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Ana Guerra / EP

Ana Guerra se defiende de las acusaciones de su vecino: “Estudio mucho”

La canaria recibió quejas en su comunidad por cantar y tocar el piano a altas horas de la madrugada

3 min

Ana Guerra vuelve a ser noticia. Y no porque haya sacado nueva música. La cantante ha sido el objeto de denuncia de uno de sus vecinos, Jalal Maher: “La escucho cantar todos los días y no puedo más”. Por eso, quiere que “gane mucho dinero, llegue al número uno y pueda comprarse un chalet donde pueda cantar a todas horas”.

Ante el revuelo que ha formado este inquilino de su bloque de pisos, Ana Guerra ha querido aclarar la polémica y zanjar el asunto. “La comunidad no se queja, se queja un vecino nada más”, ha querido aclarar.

Vecina ruidosa

Con todo, esta no es la primera vez que la acusan diferentes habitantes, ya que una vez se puso a ensayar a altas horas de la noche: “Es verdad que se me fue la olla y toqué hasta las tres, solo fue una vez”. Sin embargo, ya se disculpó en su día por esos hechos: “Subí a redes una nota pidiéndole disculpas y ya no ha vuelto a pasar”.

Es que estudio mucho”, ha sido la explicación que ha dado Ana Guerra a por qué se queda hasta tarde cantando y practicando sus temas. “Nuestros edificios son de pladur, no puedo hacer mucho más, porque insonorizar la casa cuesta una pasta y yo pago alquileralquiler”, le ha replicado.

El vecino, desconforme

Con todo asegura que ella siempre cierra las ventanas y que tiene “una doble alfombra debajo del piano” para que no suene tanto el instrumento. Algo que resulta insuficiente para su vecino. “En los vídeos que grabé se escucha perfectamente que no tenía la ventana cerrada. Además, anda con tacones por la casa a las tres de la mañana”, ha denunciado Jalal.

Por eso, el joven, que es mediador de profesión, ha ideado una lista de soluciones para que la convivencia sea mejor entre ellos: “Primero, tenemos que quedar para hablar las cosas. Después, no puede hacer ruido más tarde de las 12”. Unas peticiones que Ana Guerra conocerá cuando vuelva de Canarias; de mientras, su vecino podrá disfrutar de una “siesta sin ruido”.