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El cantante Guille Milkyway / ELEFANT RECORDS

Guille Milkyway: “Siempre tuve la intención de que La Casa Azul fuera un proyecto de vida”

El cantante y compositor catalán sigue con su gira en plena quinta ola de la pandemia con miedo a que cueste "disociar ocio y riesgo"

18 min

Guille Milkyway (Barcelona, 1974) es la cara visible de La Casa Azul, una banda que lleva cerca de 25 años en activo sumando éxitos. Después de La revolución sexual, que los catapultó a la fama, vinieron otros hits y un sinfín de conciertos. La pandemia sólo fue un parón en este ascenso en el que viven.

El cantante y compositor siempre tuvo claro que la música era más que su vía de escape. Estudió Economía y trabajo durante varios años como product manager. Eso no impidió que por las noches hiciera sus pinitos como artista.

Cambio radical

Su trabajo no le hacía feliz y, pese a ser una persona que se considera pesimista y poco valiente, saltó al vacío y apostó por lo que ha sido su pasión desde pequeño. No le ha ido nada mal.

Con una formación muy autodidacta, el catalán no sólo se ha convertido en un referente musical, sino en todo un icono de la música pop española, con sello discográfico propio y colaboraciones con grandes de este país como Camilo SestoFangoria e incluso un disco de versiones de Nino Bravo. A esto se le suman sus colaboraciones radiofónicas. Pese a todo, su banda es su vida, y con ella ha retomado los conciertos, no sin miedo, este 2021. Lleva ya unos meses en marcha, el 12 de agosto aterriza en el festival Terramar de Sitges, y de allí continúa por todo el territorio. Además, ya planea el lanzamiento de su próximo disco.

Guille Milkyway mira una imagen de Nino Bravo / EP
Guille Milkyway mira una imagen de Nino Bravo / EP

--Pregunta: De gira una vez, pero en plena quinta ola. ¿Cómo es el regreso en estas circunstancias?

--Respuesta: Mucho mejor de lo que preveíamos. En abril de 2020 decidimos posponerlo todo y nuestro horizonte para empezar a tocar lo marcamos para principios de 2022. Nosotros lo necesitábamos, porque creo que esto nos pilló en el que, considero, era el mejor momento del grupo, con un directo y un equipo compacto. La sorpresa ha sido que apenas hemos notado diferencia con la situación prepandemia. Nosotros proponemos un momento evasivo y de euforia, y pensábamos que no sería posible lograrlo y la realidad nos ha pasado por encima y me tengo que comer mis palabras.

--¿Y se hace raro desde el escenario ver que la gente debe permanecer sentada?

--Eso es lo que pensábamos. Sabíamos que la gente iba a disfrutar como buenamente podía, pero nosotros hemos de centrarnos en ofrecer la misma propuesta. A mí me preocupaba tener que cambiar la propuesta simplemente porque la situación ha cambiado. Sería forzado. Pero durante este año y medio, con conciertos en pandemia, público y artistas hemos tenido una especie de aprendizaje e igual estamos preparados para poder vivir estos momentos de euforia sentados y con mascarillas, algo impensable, tal vez, al principio. La realidad desde el escenario es que todo es muy parecido a los conciertos pospandemia. Y, para encontrarle una parte positiva, nos ha recordado los motivos por los que nos dedicamos a esto, esa excitación de la primera vez, que en ocasiones se aleja. Y mira que yo he sido escéptico desde el principio.

--¿Y hubo cierto miedo por si de nuevo se cancelaba todo?

--Eso es otro tema. No te lo negaré. Ahora estamos plenamente implicados en planificar este año y la temporada de 2022-23, y has de tener un escenario medianamente claro para hacer ciertas inversiones a nivel logístico, qué grueso de conciertos se podrán hacer… esto te marca. El escenario de incertidumbre es muy complicado de gestionar, porque cada pequeña decisión que tomas implica más riesgo. Es una situación muy incómoda, y espero que con la evolución positiva de todo en los próximos meses desaparezca esta incertidumbre, de lo contrario lo tenemos complicado.

