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El actor David Castillo / PABLO LORENTE

David Castillo: "No me gusta que me digan qué hacer, como para que me digan cómo tengo que pensar"

El actor defiende una cultura y un teatro que sacuda conciencias: "Si el arte no es punzante, no duele, se queda en algo superficial"

18 min

David Castillo (Fuenlabrada, 1992) no está para panfletos políticos. No en el teatro, prefiere que la ficción le ayude a contar historias que le generen dudas, en lugares en los que no estaría nunca. Eso es lo que le interesa. 

En esta aventura de exploración actoral y de plantearse preguntas y compartirlas con el espectador, el actor se suma a la nueva aventura teatral propuesta por José Padilla, RUN [Jamás caer vivos], que se presenta en los Teatros del Canal de Madrid hasta el 31 de julio.

Interrogantes históricos

La obra parte de la Grecia clásica, pasa por Japón y atraviesa hasta la actualidad, hasta el punto de que los actores llevan a escena rostros conocidos por el público. ¿Tanto hemos cambiado desde la Antigüedad o es toda una ilusión? ¿Hasta qué punto el dinero puede impregnarlo todo y durante cuántos siglos?

Estas y muchas otras cuestiones son las que plantea un montaje que se ofrece en formato comedia o showtime de la NBA, como afirma Castillo. Crónica Global conversa con el actor para descifrar algunos de los puntos claves de la obra y de su carrera. 

--Pregunta: ¿De qué va 'RUN'? Porque la sinopsis parece bastante críptica

--Respuesta: Son varias historias divididas en cuatro cuartos, como un partido de baloncesto. Todo arranca con unas protestas que hubo en Hong-Kong por una propuesta de ley para poder extraditar a Taiwán un supuesto asesino por un crimen de violencia machista, ya que el crimen fue allí. Las revueltas afectaron a un equipo de la NBA que jugaba en Hong-Kong y todo transcurre con ese partido de fondo, pero se mezclan historias y la obra se divide en cuatro cuartos. El partido vertebra la función. Ahora, ¿de qué va? Es una crítica al funcionamiento de este mundo, de cómo el deporte afecta a nivel mundial, de cómo todo se resume en dinero, de la violencia machista, de la opresión de las mujeres en todo el mundo... Son muchas historias que llevarán al espectador a que se haga preguntas, porque nos creemos que nos regimos por ciertas normas que van cambiando mucho y no cambian tanto. De hecho, esto surge porque José Padilla quiere contar una historia de Jenofonte.

--Y con esta trama tan aparentemente compleja y ordenada a la vez, en la que además hace varios personajes, ¿qué es lo que más le atrajo a usted?.

--Todos hacemos de todo, sí. Primero, me llamó Padilla hace un año y me contó la idea de la Anábasis de Jenofonte, me la leí y me pareció superinteresante, sobre todo la historia de los guerreros que se quedaron en sitio sin haber cobrado un dinero y cómo tenía cierto paralelismo con esto que pasó a los jugadores de la NBA que se quedaron encerrados en su hotel en China sin saber qué les iba a pasar. Lo que me atrajo es cómo una idea que pasó hace más de 2.000 años sigue pasando en la actualidad, porque además Padilla ha añadido cosas muy actuales. Muchas veces creemos que hay cosas que ya no pasan y suceden desde hace miles de años: todo lo rige el dinero y la política, todo se resume en eso. Tampoco quiero tirar mucho de la manta para no hacer spoilers. Hay historias que durante el tiempo que se haga la función pueden actualizarse en función de las noticias. Pero es muy divertido y muy macarra.

--¿Macarra en qué sentido?

--Bueno, me lo parece porque se salta muchos códigos o licencias. Se traen personajes de la realidad al momento. Es efectista y cinematográfica en el buen sentido. Tiene mucho showtime, propio de la NBA, de espectáculo, de pasarlo bien, de impresionarte, de cheerleader...

El actor David Castillo / JAVIER NAVAL
El actor David Castillo

--¿O sea, que la gente sale tocada y con ánimos de cambiar cosas con esa adrenalina?

--Eso depende de cada uno y eso es lo que me gusta de esta función. Yo para reafirmarme en mis ideas o convencerme me leo un panfleto político del partido que vaya a votar y ya. La obra deja la información y el espectador se hace las preguntas, sin adoctrinamiento. Uno puede pensar: me han contado esto ¿qué hago al respecto? --pregunta que yo también me hago-- o no. Esto es muy personal, el qué puede hacer cada uno a nivel individual. La obra sólo te informa y, a veces, parece que el deporte todo es muy lúdico y naif y a veces, debajo, hay mucha bazofia.

