Por mucho que mire en la hemeroteca no recuerdo una imagen débil de Pep Guardiola como la que está exhibiendo esta temporada. Sí, en cambio, mi memoria recupera con gran admiración aquella rueda de prensa en abril de hace 14 años en el Santiago Bernabéu, en la que alzó la voz para retar a Jose Mourinho, entonces técnico del Real Madrid, al que reconoció que en su estadio era "el puto amo", pero que se verían en el campo. Y en el terreno de juego habló el Barça. Ganó 0-2 y encarriló aquella Champions League, que felizmente conquistó en la final de Wembley ante el Manchester United.
Aquel Guardiola impresionaba en todo. El que llega hoy a Madrid con el Manchester City, tocado en la Premier, quinto a 16 puntos del líder, o va disfrazado de víctima o ha tirado la toalla después de recolectar todos los títulos con el equipo inglés. Y todo sin un Messi.
No parece vivir este Pep Guardiola su momento más sublime. Todo lo contrario. No pienso que su vida personal le haya afectado para realizar el trabajo que mejor sabe hacer. Como técnico ha demostrado unas cualidades únicas para revolucionar y brindar una imagen de un fútbol que ha enamorado a todo el mundo. Pero es extraño que hoy su equipo llegue a Madrid con la cabeza gacha cuando esta noche es propicia para recuperar la moral y los ánimos.
Eliminar al Madrid de la Champions es todo un desafío, especialmente después de perder en la ida 2-3. Pero también es el mejor adversario para dar un tapaboca a los que dan por acabado a Pep Guardiola.
La familia culé espera lo mejor de él. Y él sabe que nunca ha sido bien visto por el público madridista. Más bien lo temen. Ahora que el madridismo parece estar exclusivamente dedicado a interpretar una frase del vocabulario inglés, ese idioma que Guardiola habla a la perfección, esta noche es ideal para que no te jodan Pep. Venga, una alegría para el cuerpo culé.