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Niños aprendiendo a esquiar sobre nieve / Maxwell Ingham en UNSPLASH

Las mejores recomendaciones para enseñar a esquiar a los niños

La paciencia de los padres es clave para que el niño desde el principio no sienta presión y disfrute de la actividad

Victoria Herrero
7 min

Un plan de lo más divertido para el fin de semana; pasar el día en la nieve con los más pequeños de la casa. Una oportunidad no solo para respirar aire puro y estar en contacto con la naturaleza, sino que esta ocasión puede ser un buen momento para que los niños de la familia aprendan un deporte como es el esquí. Pero, hasta que llegue ese momento y puedan desenvolverse solos con total soltura, nada como unos sencillos y prácticos consejos cuando se trata de deslizarse ladera abajo con ellos.

Recomendaciones que deben ir de la mano, como no podía ser de otra manera cuando se trata de los más pequeños, de buenas dosis de paciencia. Eso sí, la idea no es hacer de ellos unos profesionales de los deportes de invierno, que siempre se puede dar algún caso, sino que se diviertan en la nieve. 

Monitor o clases de aprendizaje

Una buena idea para que los niños aprendan a esquiar, o al menos a perderle el miedo a este deporte, es contratar un monitor para que les enseñe o bien inscribirles en las clases de iniciación que hay en cualquier estación invernal. Así, desde los 3 o 4 años es un buen momento para que se tomen en serio ese aprendizaje junto con otros compañeros de pista de su misma estatura. Unas clases en las que se divertirán con la nieve, al tiempo que aprender cuestiones sobre cómo colocar el cuerpo, cómo perder el miedo a esas bajadas o cómo frenar sin llegar a caer al suelo. 

En este caso, los precios varían en función de la escuela, de si se prefiere un monitor particular para ese menor o si los padres se decantan por las clases con más niños que suelen rondar los 10 euros por hora de formación. Pero, más importante que el coste, es que estos alumnos menudos lleven una ropa adecuada: ropa de vivos colores para que se les vea bien, ir abrigados por capas o llevar guantes de dedo en lugar de manoplas para agarrar bien los bastones son buenas recomedaciones en este sentido. 

Paciencia y precaución

Si la idea es que el pequeño aprenda con el resto de la familia, es importante armarse de paciencia y tener muy claro que no va a aprender a esquiar de la noche a la mañana. En este caso y ya que se trata de una persona que no es un profesional de este deporte, en la mayoría de los casos, es importante guardar en todo momento la seguridad tanto por la integridad de ese niño como del resto de esquiadores que comparten la pista. Por eso, lo mejor es enseñarle, siempre muy cerca del adulto, en una zona algo más apartada y donde no haya peligro de choque. 

Así, los primeros pasos del menor encima de los esquís serán para ir perdiendo el miedo a deslizarse, dejando para otro momento el ir a pistas algo más complicadas e incluso subirse a un telesilla. Y es que, aunque pueda parecer algo divertido para los niños, lo cierto es que no es tan sencillo que estos aprendan de primeras a subirse y bajarse con seguridad del remonte. 

Bien vestidos

Al igual que cualquier adulto, los niños deben llevar el equipo adecuado para la práctica de este deporte. Así pues, tanto si la ropa es alquilada como prestada de hermanos mayores es importante que cumpla su función y que le aísle del frío, el viento y la humedad, además de que le sirva para retener el calor corporal y permita la transpiración. En este sentido, es esencial que esas prendas sean de su talla y le resulten cómodas de llevar para que no se agobie mientras está aprendiendo. 

Y un consejo práctico cuando se trata de los más pequeños de la casa: es útil llevar al menos dos pares de guantes ya que o bien uno de ellos se pierde o bien el niño se lo quitará para tocar la nieve con lo cual al final acabarán mojados y llenos de humedad. Asimismo, es aconsejable que lleven una braga para proteger su garganta del frío, además de un buen casco por seguridad. Y una última advertencia: nadie de la familia saldrá a la pista sin antes echarse un buen protector solar en cara y labios.

Divertirse, una prioridad

Como ya se ha mencionado no se trata tanto de hacer unos campeones del esquí como de que los niños se lo pasen bien. Por eso, cuando se cansen y prefieran quitarse las botas para esquiar o bien se den cuenta de que esto no es lo suyo, nada como tirarse unas bolas de nieve o hacer el famoso "angelito" sobre esta. Además, en la mayoría de las grandes estaciones hay espacios diseñados especialmente para que el público infantil se entretenga. 

Niños tirándose bolas de nieve tras esquiar / Stefan Pasch en UNSPLASH
Niños tirándose bolas de nieve tras esquiar / Stefan Pasch en UNSPLASH

Y un último consejo, a los niños nunca les falta la vitalidad, pero si se quiere dar un extra de energía nada como hacerlo en forma de pequeño tentempié como barritas de chocolate, galletas, frutos secos o fruta. Alimentos que además es conveniente que se acompañen de una buena hidratación para que el día sea redondo.