--Y en toda esta marabunta, traen personajes a la actualidad. ¿Políticos, empresarios, famosos...?

--Un poco de todo, hay caricaturas, crítica para explicar la otra parte de este personaje.

--¿No temen que alguien se ofenda?

--No. No nos deberíamos ofender tanto por todo. Tanto la televisión, el cine, el teatro y las artes en general tienen que ser punzantes. Si no duele se queda en algo muy superficial. De hecho, a mí me gustaría que alguien se ofendiese, que le pasen cosas

--¿Podríamos decir que le gusta más el arte que ofende y no el adoctrinador y/o complaciente?

--Sí, mucho más. Lo hablo mucho con Paquito Becerra, a mí los textos que te ofrecen las dos caras de la moneda y que incluso te hacen sentir identificado con algo en lo que no deberías estar. Eso me remueve más, porque me siento identificado con la parte "mala" de la relación. Para mí eso es lo más duro como espectador, porque aunque no lo compartas ni llegarías a esos límites has podido rozar a ese personaje que podría ser mi amigo, padre o pareja. Textos o películas de adoctrinamiento, me aburren. No me gusta nada que me digan lo que tengo que hacer, como para que me digan lo que tengo que pensar o aplaudirme porque hago muy bien lo que pienso. Somos todos muy diferentes y el respeto va de escuchar las otras cosas.

--De hecho, poco a poco salen más este tipo de obras menos adoctrinantes.

--No lo sé, pero creo que cada vez hay más fórmulas para hacer pensar al espectador y hacerle jugar y llevarlo por un camino para ver que luego es otro. Lo hacen mucho los americanos, mira Breaking Bad, por ejemplo. No sabías si adorabas mucho a uno u a otro en función de las temporadas. A mí lo que me gusta es que no sabes dónde posicionarte y creo que tiene mucho más que ver con la vida. La vida no es creer que esto es verdad y ya. No, dudas si le dices algo o no y todo es más un dilema. Todo lo que nos acerca a la vida, a la mente humana, al dilema nos hace estar más vivos. No sé si hacen más cosas así pero creo que vamos por ese camino.

--Hablando de qué le gusta y qué no, como que le intenten hacer ir por un camino. Usted empezó muy joven en la actuación. Todo el mundo lo conoce por el Jonathan de 'Aida' y cuando acabó desapareció de la televisión y se fue al teatro. Pero en esos inicios, ¿hubo mucha gente que intentó enderezarlo o decirle por dónde tenía que enfocar su carrera? ¿O tuvo que detenerse para recapacitar y decir es más por el teatro?

--En Aída estuve rodeado de actores muy teatreros, como Pepe Viyuela y Carmen Machi. Ellos han sido un referente para mí. Además, mi padre desde pequeño me llevaba mucho al teatro. No sé, igual siempre hubo algo dentro de mí que sentía que el teatro era algo que debía hacer. Además se dice que para ser un buen actor hay que hacer teatro. Yo cogí eso y pensé que quería hacerlo. Siempre lo tuvo claro. Luego, Pepe, que ha sido siempre para mí un referente y casi un dios en la tierra, siempre hizo teatro. Y sí, cuando acabó Aída dije que no quería hacer televisión por cinco años y lo cumplí, pero fue por una decisión mía personal también. Fue más por decisión propia, lo necesitaba. Y por descanso. A nivel personal me habían pasado muchas cosas y me lo podía permitir y lo hice. Y con el teatro siempre he tenido mucha suerte, ya con 18 años estaba en el Centro Dramático Nacional (CDN), con un grupo de mi edad hicimos un grupo de teatro y que trabajan como animales.

--Bueno, pero también se ha formado y lo ha trabajado.

--¡Sí, claro! A los 14 me apunté a Coraza Jóvenes, luego estuve con Lorena Bayona no sé cuantos años. Yo siempre le digo que ella es la más maestra que he tenido porque nunca me casó con nadie, me canso rápido de todo y con ella estuve cuatro años. E hice cursos con todo el mundo, leí mucho, que además me ha aportado un montón de cosas. Soy un culo inquieto. Lo último a lo que me he apuntado es a clases de literatura.

--¿Para escribir novela, conocer nuevos autores...?