--Para rematar el tema pandémico, ¿considera que la gestión en lo referente al mundo musical se está gestionando bien? Ha habido cierres de salas, limitaciones de aforos, salen los 2.000 contagios en los tres primeros festivales…

--Desde posiciones muy diferentes, todos hemos sido muy proactivos a la hora de proponer contenido cultural durante la pandemia. Me siento muy orgulloso del sector. El gran problema que tenemos y tendremos que abordar entre todos es cómo borrar este marco mental que se está creando y que resulta superpeligroso que asocia el ocio y el pasarlo bien con el riesgo. Creo que costará mucho desasociar riesgo y ocio. Me da cierta rabia porque no quiero que sea así. Y parece que hay algo casi religioso en asociar el riesgo con el goce e incluso con el contacto social. Yo, desde el primer momento, he sido muy crítico con la expresión distancia social, ¡en todo caso física, pero no social! Parece que se quiere tener control sobre algo que molesta.

--Para hablar de cosas más positivas, hablemos de su trayectoria. Lleva más de dos décadas dedicándose a la música. ¿Cómo llegó hasta aquí?

--Llegue de una forma algo sui generis. Como mucha gente, estuve un tiempo compaginando la música con otro trabajo y hace unos 15 años o así decidí tomar una decisión. Pero la evolución del grupo y la mía como artista ha sido muy progresiva y controlada. Es algo importante porque ser grande y llegar a mucha gente sí es muy peligroso. Por suerte, no ha sido así. Siempre he tenido la intención de que esto sea un proyecto de vida y no a un corto plazo. No sé que pasará, pero ha seguido un ritmo muy orgánico. Me siento muy parecido a hace 20 años.

--¿Podemos preguntar a qué se dedicaba?

--Yo soy economista.

--¿Y ejercía?

--Sí, trabajaba de product manager en una empresa. Los primeros discos de La Casa Azul los grabé por las noches mientras compatibilizaba con lo otro. Fue una época de dormir muy poco pero también tenía otra edad (ríe). Pero la decisión de dedicarme a la música la tomé por algo. Tenía que decidir qué tipo de vida quería. No es sólo que a mí me realiza y es mi pasión, sino que el otro lado me producía mucha angustia y ansiedad, no me sentía reflejado. Yo no soy una persona valiente y me ayudó no tanto la pasión como que lo otro me hacía tan infeliz.

El cantante de La Casa Azul / FESTIVAL TERRAMAR
El cantante de La Casa Azul / FESTIVAL TERRAMAR

--Para ser economista sus conocimientos musicales son más que notables.

--De pequeño estudié piano y ya de adulto me puse a estudiar harmonía, pero desde otro prisma, para ver cómo la formación musical me puede ayudar en mi desarrollo como artista. Es muy diferente esto a lo que uno se encuentra cuando es joven y entra en una escuela de música. Yo he sido muy crítico sobre cómo se enseña música, que se centra en ser un gran intérprete de algún instrumento. Ojalá todos pudiésemos tener acceso a una formación musical para liberarnos de nuestro día a día. Pero bueno, mi pasión es tan grande que desde pequeño soy coleccionista de discos, lector de la evolución de los géneros y la historia de la música popular.

En este sentido, me siento muy identificado con lo que ha pasado estos últimos 20 años, en la cosa autodidacta de los posmillennials. Y tiene que ver en cómo ha evolucionado la música pop contemporánea, que parte de expresar como pueda lo que siento y luego ir mejorando. Los Sex Pistols seguramente nunca se plantearon ser grandes guitarristas. A mí me hace sentir orgulloso y te da la sensación de que nunca has perdido el control y de honestidad. Aunque tiene sus pros y contras.

--No le ha ido mal.

--Al final lo que cuenta es el resultado, la expresión artística, que para mí tiene una base muy emocional. Hace unos años me planteé formarme cada día. Y en los últimos años me he dedicado mucho a esto y me ha permitido trabajar a un nivel profesional que si no me hubiera formado de forma continua no hubiese llegado hasta aquí. Ser disciplinado es no traicionarse a uno mismo.

--Usted defiende la música pop desde siempre, ¿pero cree que sigue siendo denostada, o ya se reivindica frente a la música considerada de alta cultura?

--Esto va y viene. La evolución de la música contemporánea popular tiene que ver entre esta lucha entre la raíz y la falta de prejuicio, entre el dogma y la ortodoxia, la contracultura y el mainstream y esto hace evolucionar la música popular. Pero, en cuanto a prejuicios, hemos ido a mejor. Antes se te señalaba mucho más depende qué propuesta hacías y ya estamos más liberados de estos dogmas de fe. Y se ve en gente de 16, 17 y 18 años que percibe una falta de prejuicios.

