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Los satélites, uno de los negocios de Eurona / EP

Socios de Eurona ultiman una querella contra los directivos que la llevaron a concurso

Numerosos minoritarios acusan a los administradores de haber vaciado la matriz en favor de una filial con negocios rentables pero cuyo control han cedido a fondos acreedores

9 min

El concurso de acreedores presentado por la compañía de telecomunicaciones Eurona, cotizada en el Mercado Alternativo Bursátil (MAB), puede salirle caro a sus administradores. Un numeroso grupo de accionistas minoriatrios prepara una querella contra la cúpula de la empresa, a la que acusan de haberla vaciado en los últimos dos años hasta el punto de llevarla a la quiebra. La denunciad incluirá, entre otras, las acusaciones de administración desleal, alzamiento de bienes y, probablemente, estafa.

Los socios se han visto perjudicados por un proceso concursal, presentado a finales del pasado mes de abril, en pleno estado de alarma, que amenaza con llevarse por delante los ahorros que habían invertido en la compañía que, en la actualidad, acumula básicamente deudas mientras que sus negocios rentables han sido traspasados a una filial en la que Eurona perdía peso de forma progresiva en favor de fondos buitre que habían proporcionado financiación a Eurona.

Crecimiento y deuda

Pese a que hace dos años, la cotizada tenía el control mayoritario de la filial, cuando se solicitó el concurso apenas contaba con un 7% de su capital, lo que deja a los minoritarios en una situación muy comprometida, por lo que han decidido acudir a la Justicia de la mano del despacho Iuris&Factor, que es el encargado de preparar la querella.

Eurona, que llegó a ser conocida en el mercado como el “Gowex bueno”, en relación a la sociedad que también llegó a cotizar en el MAB y cuya gestión fue confirmada como fraudulenta, creció de forma significativa tras la salida de la anterior crisis a base inversiones y también de adquisiciones de compañías que le llevaron a acumular un elevado endeudamiento.

El papel de Magnetar

Para paliarlo, en el último trimestre 2017 firmó un préstamo con la entidad estadounidense Magnetar Capital por valor de 46,8 millones de euros. El montante aportado por el fondo oportunista, al que Eurona definía en el comunicado al MAB como un “gestor de inversiones alternativas multiestrategia”, serviría para financiar el crecimiento de la compañía, que se había marcado alcanzar una cifra de facturación de 200 millones de euros en el año 2020, con sus esperanzas puestas en desarrollos como la red 5G o el coche conectado.

Por entonces, la compañía también incorporó a su actual presidente, Fernando Ojeda, como consejero delegado y a Belarmino García (que fuera consejero delegado de Amena, antes de ser adquirida por Orange, y de Vocento), en calidad de consejero independiente, aunque más tarde acabaría asumiendo la presidencia. También contaba en su consejo con Richard Alden, antiguo consejero delegado de ONO, con anterioridad a la compra por parte de Vodafone.

Plan estratégico

Sin embargo, los planes empezaron a torcerse pronto. Eurona no era capaz de cumplir determinados compromisos financieros (conocidos en el mercado como ‘covenants’) que había incluido Magnetar en el préstamo, lo que dejaba a la empresa en una situación de riesgo, toda vez que el acreedor podía exigirle en cualquier momento la amortización anticipada del crédito.

A mediados de 2018, la compañía, ya con Belarmino García como presidente, diseñó un plan estratégico a cinco años que incluía un acuerdo con Magnetar y el resto de acreedores para obtener un periodo de gracia hasta los inicios de 2019, de modo que durante ese tiempo se comprometían a no exigir la devolución del préstamo por anticipado. Incluso, el fondo estadounidense concedió a la empresa una línea de liquidez adicional de hasta 20 millones de euros.

Nueva filial

El problema para los accionistas minoritarios se encontraba en la fórmula que encontró Eurona para compensar al acreedor. El nuevo plan de negocio incluía una reestructuración societaria que consistía, principalmente, en la creación de una nueva filial, denominada Global Satellite Technologies (GST), a la que fueron traspasadas las tres líneas de negocio de la compañía que realmente eran rentables: satélites, wifi y telefonía fija sin cable. El negocio de voz se quedaba en la matriz, junto con las abultadas deudas.

Europa controlaría inicialmente esa nueva filial pero Magnetar comenzaría por tomar un 25% de su capital que alcanzaría hasta el 60% en 2019. De esta forma, los negocios rentables de Eurona dejarían de estar en el perímetro de la compañía, que no podría consolidar los resultados de la filial al reducir su participación por debajo del 50%.

Previsiones desviadas

Antes de que esto ocurriera, a finales de 2018 la compañía reconoció ante el mercado que no podría alcanzar los objetivos fijados para el conjunto del año. Eurona no sólo no incrementó su resultado operativo (Ebitda) un 40%, como estaba previsto, sino que cerraría el año con esta capítulo en negativo, con pérdidas cercanas al millón y medio de euros.

A partir de entonces, la empresa comienza a sufrir un reguero de deserciones por parte del equipo de directivo que hacen que Ojeda tenga que tomar prácticamente en solitario las riendas de la compañía. Según se producen los vencimientos de los préstamos, los acreedores van incrementando su peso en GST hasta el punto de que cuando la situación ya es insostenible y Eurona opta por solicitar el concurso de acreedores, tan sólo conserva un 7% de la filial.

Quejas de los socios

Los minoritarios argumentarán en la querella que el objetivo de aquella reestructuración de 2018 era, en realidad, vaciar Eurona y dejar únicamente en ella las deudas. Los socios se quejan de que en las juntas de accionistas recibían información insuficiente sobre estos movimientos y que el consejo de administración dejó sin responder muchas de las preguntas que les trasladaron.

Fuentes del bufete que prepara la querella sostienen que mientras los directivos de Eurona aseguraban que los créditos de Magnetar eran mecanismos para obtener liquidez, se trataban en realidad de una tapadera para que el fondo estadounidense asumiera la mayoría del capital de GST, en la que estaban los negocios rentables.

Sólo un 7% de GST

Dichas fuentes aseguran que el dinero de aquellas inyecciones de liquidez apenas llegaron a la matriz y pudieron ser empleados para alimentar GST o bien para amortizar algunas de las antiguas deudas de Euroona. Pero, en ningún caso, a financiar un crecimiento que nunca se produjo.

Esta situación ha hecho que cuando se ha presentado el concurso, Eurona apenas cuente con activos para asumir el pasivo y compensar, entre otros a sus accionistas minoritarios, propietarios en realidad de una ínfima parte del 7% de GST que mantiene la sociedad. El bufete Iuris&Factor considera que estas actuaciones podrían tener tintes delictivos, que incluso podrían alcanzar el grado de fraude.