Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York
Que la fuerza le acompañe
En Estados Unidos, si te declaras socialdemócrata y, además, has nacido fuera del país, lo más probable es que te cuelguen el sambenito de comunista antiamericano enviado por Satán para jorobar al mejor país del mundo. En ese sentido, lo logrado por Zohran Kwame Mamdani (Kampala, Uganda, 1991) es muy digno de ser resaltado, aunque dudo que logre alcanzar todos sus objetivos políticos y sociales para la ciudad de Nueva York, de la que es alcalde desde hace un par de días.
Aunque considero al señor Mamdani un tipo cargado de buena intención, no sé qué va a poder hacer para que Nueva York deje de ser la ciudad más cara del mundo y los pobres puedan llevar una vida digna, aunque se vean obligados a vivir a una enorme distancia de Manhattan. Me temo que todos sus planes cuenten con la más férrea oposición de quienes han convertido su ciudad en lo que es desde hace años. En ese sentido, aunque alegrarse con su triunfo municipal me parece justo y necesario, depositar demasiadas esperanzas en él me resulta un pelín ingenuo.
Cuando Barack Obama llegó a presidente de los Estados Unidos se produjo un fenómeno similar al que está ocurriendo ahora con Mamdani: parecía que se iba a producir una revolución humanista que iba a ser la envidia del universo mundo, y al final vimos que el pobre Barack solo pudo cumplir una centésima parte de sus objetivos, y para que Donald Trump lo eliminara todo nada más llegar al poder. Eso que los angloparlantes definen como The powers that be (y nosotros, poderes fácticos) siempre acaban imponiéndose en Estados Unidos (y puede que en todo el mundo), permitiéndose únicamente matices entre sus presidentes, que suelen oscilar entre el demócrata liberal con cierta buena fe y el republicano amigo de banqueros, petroleros y magos de Silicon Valley. Así era, por lo menos, hasta que llegó Trump dispuesto a utilizar como regla general los métodos de Atila, rey de los hunos.
Zoran Mamdani cuenta con la biografía ideal para ser alcalde de Nueva York: madre cineasta, la india Mira Nair, la directora de Mississippi Masala y Salaam Bombay, una educación cosmopolita, una simpatía desbordante, una preocupación por la cultura de su tiempo (grabó dos discos de rap con los respectivos seudónimos de Young Cardamom y Mister Cardamom), un conocimiento profundo de esa ciudad a la que llegó a los siete años, tras pasar por Ciudad del Cabo… La suya es, de hecho, una biografía que se parece bastante a la de Obama, aunque Mamdani no podrá aspirar a la presidencia de su país por haber nacido en otro.
Ante las burradas de Trump, los liberales neoyorquinos se muestran eufóricos con Mamdani, pero yo les recomendaría, como Larry David, que moderaran su entusiasmo. Ahora su ídolo está muy crecido y se las promete muy felices, pero no tardarán en ponerle palos en las ruedas porque así funciona el sistema y no basta con tener buena intención para que las cosas te salgan bien. Juró el cargo sobre el Corán como si eso fuese una muestra de progreso y tolerancia, cuando solo era otro reconocimiento al espíritu teocrático que impera en su país, donde nunca ha llegado a la Casa Blanca un ateo o un agnóstico (también Obama tuvo que inventarse una iglesia a la que aseguraba acudir con frecuencia).
Ojalá se salga con la suya pero, francamente, lo dudo. Y lo lamento.