--De hecho, el reguetón y el trap se han impuesto al final.

--Seguramente de aquí a poco hablaremos de otras cosas, pero en los inicios del punk, las críticas eran muy parecidas al reguetón cuando llegó a Europa, o las que recibe el trap con las que se le hacían al hip hop o las críticas feroces de principios de siglo al jazz. El reguetón no sale de forma espontánea, se puede explicar su génesis de forma nítida y clara cómo ha evolucionado hasta ahora y cómo ha devenido un movimiento mainstream. Por mi parte, encuentro cosas chulas y tal y otras que no me interesan, también probablemente hay cosas generacionales con las que no es que no me sienta identificado: es que forman parte de otra generación y no de la mía. Hay cosas que me interesan y otras y no. Y una de las gracias del pop es que uno puede hacer uso de todas esas cosas sin tener que justificarse por si eres fiel al género o no. Y a mí siempre me ha interesado esto y no el tema purista. Hay cosas interesantes y otras que no.

--¿No distingue entre si es bueno o malo?

--Nadie tiene que justificarse ni luchar contra sus gustos emocionales. No me siento identificado con estos posicionamientos tan dogmáticos, que parecen una Biblia en la que todo está escrito y no permite la evolución. Para mí, todo lo nuevo que aparece es una fuente de placer y me interesa todo lo que surge, participe o no a nivel generacional.

--Respira optimismo y entusiasmo, como sus canciones. ¿Es así realmente? ¿Intenta ver el lado positivo de las cosas?

--No, para nada. Tiendo a ser pesimista y es una cosa contra la que lucho desde hace años, contra esa angustia vital por un futuro catastrófico. No sé cómo se plasma en mi propuesta musical. Es cierto que lo que comentas es la percepción mayoritaria, que mi propuesta es muy luminosa y algo infantil. Mi discurso, al fin y al cabo, es lo que siento y lo que me pasa en la vida, es muy personal, poco metafórico, y eso te hace esclavo del día a día. Pero hable de lo que hable sí percibo que acaba siendo muy luminoso e incluso terapéutico. Creo que tiene que ver con mi apuesta por la no contención y dejarse ir.

Guille Milkyway, cantante de La casa azul / EFE
Guille Milkyway, cantante de La casa azul / EFE

--Eso sucede incluso en su último disco, que es más oscuro, que es fruto de una gran crisis sentimental.

--Pero no es buscado. Creo que si hiciera algo más intimista no me saldría. Es mi manera de transmitir las cosas. Lo ves en el directo, que hay momentos de euforia entre el público y cuándo piensas lo que estás cantando y en el momento en que la escribiste piensas: "que fuerte y qué bueno a la vez que algo que una desgracia total la puedes acabar celebrando".

--¿Y el nuevo disco será tan oscuro, más pandémico, o más luminoso?

--Con la pandemia puse un poco el freno. Y cuando empecé a hacer cosas y ponerme en el próximo disco tenía miedo de romantizar el momento, no hacer de esto un canto a la esperanza. Evidentemente, la situación marca. Entra en mi vida, tiene un elemento pandémico, un trasfondo de unas noches duras, de volver a disfrutar de un despertar… Pero es una lucha que estoy teniendo conmigo mismo, que no quede impregnado de esto.

--¿Hay fecha para el lanzamiento ya?

--Aún no, 2022 seguro, pero no te puedo decir cuándo, y si ya me cuesta planificar, con esta situación se hace más difícil. El problema que tiene demorar una propuesta artística es que si la pospones mucho corres el riesgo de que lo que te emocione no lo haga más, y es peligroso.

--¿Antes llegarán más singles?

--Sí, esto está superclaro. Después del verano iremos publicando singles. La realidad es lo que más permite.

--¿Con colaboraciones?

--Esta es otra caja complicada, porque a veces parece como una estrategia comercial. En los últimos años parece que la música está encaminada hacia eso para maximizar beneficios. En ocasiones es positivo, pero cuando hay implicaciones artísticas es peligroso. Me gusta colaborar con gente que me gusta, aunque se debe dar de forma natural.

--¿Te has sentido decepcionado en algún momento con ellas?

--No, porque tengo el control total y las hago encantado. Sólo es que soy muy miedoso y has de saber si con quien quieres colaborar se implicará del mismo modo.