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El futuro de la energía tras el Covid-19: más digital, más verde / ENDESA

El Covid-19 adelanta la energía del futuro: redes inteligentes, verde y digital

La pandemia ha supuesto todo un banco de pruebas para el sistema energético, que lleva años planeando un porvenir que ha tenido que adelantar con unos resultados sobresalientes

10 min

Si existe algo relacionado con la pandemia del coronavirus en lo que haya un consenso generalizado es que todo va a cambiar a partir de ahora. Y la pregunta más recurrente es: ¿cómo será a partir de ahora? Pero hay algunos ámbitos en los que no es necesario sacar la bola de cristal. Porque, precisamente como consecuencia de la repentina llegada de esta crisis sin precedentes, hemos podido asistir a toda una exhibición de cómo serán en el futuro inmediato pero sin tener que abandonar el presente. Y sin duda, uno de ellos ha sido el energético y, más concretamente, el eléctrico.

Las eléctricas del futuro ya están aquí. Solo así puede explicarse que un servicio tan esencial y básico haya funcionado de forma ejemplar en un escenario particularmente complicado. Y en el que resulta imposible improvisar medidas efectivas en tan corto espacio de tiempo.

Inversión en tecnología

El sector eléctrico ha funcionado durante estos dos últimos meses con mecanismos y sistemas que no hace mucho tiempo hubieran sido calificados como de ciencia-ficción. La compañías se han visto obligadas a poner en práctica muchas de las actuaciones para las que se han preparado durante los últimos años, obviamente sin saber lo que iba a ocurrir. Y el resultado es producto de una enorme inversión en este tiempo y una decidida apuesta por la tecnología y la digitalización, además de por la energía verde, que se adapta mucho mejor a este entorno que las fuentes tradicionales.

Una de las claves para que parte de la actividad económica haya podido seguir adelante desde la declaración del estado de alarma, a mediados de marzo, ha sido el teletrabajo. Sin embargo, no siempre es posible trabajar a distancia. Un ejemplo lo constituyen las llamadas instalaciones críticas, que hasta hace no mucho tiempo tenían que ser necesariamente operadas de forma presencial y, además, con amplios equipos.

Planificación

El futuro, disfrazado de presente, ha traído la posibilidad de gestionar infraestructuras críticas con equipos más reducidos, con la posibilidad de establecer una serie de mecanismos para preservar la seguridad de los trabajadores sin que se resienta la seguridad del suministros.

Una circunstancia que se ha concretado en aspectos como contar con equipos duplicados ante la posibilidad de tener que reemplazarlos por completo en el caso de que alguno de sus miembros resultase infectado, como apuntan desde Iberdrola. Los protocolos de seguridad se han activado en tiempo récord, algo imposible de improvisar.

Gestión virtual

La compañía que preside Ignacio Galán es líder en telegestión y digitalización de redes y cuenta, además, con un desarrollo de redes inteligentes altamente eficiente, que destaca por su coste notablemente inferior al resto del sector. La apuesta por la tecnología y lo digital ha sido clave para explicar por qué en las actuales circunstancias de movilidad limitada y alto riesgo para la salud de los trabajadores, el suministro eléctrico no ha registrado ni una intendencia reseñable, especialmente en lugares tan sumamente críticos como los centros hospitalarios, tanto los convencionales como los que han sido habilitados de urgencia para ello. Este ha sido el caso de numerosos establecimientos de hoteleros y de espacios singulares como Ifema, en Madrid, o Fira de Barcelona, en la Ciudad Condal.

Por su parte, Naturgy explica que “cada instalación del grupo, tanto las referidas a redes, como las de gestión del mercado y generación, cuentan con la posibilidad de gestión virtual”, además de con “planes de emergencia preventiva, back-up y traslado de actividad entre centros” en el caso de que fuera necesario.

El sistema más fiable de Europa

Los centros físicos, con tecnología de respaldo, que la compañía tiene por diferentes puntos del país cuentan con capacidad de gestión en remoto, lo que hace posible que puedan cumplir con su función incluso en las circunstancias más adversas, como es el caso de la actual.

El desarrollo digital de los últimos años en el sector permiten a las compañías en numerosos casos gestionar y resolver incidencias en remoto, con lo que la presencia física se reduce a casos en los que resulta completamente imprescindible. La tecnología de respaldo permite responder de forma más eficaz a posibles incidencias en instalaciones críticas que se podrían traducir, de otro modo, en una interrupción muy prolongada del suministro.

Precisamente, en este sentido la estadística es inmejorable en el caso del sistema español. En diez años el tiempo de interrupción equivalente de la potencia instalada (Tiepi), es decir, el tiempo en el que no se ha podido alimentar la potencia instalada en los puntos de carga del sistema como consecuencia de las interrupciones se ha reducido en 60 minutos anuales, un 42%, de acuerdo con fuentes del sector. Una seguridad de un suministro de calidad que se encuentra a la cabeza de Europa.

Marco estable y predecible

Estos elementos han llegado como resultado de ambiciosas inversiones a largo plazo, lo que explica la permanente reivindicación por parte de las compañías de contar con un marco regulatorio estable y predecible para poder llevarlas a cabo con la menor de las incertidumbres posibles.

Sin ir más lejos, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (Pniec) contempla inversiones próximas a los 42.000 millones de euros en la próxima década en redes y electrificación de la economía. A partir de ahora, el sector no se detiene para poder seguir anticipando el futuro cuando sea necesario. Ese futuro pasa por ser “más digital, comprometido y cercano a los clientes y con capacidad de adaptarse en cada momento a las necesidades que la sociedad requiera”, apuntan desde Naturgy.

Clave para la recuperación

Y, por encima de todo, la energía a partir de ahora será verde. Un aspecto para el que, precisamente como consecuencia de la crisis, se abre a partir de ahora un prisma alternativo y complementario al de la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente. El objetivo de la electrificación de la economía “puede convertirse en una palanca clave para la reactivación económica del país una vez superada la crisis sanitaria, no sólo por su contribución a los objetivos climáticos sino por su efecto tractor de la industria nacional y su contribución a la independencia energética”, apuntan en el sector.

“La crisis derivada del Covid-19 ha puesto de relevancia la importancia de disponer de una cadena de valor nacional fuerte en los suministros de servicios esenciales, entre los que se encuentra el de energía eléctrica”, añaden.

Más industria

Las devastadoras consecuencias de la pandemia en las economías mundiales incidirán de forma especial en aquellas que dependen más del sector de servicios y, especialmente, del turismo, como es el caso de la española. Con un peso de poco más del 12% del PIB, la industria nacional está lejos del objetivo comunitario, fijado en el 20%.

Para lograrlo, la clave puede estar en la energía verde, en la que España está muy bien posicionada porque ha desarrollado en los últimos años una sólida industria nacional de bienes de equipo, renovables, puntos de carga y fabricantes de vehículos. Además, cuenta con un buen recurso renovable, territorio suficiente para su desarrollo, capacidad para el impulso de bombeos, empresas energéticas potentes, un mix de generación diversificado y capacidad de inversión y el despliegue de redes eléctricas inteligentes para responder a un nuevo modelo energético.

Lamentablemente, el modelo no ha llegado a tiempo para esta crisis. Pero reducir la dependencia del sector servicios e incrementar el peso de la industria se antoja una receta muy recomendable para afrontar la siguiente.