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Lluís Homar es hombre de teatro. Lo va a contar este año en el Teatre Lliure. Por eso, cuando se deja ver en el cine, es noticia.

El catalán vuelve a la pantalla grande gracias a Lucía Aleñar Iglesias, una cineasta que da el salto al largometraje por primera vez con Forastera.

La película es una extensión de su cortometraje homónimo, en el que mira de frente a la muerte y cómo hacerle frente. Los protagonistas son un abuelo, que pierde a su mujer, y su nieta, que trata de reconfortarlo como puede.

Lo que puede ser un drama al uso adquiere toques fantásticos cuando, en la casa, una luz titila y la pequeña empieza a vestirse como su abuela. La relación con el abuelo se complejiza, y con su madre también. Crónica Global conversa con Lluís Homar para hablar del proyecto.

—Vemos que vuelve al cine. ¿Tenía ganas?

—Sí, muchas ganas. Yo soy hombre de teatro, he hecho teatro toda mi vida, desde que tenía seis años, pero también he hecho cine. Sí es verdad que hacía casi siete años que no hacía nada, porque, afortunadamente para mí, también he tenido ocasión de hacer bastantes cosas, tanto teatro como cine y series. Pero cuando se rodó esta película, en 2024, hacía siete años que no hacía cine. Se estrena ahora. ¿Y qué mejor manera de volver al cine que con un guion así, con un personaje así, con una directora así y con unos compañeros así?

—Directora novel, por cierto.

—A mí me gusta. Como creo que dijo José Coronado, una de las ventajas que tiene rodar con directores noveles es que vienen con los deberes hechos. O sea, llevan tanto tiempo preparando el proyecto, queriendo que vaya bien, que vienen con todo muy claro. Además, siempre es reconfortante, te realimenta, te hace vivir tu profesión desde un lugar nuevo. Yo he hecho unas cuantas óperas primas y tengo muy buenos recuerdos.

Lluís Homar Òscar Gil Coy Barcelona

—¿No van con respeto frente a usted?

—Sí, pero les dura muy poco. Yo me pongo a disposición del proyecto. Siempre cuestiono muchas cosas a nivel de guion, por ejemplo, pero siempre es a favor de la obra y ellos lo notan de inmediato.

—Aquí su personaje es bastante duro y requiere mucha técnica, porque apenas habla.

—Sobre todo tras la muerte de su esposa, se vuelve un poco rabioso. Y eso es cosa de Lucía, la directora, de las conversaciones que tuvimos con ella. Todos los gestos responden a una situación, incluso cuando hay momentos en los que se pone más severo.

Lluís Homar Òscar Gil Coy Barcelona

—Pero pasa, además, que la relación con la nieta, en un momento, se vuelve algo compleja. Ella se viste como la abuela, su personaje la trata mejor… Se acerca a lo oscuro.

—Sí, pero ahí está de nuevo el trabajo de Lucía. Ella, que se había encontrado con mucha gente para hacer el guion, lo tenía claro. Pero eso es lo interesante: hay que atravesar ese prejuicio sobre estos personajes y no pensar que solo puede ir en una dirección, porque, si no, nos estamos perdiendo unos universos de conexión posibles. Pero para eso hay que creer. Y eso es lo que yo creo que es hermoso.

—Y, hablando de creer, la película también tiene casi un acercamiento a lo paranormal. ¿Fue un motivo añadido para sumarse al proyecto, porque usted está cercano a lo espiritual?

—Sí, yo parto de la base de que la vida es inmortal. Es decir, la existencia no es solo estar vivo aquí y ahora, sino que tiene más dimensiones, y me gusta que la película hable de eso. Me parece que fue The New York Times el que, en una crítica de la película, decía que era una deliciosa película de fantasmas.

Lluís Homar Òscar Gil Coy Barcelona

—Y lo parece. De hecho, aborda la muerte de frente, un tema que poco a poco empieza a ponerse sobre la mesa, pero al que el cine no parece prestarle mucha atención.

—Este es uno de los grandes temas, y cuanto más se aborde el tema de la muerte, mejor, porque, a medida que pasan los años, peor lo llevamos. Antes, por ejemplo, la muerte se sentía mucho más próxima. Los hijos morían pronto, sin ir más lejos, y había muchas más enfermedades mortales.

Ahora se ha llegado a un punto en el que parece que incluso controlamos la muerte y estamos menos preparados que nunca para afrontarla. Por eso creo que deberíamos hacer muchas películas sobre la muerte, porque es uno de los aprendizajes esenciales de los cuales ahora estamos más alejados. Porque vamos a la Luna, desplegamos la IA, pero nada nos acerca a aceptar que la gracia de la vida está en que no la podemos agarrar. Durará lo que durará y no está en nuestras manos. Eso nos ha de llevar a vivir de una determinada manera, que no es vivir como si la muerte no existiera.

Entrevista a Lluís Homar Òscar Gil Coy Barcelona

—Y a los vivos se nos debería enseñar a gestionar la pérdida, ¿no? Aquí vemos tres maneras de afrontar la muerte. Su personaje se retrae, la hija prefiere resolver problemas y hacer como si nada, y solo la nieta parece encargarse de la situación.

—Bueno, es que Lucía coge a este personaje de la nieta porque es una adolescente que aún está buscando su identidad y este espacio de indefinición y de búsqueda es muy rico, porque hay un deseo de conocer. Por eso también ella es la que abre las ventanas a otra dimensión, a otra manera de enfrentarse a las cosas.

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