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La actriz Petra Martínez / JC

Petra Martínez: "La educación es como la Constitución, no se puede cambiar cada día"

La intérprete de Fina en 'La que se avecina' aparca la serie temporalmente para volver al teatro con la obra 'La señorita Doña Margarita'

13 min

Petra Martínez es una mujer de teatro. Fundadora de varias compañías, no ha dejado de pisar las tablas a la que ha tenido oportunidad. Aun así, ha sido la televisión la que le ha dado más éxitos. Primero, con Ángela en Barrio Sésamo, y ahora con Fina, en La que se avecina.

Poco le importa a ella que entre medio, por mucho que haya hecho cine y teatro, el público se quede con la serie de Mediaset, que tantas satisfacciones le ha dado. La visibilidad que le ha otorgado la agradece sin parar.

Una profesora especial

De todos modos, a la que puede, hace un hueco para subirse a un escenario. Este marzo, está en el Teatro Español de Madrid con la obra La señorita Doña Margarita, una obra repleta de humor con la que reflexiona sobre la educación y la sociedad. Y un personaje al que la intérprete le tiene mucho cariño.

Con una pasión desbordante por el teatro, la actriz finaliza el espectáculo como siempre lo han hecho con su compañía, charlando con el público. Un momento que le causa enormes placeres y que nunca quiere dejar de hacer, dialogar con el espectador.

Petra Martínez posa frente al cartel de 'La señorita Doña Margarita' / JC
Petra Martínez posa frente al cartel de 'La señorita Doña Margarita' / JC

--Pregunta: ¿Qué se va a encontrar el espectador que vaya a ver La señorita doña Margarita?

--Un monólogo de un personaje muy extraño. Ella es una loca de la vida. Es profesora y pasa de insultar a los niños y llamarles de todo a pedirles su apoyo porque los necesita y de allí vuelve a insultarles y decirles palabrotas. Es todo en una clase, pero a límites insospechados. Un carrusel.

--¿Cómo la definiría, entonces?

--El espectador y ella parecen notar lo que piensan los niños, sin que le pregunten nada, y les contesta. Tiene obsesión con el sexo y se lo achaca a los alumnos. Es muy divertido de hacer como personaje, porque es muy loco y divertido. Pero ella es una pobre mujer que, por el texto, deduzco que no ha tenido relaciones de ningún tipo, no sabe lo que es el sexo y no lo va a saber nunca en la vida.

--Es una obra escrita en los años 80 y en Brasil, pero la vuelven a poner en escena y en España cuando además usted misma ya la ha interpretado. ¿Por qué repetirla de nuevo?

--Porque ahora nuestros hijos van a estar ocho horas con sus profesores y yo me quito el gorro ante ellos. Pero la repetimos, porque hay ecos con esa actualidad.

-- Se la ve preocupada por los niños. ¿Cómo ve la educación actual?

--El material educativo no está actualizado, pero en cambio los libros no sirven de un año para otro. Viene un Gobierno, sea del color que sea, y lo cambia. Y yo eso lo quitaría. Organizaría un seminario con dos buenos dirigentes políticos y profesores y llegar a acuerdos y decir: esto, como la Constitución, no lo podemos estar cambiando todos los días. Es muy serio, porque esos niños serán el futuro de nuestro país. Y yo veo a esos niños que van ocho horas y luego deberes, y extraescolares… ¡pobrecitos míos!

--Dice que doña Margarita es estricta, grita a los profesores. ¿Eso sería viable ahora que los padres, en ocasiones, se enfrentan a los docentes?

--Eso está muy mal. Yo no creo en la autoridad, pero tanto padres como profesores y niños han de tener un respeto entre todos. No sé que se tiene que hacer pero hay una labor pendiente muy importante con la educación.

--Y ya que abordamos la gestión de la educación. ¿Cómo ha visto la gestión del Covid en el mundo de la cultura?

--Hay muchas empresas que se han quedado sin nada y uno tiene la referencia de Francia, ya que tengo una amiga que trabaja allí. Aquí nos falta algo, que vean que somos algo importante, necesarios. Se han portado bien, pero no del todo bien. No se ha hecho lo suficiente en la cultura.

--Usted ha estado un tiempo dedicada a la televisión y regresa al teatro en plena pandemia. ¿Cómo espera que sea?

--El público está ávido de entretenimiento. Se quiere divertir y hacerlo fuera de su casa, ver cosas en vivo.

--¿Es eso lo que la ha animado a volver y hacerlo con esta obra?

--Yo terminé de rodar La que se avecina y tenía pendiente de estreno una obra. Entre tanto le dije a Juan [Margallo], ¿por qué no hacemos la Margarita? Pensábamos que había tiempo para que la pandemia pasara y vimos como la fecha se fue acercando… Pero tenemos un gran cariño a la función y lo hicimos por eso. Además, así Juan podía a estar más tiempo conmigo y nos podemos cuidar en estos tiempos.