--Para todo. Desde corregir algunas cosas que escribo sin ninguna pretensión y que si algún día salen, guay. Porque siempre escribo poemas pero no sé cuándo los voy a sacar, porque ahora también hay crisis del papel. ¡Yo ya no sé de qué más hay crisis! Pero bueno, también para analizar libros. Son deberes para seguir conectado con cosas que me gustan. Pero sí, respecto al teatro, me ha nutrido mucho y lo que queda...

Escena de 'RUN [Jamás caer vivos]' / JAVIER NAVAL
Escena de 'RUN [Jamás caer vivos]' JAVIER NAVAL

--Ahora vamos a lo que le queda. Pero habla de que escribe poesía, ¿es algo que le gusta más?

--No, siempre he leído más novela y estoy mucho con ella ahora. Pero siempre he escrito poesía casi por inercia, aunque me parece una de las cosas más complicadas y no voy a hablar de mi libro. Empiezo a escribir más cosas pero lo hago por inquietud mía y porque me gusta. Lo hago por inercia, lo hago para mí, voy a hacer 30 y estoy relajadisimo.

--Entonces, ya no es sólo el teatro, sino también la poesía. ¿Qué le impulsó al mundo artístico? ¿Qué hizo que le picara la curiosidad?

--En mi familia hay un mito: cuando yo tenía pocas semanas mi abuelo pidió a mi madre que si me podía cortar las uñas, pero se fue detrás de una puerta a hacerlo, y cuando le preguntaron por qué hacía eso él dijo: "porque va a ser artista". Fue una predicción. Pero todo vino solo y bastante de chiripa. Vi que una amiga de mis padres hizo un anuncio, yo quise, mi padre no, mi madre sí. Lo hice. Y mira que hay niños que hacen anuncios y luego nada. Pero en la infancia, preadolescencia, juventud y edad adulta he pasado por muchos estados respecto al trabajo: he estado hasta los huevos, enamorado, que me quería ir, a ratos me salvaba... Igual que le pasa a un adolescente en su vida. Ahora sé que es lo que a mí me da la vida: mi trabajo y mi pasión.

--Bueno y decía que aún le queda en esta profesión. ¿Qué se viene?

--He rodado una cosa para Disney con Aitana y Miguel Bernardeu de protas que se estrenará por Navidad, supongo. Y después tengo otra cosa que no puedo contar aún.

Escena de 'RUN [Jamás caer vivos]' / JAVIER NAVAL
Escena de 'RUN [Jamás caer vivos]' / JAVIER NAVAL

--¿La tele la tiene más apartada o ya se ha reconciliado con ella?

--Ya estoy reconciliado. Fue más bien que yo sabía que si terminaba Aída y empezaba a hacer tele, sabía que no iba a tener tiempo para dedicarme un poco a mí, a resetearme. Quería dejar pasar cinco años para romper un poco esa imagen y empezar desde otro sitio, más adulto, madurar, descansar. Fue por mí como David, como David actor, como David amigo.

--Bueno, es que la serie fue muy impactante para todos los que participaron.

--Sí, porque al final fueron diez años y fue como crecer en un sitio que se convirtió casi en mi casa. Y a mí no me gusta dar el siguiente paso sin saber dónde voy a ir o qué quiero hacer. Luego, en el día a día me lleva la inercia.

--Pero lo que más le gusta y de lo que habla con más pasión es el teatro.

--Es que a mí me encanta la gente. Y hacer piña con el equipo, el trabajo con los compañeros... estoy muy en el día a día y en el teatro se ve eso inmediatamente. Me gusta y me encanta actuar con gente delante. Me crié haciendo una sitcom y había un día que venía gente y era mi día favorito, miraba si se reían, si había alguien guapo, la señora que se reía mucho... Estar con la gente me da la vida, me carga de energía, me da mucho power.

--¿Y carrera internacional se la plantea?

--Nunca me lo he planteado. Ahora sí que con lo de las plataformas pienso: igual si te vas a grabar una serie a Chile, por ejemplo, sería maravilloso. Pero no es algo que me llamara la atención. Y mira que tengo amigos en Los Angeles y los voy a visitar, pero me parece horroroso todo eso. O Londres, que sí voy y me encanta el teatro, pero luego veo la lluvia y... Sí que creo que en Buenos Aires me encantaría trabajar en teatro o hacer una peli y vivir allí sería una maravilla. Pero vivo el día a día y si tiene que venir, vendrá.