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Raúl atiende a dos chicas que acudieron a comerse un ‘pollofre’ a La Pollería / LUIS M. GARCÍA

Comerse un ‘pollofre’ en Chueca trae cola

Son "mitad polla y mitad gofre" y están arrasando en Madrid, sobre todo entre el público femenino más goloso

5 min

Un establecimiento del barrio de Chueca está revolucionando Madrid por el producto que vende: el pollofre, "mitad polla y mitad gofre". El local abre únicamente desde las cuatro de la tarde hasta las doce de la noche, pero nunca deja de haber largas colas ante la puerta, también desde mucho antes de que levante el cierre. Los pollofres se han puesto de moda en la capital y La Pollería, que es el nombre del comercio que los dispensa, no da abasto. Normal, porque son unos 500 gofres con forma de pene los que venden cada día.

La idea se le ocurrió a un tinerfeño de 24 años llamado Pedro Bauerbaum y el negocio hasta ahora supera las expectativas iniciales. Pedro ya tenía una heladería en el barrio contiguo de Malasaña, pero un día cayó en sus manos un catálogo de gofreras y allí había una cuyos moldes con forma de pene. No lo dudó: se hizo con una y comenzó la aventura.

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Dos 'pollofres' de La Pollería / L. M. G.

Ocho 'pollofres' cada seis minutos

El negocio no conlleva una inversión elevada: el local, los ingredientes del producto, el sueldo de los empleados y el gran secreto: ese molde con forma de pene para ocho pollofres, que están listos cada seis o siete minutos. Ese es otro de los secretos del éxito, que un gofre se hace rápido y luego solo hay que añadirle el sabor preferido: chocolate negro, chocolate blanco, Nutella, Petit Suisse y Kinder.

La Pollería abrió sus puertas el pasado diciembre y desde entonces no ha parado de dispensar pollofres a mansalva. Tras inaugurar en la calle Barbieri, 23, se trasladaron a Gravina, 3, a unos metros de la plaza de Chueca, el corazón del barrio gay de Madrid, y allí se forman ahora las colas.

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Así es la gofrera donde se elaboran los 'pollofres' de ocho en ocho / L. M. G.

Público femenino

Podría pensarse que, precisamente por el barrio donde se ubica, la clientela de La Pollería estuviera compuesta mayoritariamente por un público de hombres homosexuales, pero no: a comer pollofres acuden mayoritariamente mujeres, sobre todo chicas veinteañeras.

Además, comprar un gofre fálico no se limita a pedirlo y a esperar a que salga una nueva hornada. De los dos dependientes, Laura apenas habla, pero Raúl lo vive con intensidad y a la hora de atender al público pregunta burradas como "¿hasta dónde te meto la polla?" a la hora de bañarla en chocolate; "¿te van las pollas negras?" o "¿es la primera polla que te comes hoy?".

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Una fila de personas, todas mujeres, espera a que abra La Pollería / L. M. G.

"Esto no podíamos perdérnoslo"

Raúl asegura que ha cumplido un sueño trabajando en ese local, porque dispensa un producto que "tiene las dos cosas que más me gustan: los gofres y las pollas".

La capacidad de atracción del local es prodigiosa, como comprobamos por algunas de las personas que esperan a ser atendidas. Es el caso de Armando y Delia, dos mexicanos del Distrito Federal que estaban en París de vacaciones, se enteraron de este local en Madrid, y hasta allí que fueron: "Estábamos recorriendo Europa y ya volvemos a México, pero esto no podíamos perdérnoslo, porque en nuestro país no hay nada igual ni lo habrá". Armando matiza que "la polla se la va a comer ella, yo no".

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Laura atiende a la numerosa clientela de La Pollería / L. M. G.

Con los 'coñofres' en mente

Los gofres con forma de pene tienen un precio de 3,8 euros sin añadidos y, "si quieres que chorreé", otros 50 céntimos por cada topping adicional.

Estos gofres tan peculiares se han convertido en un nuevo aliciente para visitar el barrio madrileño de Chueca. Están arrasando y ante tal éxito, en La Pollería no descartan volver a innovar pronto con la llegada de los coñofres. Aunque esta es una idea que aún están madurando.