Es viernes, se acerca el fin de semana y parece que las buenas películas han abandonado el Lido.
Ninguna de las cintas presentadas hasta ahora en el 83a edición del Festival de Venecia ha sido extraordinaria. Sí mediáticas, sí taquilleras, sí oscarizables, pero nada realmente destacable.
La jornada ha continuado con la tónica de cine comercial con la que arrancó el certamen. Esta vez, un poco menos hollywoodense, pero sin alejarse demasiado.
A eso se suma lo peor: la calidad de las cintas. Ninguna ha sido malísima, pero todas han transitado por lugares comunes y agendas diversas. Las dos películas de la sección oficial han servido cine social francés y una nueva obra de tintes filosóficos de Paul Schrader.
Cine social francés
La primera es 15/18. A Place to Heal, la nueva cinta de Cédric Kahn. Rodada en un auténtico centro de salud mental para menores, el cineasta francés muestra a adolescentes que se autolesionan, que padecen trastornos mentales, esquizofrenia o intentos de suicidio. Todo ello retratado como al cine francés le gusta: con escenas destinadas a golpear y emocionar al espectador con facilidad.
No faltan los gritos, las peleas entre internos, los enamoramientos y las broncas entre adolescentes, los intentos de fuga, las despedidas, los bailes, las fiestas y la música emotiva. Una sucesión de lugares comunes que agrada más para una tarde de fin de semana que al amante del séptimo arte.
Y de una cinta que parece limitarse a mostrar la realidad pasamos a Paul Schrader, un cineasta que hace un cine correcto, retratando las miserias del ser humano y cubriéndolas, desde hace unos años, con un barniz filosófico. Esta vez, incluso desde el propio título.
The Basics of Philosophy no es más que la historia de un profesor universitario que trata de escribir un libro, mantener una relación más distante que amorosa con una profesora de Psicología e impartir clases de filosofía. Pero, claro, que dé lecciones sobre la ética de Spinoza no lo convierte en mejor persona. El maestro —esta vez real, no jardinero— parece esconder un pasado muy turbio que oculta a todos y, cuando este sale a la luz, no aplica las enseñanzas de su admirado Spinoza.
Lecciones filosóficas que visten
El espectador puede imaginar pronto lo que sucede. Las referencias filosóficas no son más que el disfraz que el guionista de Taxi Driver pone a otra película sobre seres altamente reprobables que aparentaban ser buenos.
A Schrader le sirve para creer que hace cine para intelectuales, pero eso solo aleja de entrada al espectador medio y, después, a quienes se interesan por la filosofía al comprobar que solo la utiliza como un mero pretexto.
Father Neo
Por suerte, las secciones paralelas de festivales como este permiten escapar de algunas de estas propuestas. Aunque no siempre.
Father Joe también tiene un momento en el que una yonqui de 16 años justifica su adicción porque el mundo se viene abajo por el calentamiento global y la desaparición de especies animales. Pero, antes y después de eso, Barthélémy Grossmann en la dirección y Luc Besson en la producción se lo pasan en grande mostrando las hazañas de un cura vengador contra los narcos.
La película es un puro divertimento que apenas se toma en serio a sí mismo. Hablamos de un sacerdote que, bajo los hábitos, esconde todo un arsenal de armas, al más puro estilo Neo y su gabardina en Matrix, y reparte justicia divina a su manera. No pasará a la historia, pero, sin duda, la idea resulta más original.
Mañana será el turno de Primetime, la esperada cinta de Lance Oppenheim con Robert Pattinson como protagonista. ¿Gustará?
