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El economista Carlos Sebastián, durante la entrevista con 'Crónica Global' / CG

Carlos Sebastián: “Las reformas en España siempre llegan desde Europa”

El economista, autor de 'Para que España avance', señala que la gestión de los gobiernos de Generalitat “ha estado por debajo de la media española”

10.03.2019 00:00 h.
18 min

Portada libro 1 Sebastián

Carlos Sebastián (Madrid, 1944), economista, formado en las universidades de Madrid, Essex (Reino Unido) y en la London School of Economics (LSE), cree en las reformas y asegura que se “irrita” cuando hay tantos consensos sobre determinadas cuestiones en la administración que luego los políticos son incapaces de aplicar. Publicó España estancada, y ahora ofrece una visión más cercana y llevadera en Para que España avance, los dos libros en Galaxia Gutenberg. Fue director general de planificación en el ministerio de Hacienda y Economía, en 1983-1984, y es uno de los impulsores de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), un auténtico laboratorio de ideas y de propuestas económicas. En esta entrevista con Crónica Global disecciona los problemas de España, dejando claro que el sector exterior podría dar mucho más de sí. Desde su enfoque institucionalista, cree que la política debe ponerse las pilas para resolver y no entorpecer los problemas económicos. Y da cuenta de que “las reformas en España siempre llegan desde Europa”, sin descuidar su idea sobre Cataluña. Considera que si se habla de una España “ineficaz”, lo ha sido más el conjunto de gobiernos catalanes, “que han gestionado con una eficacia por debajo de la media española”.

--Pregunta: España sale de la crisis, aunque con heridas, como otros países de su entorno. Usted propone ahora mejoras institucionales, con su libro Para que España avance, después de su anterior trabajo, España estancada. Pero, ¿cuándo se paralizan las reformas en España, al margen de la crisis económica de los últimos años?

--Respuesta: Hay un agotamiento de los gobiernos de Felipe González, a principios de los años noventa, que coincide también con una cierta autosatisfacción por todo lo que se había avanzado, que fue mucho. Se atendieron pequeñas reformas, en el sector financiero, pero quedaron muchas otras cosas pendientes, como el equilibrio de poderes o una mayor transparencia en distintos sectores. Más tarde, con Rodríguez Zapatero, se alcanza una gran radicalización, que lleva a todos los actores a echarse los trastos, a no pensar ni a buscar acuerdos. Sí se debe recordar una ley, con José María Aznar, sobre la reforma de la Administración pública, con Mariano Rajoy de ministro, con un elevado consenso y con intervenciones muy ricas vertidas en la comisión parlamentaria. Pero no ha habido mucho más. El lenguaje es de bronca, y la cuestión es que los propios dirigentes o sienten la necesidad de esas reformas. Ya con Zapatero, que recogió la idea de que España iba bien, yo lo rechazaba. No iba bien, porque las cifras macroeconómicas escondían, por ejemplo, lo poco que se exportaba. Eso ha mejorado, pero mire usted qué se exporta y qué empresas. Todavía es un sector que podría ofrece mucho más.

--¿Es con Rodríguez Zapatero cuando se inicia un periodo marcado por el populismo?

--Sí, me parece que se iniciaba entonces, y luego llegó la crisis. Hay un factor, además, fundamental. La Unión Europea nos ha dado muchas cosas, pero las políticas de austeridad que se impulsaron resultaron ser muy perjudiciales. Hay una herida en España que no se cura con el crecimiento macroeconómico. Existe un problema grave de exclusión social. Y eso deja huella en los parados de larga duración, en los jóvenes. Decimos que en 30 años disminuirá la población activa, pero, ¿podemos permitirnos que un 14% de parados se quede fuera? Necesitamos buenos programas, buenas normas para desarrollar reformas. Y eso precisa de una buena administración.

--Con la salida de la crisis se insiste en que han sido las clases medias las grandes perjudicadas. ¿Eso se debe matizar? ¿Ha sido así?

--Lo que ha habido es un corrimiento. Las clases medias, y medias-bajas han bajado hacia el precariado. Y las medias hacia las medias-bajas. Ha habido un corrimiento hacia la mala calidad social. Y eso crea frustración, con el impulso de los nacionalismos, que es una forma de populismo.

--Usted pone el énfasis en el enfoque institucional. Eso rompe la idea de que la economía puede funcionar por sí sola, pese a una inestabilidad política, o a la baja calidad de una determinada administración. ¿Es lo que le pasa a España?

