Isabel Díaz Ayuso
La última de Isabel Díaz Ayuso es de verla y no creerla. Justo cuando Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más oscuros, gracias a la presidencia de Donald Trump, a la presidenta de la comunidad de Madrid se le ocurre la peregrina idea de concederle a ese país (por no decir a ese presidente anaranjado) la medalla de Madrid por ser el foco de la libertad y de la democracia (aunque cada día haya menos de ambas cosas en la tierra de los valientes y el hogar de los libres).
No sé si la idea ha sido suya o si solo ha ejercido el papel habitual de muñeco de su ventrílocuo particular, Miguel Ángel Rodríguez, pero sea quien sea el responsable del desaguisado, se ha lucido. Es difícil ser más inoportuno con la concesión de la medallita. Y no porque tengamos nada en contra de los Estados Unidos, sino porque el premio, aunque de manera disimulada, va dirigido al presidente Trump, que es lo peor que le ha pasado a ese país a lo largo de toda su historia política. Aún está fresco el recuerdo de los dos ciudadanos de Minneapolis ejecutados por los matones del ICE y, justo ahora, a Isabel (o a Miguel Ángel) se le ocurre lo del simpático galardón.
Ya sabemos que a Isabel le pone mucho el Donald, pero yo creo que bastaba con un detallito (unos caramelitos de La Pajarita, un Don-Nicanor-toca-el-tambor, que es lo que me solía traer mi padre de la capital), algo personal en lo que no hiciera falta involucrar a toda la comunidad de Madrid, donde habrá gente que simpatice con Trump, pero también mucha que no lo pueda ver ni en pintura. Lo suyo es como decir “Madrid soy yo”. Y el que venga atrás, que arree.
La cosa suena a un intento de congraciarse con el Donald, quien, hasta ahora, tenía en Santiago Abascal al responsable de su franquicia española. Dicen que Díaz Ayuso aspira a ser tenida en cuenta por la administración MAGA y suplantar al zascandil de Abascal en el imaginario trumpista. Si es así, el hecho de resultar tremendamente inoportuna no debe ni haber sido contemplado. Isabel es una mujer ambiciosa y sus fans consideran que ya tarda en revelar a Sánchez Feijoo, ese representante de la “derechita cobarde”, al frente del PP.
Esos entregados fans son los primeros en ignorar que Díaz Ayuso es un personaje difícilmente exportable más allá de ciertos barrios de la comunidad de Madrid. Como chulapona de zarzuela, acompañando a don Hilarión a la verbena de la Paloma, es insuperable, pero más allá del territorio madrileño en el que se la venera, se convierte en un personaje difícilmente vendible. Otra cosa sería promocionar a Cayetana Álvarez de Toledo, que habla bien de ella (aunque yo creo que por conveniencia), pero bastante tiene ésta con impedir que la echen del PP, ¿no?