ido viendo un componente político a Santiago Segura, y se ha venido a decir que le hace un favor a la derecha y a la extrema derecha bendiciendo, aparentemente, la impresentable actitud de su personaje estrella. A ello han contribuido los de Vox, diciendo que Torrente es el representante del español medio, y por eso el español medio se identifica con él.

Vamos a ver, ni tanto ni tan calvo: Torrente no representa al macizo de la raza ni lo critica, prefiriendo mostrar sus debilidades con intenciones cómicas. Torrente es un producto self deprecating que nos muestra lo peor de nosotros mismos para que nos riamos. Quien pretenda ver otra cosa, desde la izquierda y la derecha, debería pedir hora con su psiquiatra.