--Sí, básicamente lo que tenemos es que, según todos los análisis, existe un déficit de calidad gerencial. Hay buenos gerentes, pero necesitamos más. Es importante la densidad, porque eso impulsa que entre ellos se mejore la calidad de todos. La paradoja es que hay buenas escuelas de negocios. El problema es que hay pocos incentivos. Una empresa puede pensar que es mejor formar parte de un cártel del mercado que contar con esa buena calidad gerencial. En España existe todavía una gran rigidez, hay demasiadas restricciones, una gran burocracia. Se genera un gran talento, hay capital humano. Ese no es el problema. Lo que ocurre es que se crea una gran inseguridad jurídica y se cierran programas que iban en la buena dirección, pero que no se habían querido utilizar, como la Agencia de Evaluación de las Políticas Públicas (AEVAL), creada por el Gobierno Zapatero en 2006, que se cerró en 2017.

--¿Es esa una gran carencia del modelo español, que no se evalúan previamente los proyectos que se impulsan?

--Es una de ellas. Es necesaria esa evaluación y el estudio posterior de la aplicación y la ejecución de esas políticas. En España hay un organismo muy bueno que es la Airef, al margen de que yo esté en el consejo asesor. Su presidente, José Luis Escrivá, es un hombre que escucha y se aprende mucho de todo lo que hacen. Ahora bien. La Airef, que mira por el equilibrio presupuestario y por la sostenibilidad de las cuentas públicas, vino impulsada por la Unión Europea. Porque, desde dentro, se ha torpedeado al máximo su funcionamiento. Y las comunidades autónomas son receptivas a sus informes, mientras que el Ministerio de Hacienda les hace un caso relativo. Las reformas en España siempre llegan desde Europa, como es el caso de la Airef.

--¿Hay un estado que paraliza las reformas? ¿Una estructura propia que se defiende?

--Por supuesto. Existe. Es importante la labor de una asociación de funcionarios, Fedeca, que intenta mejorar la selección de los puestos de la administración. Miran ejemplos como el de Portugal, que nombra directores generales relacionados con la gestión con concurso público, y con un porcentaje alto de no funcionarios. Eso en España se rechaza.

El economista Carlos Sebastián, durante la entrevista con 'Crónica Global' /CG

El economista Carlos Sebastián, en la entrevista con 'Crónica Global'

--¿Es sostenible que los presupuestos no se ejecuten, no ya en un 80% o 90%, sino en porcentajes mucho menores, y de ello se queja desde hace años el gobierno catalán, por ejemplo?

--Es una carencia. Se debe a la burocracia y a la falta de calidad de los responsables, que se nombra a dedo, que no da cuentas a nadie, salvo al político que lo ha nombrado. Le digo dos países que han reformado con éxito esa cuestión: Portugal y Chile, no Dinamarca o Nueva Zelanda, sino Portugal y Chile. En este último caso, existe un contrato de desempeño, que se evalúa por el cumplimiento de ese contrato. Se trata de una necesaria rendición de cuentas. Si el segundo nivel lo hace, el primero lo deberá hacer en algún momento. No podrá seguir silbando.

--¿Hay una colonización de políticos en la administración, y también de funcionarios en la política?

--Sí, porque se produce una dinámica: ¿cómo me puedo consolidar en el puesto? Pues nombrando a alguien del partido, como subdirector general, por ejemplo. Y luego éste me apoya en el partido, que, a su vez, me consolida en el puesto.

--Usted habla de Portugal. ¿Es un ejemplo?

--Portugal está mejorando mucho. Y, en parte, se debe al rescate, a las directrices de la Comisión Europea, al MOU, el Memorándum que recibió. Pero han interiorizado muchas prácticas, en la forma de presupuestar, por ejemplo. Y eso nos debería dar vergüenza. Lo que pasa también en Portugal es que la derecha es mucho más razonable que en España. Hay una izquierda que busca la calidad de la gestión, y una derecha que no saca la bandera a la menor ocasión.

--¿Entiende, entonces, lo que hace el nuevo PP de Pablo Casado?

--No lo acabo de entender. Aunque también el PP hizo una oposición parecida con Zapatero. Luego cambió, y llegó la crisis.

--¿Hay una tónica en la actuación de la derecha?

