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El cónsul francés, Olivier Ramadour, en el Círculo Ecuestre / CE

El empresariado catalán busca en Francia un modelo para las reformas

El cónsul francés Olivier Ramadour destaca la reforma del sistema de pensiones que persigue Macron y señala la productividad de la economía con la semana de 35 horas

6 min

Inquietud y necesidad de referentes. El empresariado catalán aboga por reformas que puedan tener éxito y mira hacia otras latitudes, con la sensación de que en Cataluña todo sigue paralizado. Algunas respuestas las encuentra en Francia. El cónsul francés en Barcelona, Olivier Ramadour, ofreció la experiencia francesa en un acto en el Círculo Ecuestre, con dos mensajes claros: se pueden implementar reformas, como la semana de 35 horas, sin una merma en la competitividad y se debe “buscar una gran reforma en el sistema de pensiones”, una tarea en la que el presidente Macron se encuentra atascado.

El Círculo Ecuestre, que preside el abogado Antonio Delgado, organizó un debate, tras la exposición de Ramadour, con la idea de esclarecer cómo las democracias liberales pueden combatir el auge de las identidades e impulsar un crecimiento económico más inclusivo. Esas dos cuestiones son las que más preocupan en Francia, como ha apuntado su cónsul en Barcelona, con la advertencia de que se ha comenzado “a cuestionar la democracia representativa y no hay una respuesta clara para combatir esa posición, más allá de señalar que es el mejor modelo político del que disponemos”.

Competitividad

Las preguntas de los empresarios giraron en torno a la semana de 35 horas, una apuesta que no se ha seguido en otros países europeos. Ramadour rechazó que aquella apuesta, de la socialista Martine Aubry haya comportado una merma de la competividad. “Francia ha mejorado, está en buenas posiciones en ese campo”, ha asegurado. En los últimos índices de competitividad internacional, Francia aparece en el puesto 17 dentro de una lista de 141 países. El último dato recogido es de 2019, publicado por el Foro Económico Mundial. Y había mejorado dos posiciones respecto a 2018.

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El cónsul francés en Barcelona, Olivier Ramadour, en el Círculo Ecuestre / CG

La otra cuestión es más peliaguda. La reforma del sistema de pensiones se encuentra bloqueado, mientras que en España se han producido algunos avances. Era y es una apuesta rotunda del presidente Macron, que se juega la reelección en las próximas elecciones en las que deberá competir con Marine Le Pen, y, si es elegida como candidata, con la socialista y alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Para Ramadour, Hidalgo tiene pocas posibilidades porque el Partido Socialista está “muy, muy debilitado”, pero todo dependerá de los candidatos que pasan la primera vuelta, con dos claros favoritos en estos momentos: Macron y Le Pen.

¿Integrar a los inmigrantes? 

Los empresarios reunidos en el Círculo Ecuestre han querido saber también cómo Francia se enfrenta a un hecho que para la cultura laica francesa resulta inconcebible y es que muchos adolescentes cuyas familias proceden de la emigración se identifican con los países de origen de sus padres y abuelos y no con Francia. “Con vistas a lo que pueda ocurrir aquí, con la inmigración del Magreb, ¿cómo podemos actuar?”, han manifestado algunos de los presentes. La crítica, además, a Francia, según una de las presentes en el acto, se centra en el hecho de que se ha pasado de querer “la asimilación a la integración, y vuelta a la asimilación, y a la integración, sin resultados”. El cónsul ha admitido que ese es uno de los grandes retos de Francia, y que lo fundamental es apostar por la educación, algo, sin embargo, ya probado durante décadas.

El laicismo de Francia ha sido cuestionado, porque, en la práctica, defendía a una forma concreta de ser francés, con orígenes franceses. El cónsul de Barcelona ha señalado que ese es un talón de Aquiles. “El éxito de la primera generación de inmigrantes estuvo basada en que los franceses estamos muy aferrados a la idea de laicidad, un modelo basado en saber diferenciar el Estado y las cosas públicas de la religión. Desafortunadamente, la tercera generación de inmigrantes no se encuentra en la misma situación y la sociedad francesa no llega a permitir la inserción de todos los individuos. Es un reto ante el que tenemos que encontrar respuesta. Debemos recuperar el ascensor social y ver cómo damos oportunidades a todo el mundo, independientemente de dónde haya nacido. La educación es la respuesta, es la base de todo”.