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Varios trenes AVE en la estación de Atocha (Madrid) / EP

El Covid-19 y el ferrocarril inteligente aceleran el 'sorpasso' del tren al avión

La pandemia golpeará ambos transportes a corto plazo pero el ferrocarril contará con la transición energética y la tecnología como palancas de impulso

8 min

El efecto provocado por la pandemia del coronavirus en las principales economías mundiales hace prácticamente imposible determinar potenciales beneficiados de la situación. Sin embargo, existe un cierto consenso acerca de que el Covid-19 ha vuelto a poner en el foco elementos como la transición hacia una economía descarbonizada y el desarrollo digital. Ambos caminos se cruzan en el ferrocarril, que tiene ante sí una oportunidad única para acelerar el proceso para superar a sus competidores, especialmente al avión que, además, es señalado como una de las mayores víctimas de la crisis.

Un informe elaborado recientemente por el departamento de análisis del banco suizo UBS apunta como uno de los efectos de la pandemia a la aceleración en el proceso ya iniciado hace tiempo de trasvase de viajeros desde la aviación comercial al transporte ferroviario. Uno de los pilares de la conclusión es que tanto los ciudadanos como los gobiernos son cada día más conscientes de la importancia de la transición energética, algo que el coronavirus no hará sino poner todavía más en valor. Un elemento prácticamente definitivo para decantar la batalla a favor del tren, situado como paradigma del transporte en el marco de la descarbonización de la economía.

El objetivo de la Unión Europea

El transporte es uno de los principales responsables de emisiones de gases contaminantes en todo el mundo. Dentro de este ámbito, la aviación aporta aproximadamente el 15% de estas emisiones, en las que casi todo el protagonismo es para la carretera. En cambio, en el caso del ferrocarril la cifra no llega al 1% del total. Difícilmente los gobiernos, especialmente en la Unión Europea, donde se ha asumido el liderazgo de la lucha contra el cambio climático, van a resistir la tentación de apostar por el tren como uno de los mecanismos para lograr un objetivo tan ambicioso como alcanzar una economía neutra en carbono en 2050.

No obstante, el proceso no va a ser precisamente rápido. La virulencia con la que el virus ha golpeado a las economías es tal que, a corto plazo, tanto el avión como el tren van a atravesar por serias dificultades en los próximos trimestres.

ferrocarril
Convoy de ferrocarril / GENCAT

Uno o dos años perdidos

“El año está perdido para operadores como Renfe; y puede incluso que el que viene, también, en función de cuánto tarde en aparecer la vacuna contra el coronavirus”, asegura un consultor del sector. Las restricciones de pasajeros que las autoridades pretenden introducir en la aviación comercial también afectarán al transporte ferroviario. La ya célebre distancia social dinamitará la demanda hasta un 60%, de acuerdo con cálculos que manejan los expertos. Las compañías aéreas se han lanzado a la desesperada en busca de ayudas públicas para poder subsistir en un entorno tan sumamente complicado.

El tren no es ajeno a él y tampoco lo es la industria auxiliar. Las plantas de fabricación de material rodante también sufren las consecuencias de la pandemia. Los ritmos de trabajo se ralentizan por motivos de seguridad y la demanda de pedidos amenaza con desplomarse ante la caída en picado del número de viajeros.

Tiempo a cambio de sostenibilidad

Sin embargo, el panorama cambia de forma radical a medio plazo, cuando la actividad recupere su ritmo habitual. El resurgir del ferrocarril tendrá poco que ver con el de la aviación comercial, precisamente por contar con una palanca tan potente como la de la transición energética. Un transporte limpio, eficiente y rápido (gracias al desarrollo de la alta y muy alta velocidad) atraerá cada vez más público, tanto turistas como trabajadores para los que, además, factores como el tiempo de viaje parecen ceder cuota de importancia respecto a cuestiones como el cuidado del medio ambiente.

El referido informe de UBS revela el resultado de una encuesta realizada en países europeos y en China (aquéllos en los que la alta velocidad está más desarrollada) que concluye que las personas que viajan por placer no tendrían problema en dar por bueno un trayecto de entre cinco y seis horas en tren mientras que las personas que lo hacen por negocios consideran aceptable un lapso de cuatro horas. Datos que echan por tierra la teórica ventaja temporal del avión.

Vencedor en algunas rutas

Además, el escenario de los próximos meses será una oportunidad para que los fabricantes de material rodante, sobre todo los europeos, puedan finalizar el proceso de reconversión que están llevando a cabo para poder hacer frente a las empresas chinas, indiscutibles líderes del sector. El experto en industria ferroviaria Manuel Gómez Acosta apunta que, con todos estos factores, la apuesta por el sector es inequívoca pero, eso sí, a medio plazo. “Con la lucha contra el cambio climático y la crisis en el sector aéreo, la opción ganadora es el tren”.

En el caso de España, el “sorpasso” al avión en determinadas rutas es prácticamente imparable o hace tiempo que ya se ha producido, como es el caso de Madrid-Sevilla, en la que el AVE ya acapara casi dos tercios de los desplazamientos. La alta velocidad también se está imponiendo en los trayectos entre Barcelona y Madrid. En la última década, el AVE se ha hecho con más del 50% de los pasajeros de esta ruta.

Un tren de alta velocidad / RENFE
Un tren de alta velocidad / RENFE

El componente tecnológico

Pero la fotografía queda incompleta sin el componente tecnológico, que también juega a favor del tren. “La automatización es el futuro del ferrocarril puesto que permite que los vehículos y las infraestructuras estén conectados de forma inteligente”, señala Gómez Acosta.

El desarrollo digital del transporte ferroviario hará posible potenciar factores como la eficiencia y la reducción de costes, esenciales para un mercado que en apenas unos meses asumirá un reto tan importante como el de la liberalización del transporte de pasajeros. “Las infraestructuras inteligentes son las que van a permitir que pueda salir un AVE cada 15 minutos”, un aspecto fundamental en un mercado que pasará a contar con varios operadores. El principal beneficiado será Adif, que verá optimizados sus ingresos vía los cánones que percibe por la utilización de las vías.

Para los fabricantes de material rodante supone también su apuesta de futuro ya que todos cuentan con divisiones de sistemas de comunicaciones, señalización y tecnología aplicada al transporte ferroviario, un negocio que se ha convertido, además, en el que les aporta un mayor margen.