--La inauguró Aznar, con el váyase señor González. Lo que pudo haber hecho Aznar es exigir mayor independencia en tal y cual organismo o mejorar la gestión. Luego fue bien, con una apuesta decidida por Europa, que el PSOE no trató de impedir.

--¿Y entiende el papel de Ciudadanos, que apostaba, precisamente, por esas reformas con economistas como Luis Garicano?

--Yo entiendo que eso se ha difuminado. Ciudadanos está en otra cosa, está en un nacionalismo extremo, y en desgastar al PSOE mediante la crispación. Es verdad que ha presentado en el Congreso medidas que van en la buena dirección, como la ley de transparencia o medidas contra la corrupción. Pero eso necesita un diálogo, y es imposible dialogar con alguien que te está insultando todo el día. Me ha sorprendido, y he perdido por completo las esperanzas que tenía en ellos.

--¿España sufrirá sin coaliciones estables de gobierno?

--Para mí una coalición del PP con Vox es inestable. Es decir, dependerá de qué coaliciones se puedan establecer. No se tiene en cuenta las reformas necesarias, con el mundo digital cayendo sobre nuestras cabezas. Hay que cambiar la legislación laboral, no desregulándola, sino regulando bien, en muchos ámbitos.

--¿Y el nacionalismo vasco y catalán, puede participar de nuevo?

--Los catalanes no están por la labor. Los vascos sí. Es cierto que los vascos tienen buena financiación, pero también tienen buena gestión. Los programas de formación profesional dual, y la renta mínima sólo funcionan en el País Vasco. Se lo toman en serio.

--Una parte del independentismo catalán señala que el argumento de querer un estado propio es que España es un estado poco eficaz. Lo explica Ferran Mascarell

--Sí. Mascarell citó mi libro, España estancada, con la idea de que se ahoga a Cataluña desde la gestión administrativa. Pero yo le respondí. Si se analiza en detalle, la gestión de los gobiernos de la Generalitat ha estado por debajo de la media española. Es al revés. La gestión de la línea 9 y 10 del Metro es un escándalo, al margen de los casos de corrupción. Cataluña está por debajo de la media en el índice del clima para favorecer negocios. Y la excepción es en el terreno de la investigación científica, gracias a un hombre como Andreu Mas-Colell, que acertó en el modelo de gobernanza para favorecer esa investigación, con independencia en la gestión y rendición de cuentas.

--Mascarell también señala que España sólo tiene un proyecto y que se llama Madrid

--Hay algo de verdad en eso. Hay inversiones y un modelo determinado. Pero las autonomías deberían haber impulsado sus propios proyectos. Valencia, que quedó destrozada por la gestión y la corrupción del PP, ha comenzado a impulsar muchos proyectos interesantes. Y, si eso fuera verdad, que ya decimos que algo de eso existe, ¿por qué cuando los gobernantes catalanes tenían capacidad de decisión en el Congreso no lo aprovechaban, en lugar de favorecer sólo los intereses de sus amigos, como ocurrió con el rescate de las autopistas?

--Diversos informes han indicado ahora que todo el proceso del euro ha beneficiado especialmente a Alemania.

--Sin duda. Ha favorecido a la industria alemana. Es irritante comprobar la hipocresía alemana. Las monedas no se podían devaluar, y con el ajuste de la crisis se ha comprobado que el dinero del BCE, al final, se ha destinado a sostener bancos alemanes que estaban quebrados, que no calibraron el riesgo. Nosotros, los países del sur, hemos sido los vagos, los malos, y se ha hablado de riesgo moral. Pero, ¿y el riesgo moral de los bancos alemanes, salvados por el BCE, con préstamos a los países con problemas para devolverlos a los bancos alemanes?

--Pese a todo, ¿qué se puede hacer en la UE?

--La UE ha sido y es una buena cosa. El problema es que se trató de un proceso demasiado rápido. Y no se puede avanzar tanto en unión monetaria sin un avance en armonización fiscal. Se daban las mejores condiciones para una inversión pública desde Europa, con capacidad de financiación y tipos de interés bajos, pero no se quiso, porque eso implicaba avanzar institucionalmente en unión fiscal, con emisión de bonos.

--¿Puede la Unión Europea frenar un gobierno de derechas con Vox en España?

--Me temo que no. Mire usted a Hungría. El problema de la UE es que puede recibir golpes muy duros, en función de lo que pase con el brexit, o en países como Italia, que forma parte del núcleo. Si se va, adiós al euro. España puede sufrir mucho con eso.

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