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El FC Barcelona hizo aguas en el Wanda Metropolitano (4-0). Los boquetes se multiplicaban en todos los costados del campo durante la primera parte. La presión del Atlético de Madrid asfixiaba al Barça, incapaz de conectar más de tres pases consecutivos. La baja de Pedri lastró decisivamente una circulación de balón inexistente. Una vez más, Frenkie de Jong con el brazalete de capitán estorbó más que dirigió al cuadro catalán.

La brújula del mediocentro neerlandés quedó extraviada en el campo de minas del equipo rojiblanco. El pivote azulgrana se esfumó en las transiciones del rival y no dio ni una ayuda a sus compañeros en unas acciones que costaron cuatro goles en contra. Frenkie sigue varios escalones por debajo de Pedri, a pesar de que mira desde las alturas al volante canario en la escala salarial.

Ni construye ni destruye, desaparece

Ni construye juego ni destruye el del rival. La Pedridependencia es un hecho, y debería contrarrestarse con la presencia de Frenkie. En cada prueba de fuego, De Jong desaparece. En consecuencia, el centro del campo barcelonista también se desvanece.

Frenkie de Jong realiza una entrada a Antoine Griezmann en el Atlético de Madrid-Barça FCB

El Barça echó en falta un mediocampista que acelerase o ralentizase el juego en función del partido, y la estrella de Países Bajos carece de dicho registro cuando se enfrenta al peligro solo. Frenkie no rindió a la altura del estatus de capitán ni de su salario de buque insignia.

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