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Centro de datos del Proyecto Natick / MICROSOFT

¿El futuro pasa por sumergir nuestros datos en el mar?

El Proyecto Natick ha demostrado la gran eficiencia de una cápsula llena de servidores sumergida en el lecho marino

Carlos Losada
6 min

Construir centros de datos y sumergirlos en el fondo del mar podría ser la solución para lograr un mayor rendimiento al tiempo que se protege el medio ambiente, ya que resultan mucho menos contaminantes y más sostenibles que los que se construyen en tierra firme.

Este es un resumen de las conclusiones a las que ha llegado la multinacional Microsoft con su Proyecto Natick, consistente en desplegar el Centro de Datos Northern Isles a 36 metros de profundidad en el lecho oceánico, para probar y supervisar durante dos años su funcionamiento en estas condiciones tan diferentes.

Proyecto Natick

Todo comenzó en la primavera del pasado 2018. Los 864 servidores se alojaron en una cápsula estanca cuya atmósfera se rellenó de nitrógeno para conservarlos mejor. El lugar elegido para aposentarla en el lecho marino fue el Mar del Norte, frente a las Islas Orcadas escocesas. La razón no era otra que la frialdad de sus aguas, puesto que ayudaban a la refrigeración, haciéndola mucho más efectiva y mejorando así el gasto energético.

Durante los dos años siguientes, los responsables del Proyecto Nastick querían comprobar su hipótesis de que un contenedor sellado situado en el fondo del océano representa un entorno operativo más estable y fiable que en una instalación convencional en tierra. Y es que en esa cápsula los servidores no sufrirían la corrosión que provocan agentes como el oxígeno, la humedad, las fluctuaciones térmicas y los daños involuntarios que se originan en las tareas de mantenimientos.

Mayor efectividad

Más allá de que la cápsula apareciera cubierta por una capa de algas, percebes y anémonas, los resultados han sido satisfactorios. Y es que tras la profunda limpieza llevada a cabo, se pudo comprobar que los servidores en el centro de datos submarino resultan ocho veces más fiables que los instalados en tierra.

Antes de estudiar a fondo los datos que les lleven a repetir este tipo de instalaciones, el equipo del proyecto cree que la atmósfera de nitrógeno --menos corrosiva que el oxígeno-- y la ausencia de intervenciones de mantenimiento han sido las principales razones de esa diferencia.

Cápsula del Proyecto Natick / MICROSOFT
Cápsula del Proyecto Natick / MICROSOFT

Una opción sostenible

Además de las mejoras a nivel de rendimiento, la instalación de estos centros de datos submarinos podrían proporcionar beneficios a nivel medioambiental. Cabe señalar que las estimaciones actuales apuntan que Internet genera entre un 3% y un 4% de las emisiones de dióxido de carbono en el planeta y esto es debido al enorme consumo energético que requieren los centros de datos de todo el mundo. A esta cifra hay que unir la que apunta Greenpeace: el tráfico online consume el 7% de la electricidad de la Tierra.

Y claro está, si las fuentes eléctricas no son sostenibles, la contaminación resultante es muy elevada. Por eso en el Proyecto Nastick tienen muy en cuenta que más de la mitad de la población mundial vive a menos de 190 kilómetros de la costa, de modo que si se instalan data centers bajo el agua cerca de las ciudades costeras, las distancias se acortarían, lo que a su vez reduciría la latencia y proporcionaría una mayor calidad de servicio.

Eficiencia energética

Aparte de esa cercanía, si los centros de datos tienen una mayor eficiencia energética gracias a que aminoran las necesidades de energía que requieren para su refrigeración, el consumo será menor y, como consecuencia, también lo será la contaminación. Los responsables de este proyecto piloto aseguran que hay otros beneficios relacionados con la sostenibilidad, como es el caso de la eliminación de las piezas de repuesto.

“En un centro de datos con las luces apagadas, todos los servidores podrían ser intercambiados una vez cada cinco años. La alta fiabilidad de los servidores significa que los pocos que fallen y no se puedan utilizar, sólo tengan que ser desconectados”, explican en el comunicado oficial, donde también aseguran que no es necesario consumir recursos valiosos como es el agua dulce.

Contaminación creciente

Esta iniciativa supone un importante paso adelante para frenar la creciente emisión de CO2 a la atmósfera por parte de los centros de datos, algo que resulta obvio dado el ingente incremento de dispositivos conectados a la red. Y es que, las acciones cotidianas de cualquier usuario contaminan más de lo que cualquiera pudiera pensar.

Según la Agencia Francesa del Medio Ambiente, el envío de un correo electrónico que incluya 1 MB de información contamina con 18 gramos de dióxido de carbono. Así que si se tienen en cuenta todos los correos que se mandan a nivel global, los gramos de CO2 llegan a los 293.000 millones. Por supuesto, esto no quiere decir que incluso así se contamine menos que enviando una carta manuscrita, pero sí que se debe trabajar en que esas cifras no sigan disparándose.