--¿Cómo es trabajar con la pareja, con Juan Margallo?

--Lo mejor del mundo. Hemos pasado por muchas etapas. Él tiene 80, yo 76 ahora, pero es maravilloso estar en el mismo apogeo. Llevamos 52 años juntos y llega un punto que uno ya no sabe si una anécdota es propia o del otro. A nosotros nos ha venido muy bien, hemos disfrutado y seguimos haciéndolo. Discutimos, reímos, pero sobre todo, nos reímos mucho. Nos podemos enfadar y al día siguiente te pides perdón. Y ya está.

--No suele ser habitual en el mundo artístico.

--Lo que pienso, igual es muy antiguo, porque nosotros nos podríamos haber separado, como mínimo, seis veces, pero siempre ha podido el gusto de estar juntos. Obviamente, que luego hay parejas que deciden separarse e ir cada uno por su lado y son más felices. Pero a veces y cuando hay respeto aguantando un poquito a veces se consigue.

--Otra cosa poco común es lo que hacen tras la obra: abren el espectáculo al público, para que pregunten lo que quieren. ¿No es así?

--Lo hacemos en todas nuestras obras. Al terminar, cogemos dos sillitas y les decimos al público que hablemos de lo que han visto o que hagamos un coloquio, contar un chiste, un monólogo… hacemos lo que quieran como si estuviéramos entre amigos. Lo hacemos incluso cuando es un dramón de la hostia.

--¿Lo hacen siempre, entonces?

--Siempre. Nos da mucho corte estar una hora y pico con ellos que no dicen nada y luego aplauden. Pero me gusta hablar después de todo esto.

--¿Cómo son esas reacciones?

Siempre hemos acabado con una gran satisfacción.

--Ustedes que hacen esto, ¿cómo ven esta idea del teatro grabado que se ha producido durante la pandemia?

El teatro es vivo. Están los actores, está el público y hay una comunión entre los dos y eso es teatro. Esto otro es otra cosa que está entre el teatro y la televisión. Es otra cosa, pero no teatro. La condición para hacer teatro es que estén ahí los actores.

--Se le nota su amor hacia el teatro. De hecho, es una mujer de teatro, ha fundado y pasado por varias compañías. En cambio, ahora, el público más joven la reconoce por la televisión, por su papel de Fina en La que se avecina. ¿Cómo te sienta eso?

--Mira, yo al principio dudé si entrar en la serie y ahora les estoy tremendamente agradecida. He aprendido lo que no está escrito aquí. Te dan una gran dosis de humildad. Hay protagonistas, pero si se ha de hacer el ridículo, lo hacemos todos.

--Comenta que no hay protagonistas. Cuando en el teatro, cine o televisión ve ciertas actitudes de uno que quiere ser más que el otro o cobrar más, ¿cómo lo vive?

--Nosotros venimos del teatro independiente y montábamos y desmontábamos todo. Y si uno no hacía, le obligábamos a planchar como todos. A mí esas actitudes no me gustan. Creo que sólo me he enfadado una vez, en Herederos. Pero no por salir guapa, sino porque hacía de criada y me querían vestir de colegiala, y no por ir de colegiala, que estaría más guapa, sino por la obra. Yo siempre he sido muy cooperativa, de las de todos todo. No existe bien si no trabajamos todos a gusto y no enfadados.

--Pero cuando ve esas grandes estrellas que reclaman más dinero por tener más fama, ¿qué siente?

--Yo para eso soy fatal y mi representante es tan fatal como yo. Le digo siempre: no te pongas muy tal que la cosa está muy chunga. Yo soy de las que hace de todo. Yo acababa y doblaba la ropa. Una vez vi una actriz muy importante que no lo hacía y que una ayudante se lo recogía enfadada. Pero claro, esta actriz iba todos los días 12 horas y tampoco se le puede exigir. También es cierto, que no quiero que haya tantas diferencias. Si ya eres la protagonista no hace falta que te suban más el sueldo. Pero todo es muy relativo.

--¿Y a usted la paran por la calle?

--Sí, por La que se avecina. A mí no me paraban desde Barrio Sésamo. Y eso era un poco más agobiante, porque no había la moda de las fotos, te pedían autógrafos y como sólo había una tele nos miraban siete millones de niños... Unas colas para firmar, que no podía. Ahora si me paran, pregunto si son amigos y hacemos una para todos. Pero estoy encantada. El hecho de que me a mí me haya hecho visible después de 30 años de estar trabajando me parece de puta madre.

--¿Qué ha significado?

--Mira, a mí cuando se me acercan niños y se me abrazan o cuando un taxista te dice que ha dejado de tomar pastillas gracias La que se avecina… No sabes lo que significa eso.

--¿Espera que eso ayude a la obra?

--Sí. Creo que a esta función vendrá gente y chavales por La que se avecina y me apetece. Me apetece mucho.