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Imagen de una oficina de Banco Madrid antes de que quebrara / EFE

Banco Madrid recibe la declaración de inocencia seis años después de liquidado

El Sepblac, artífice de la intervención y posterior caída de la filial de Banca Privada de Andorra en 2015 con su denuncia por presunto blanqueo, concluye ahora que no existió delito alguno

7 min

El día que el Banco de España recibió un informe del Servicio de Prevención de Blanqueo de Capitales (Sepblac) sobre Banco Madrid en el que se recogían presuntas irregularidades cometidas por la entidad supuso su fin. Fue un triste colofón a ocho décadas de existencia marcadas por continuos cambios de manos pero también por días de vino y rosas, especialmente en esa última época, tras ser adquirido por Banca Privada de Andorra (BPA) en plena crisis financiera.

La trascendencia de las investigaciones y de otras que, en realidad, tenían el mismo origen, como la iniciada a instancia del Departamento del Tesoro de EEUU, provocó una estampida de clientes, muchos de ellos poseedores de grandes patrimonios. Derivó en la intervención del regulador, en primera instancia, y en la liquidación del banco, poco después.

Auge y caída a los infiernos

Seis después de aquello, el Sepblac ha concluido que, en realidad, Banco Madrid no podía ser acusado de delito alguno relacionado con el blanqueo de capitales procedentes del exterior. Una información publicada este jueves por el diario El Mundo señala que el organismo apunta a que los controles y protocolos internos de la entidad eran mejorables pero que, tras mucho buscar e investigar, no se ha encontrado actuación delictiva alguna.

Una demostración palpable de que la Justicia, si demasiado lenta, no es Justicia, como vienen clamando los propietarios de BPA desde hace un tiempo. Pero la caída de Banco Madrid ha quedado como un paradigma de descenso a los infiernos, prácticamente de la noche a la mañana; y, además, de una entidad que se había convertido poco menos que en una reputada moda entre los ricos de la capital. Numerosos altos patrimonios que llevaban a gala ser clientes de una entidad que lucía de lo más señoreada desde su emblemática sede, de blanco impoluto, situada en la madrileña plaza de Colón.

Entre reinvenciones y acusaciones

Fundado a mediados de los 50 y tras ser “víctima” de la intervención del Banesto de Mario Conde y de los procesos de “fusiones frías” entre cajas de la anterior crisis financiera (cuando estaba en manos de la guipuzcoana Kutxa), Banco Madrid volvió a despegar por enésima vez de la mano de BPA a partir de 2010.

Al mismo tiempo que su negocio crecía y su cartera de clientes VIP engordaba, determinadas acusaciones veladas corrían por los mentideros de la capital.

Del impuesto revolucionario al blanqueo

Por un lado, su pasado como filial de Kutxa afloró rumores sobre una presunta vinculación con negocios relacionados con el llamado “impuesto revolucionario” de la banda ETA. Por otro, y ya bajo la tutela de BPA, comenzó a achacarse su notable crecimiento en Madrid a la captación de capitales procedentes de la amnistía fiscal articulada por el entonces ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, en el primer Gobierno liderado por Mariano Rajoy.

Al margen de certezas o un simple juego sucio entre la competencia, la realidad es que la cacería se cernió sobre Banco Madrid a raíz de la búsqueda de indicios sobre presuntas operaciones realizadas por el expresidente de la Generalitat Jordi Pujol y otros políticos catalanes, de corte independentista.

EEUU entra en juego

La historia tenía como complemento actuaciones presuntamente delictivas de grandes patrimonios procedentes de otros países, especialmente China y Venezuela, que estarían empleando la plataforma de Banco Madrid para el blanqueo de capitales.

Un reclamo más que suficiente para poner en guardia al Departamento del Tesoro de EEUU y a su temible FinCEM, una suerte de policía de los delitos financieros, que supone la viva imagen del terror para los financieros de todo el mundo.

Huída y concurso

Sólo figurar bajo la lupa del FinCEM supone verse obligado a dar muchas explicaciones, tantas que casi no queda tiempo para los negocios. Porque, de inmediato, saltan todas las alarmas. Y los clientes comienzan a retirar su dinero buscando algún lugar más seguro.

Fue lo que ocurrió con Banco Madrid en cuanto los informes del Sepblac llegaron hasta el Banco de España. Precisamente, el organismo que se encargó de intervenir la entidad cuando comenzó a sufrir la fuga de clientes y, en tiempo casi récord, acordar su entrada en concurso de acreedores y posterior liquidación.

Absoluciones

En su día, la Justicia determinó que no había indicio alguno de blanqueo de capitales en la actividad de Banco Madrid. Incluso, que la solvencia de la entidad no estaba tan dañada como para hacer inviable una salida adelante durante la situación concursal.

En estos elementos, los principales accionistas de BPA basan sus denuncias en los tribunales en busca de resarcimiento por la pérdida de una entidad de la que tan verdad es que siempre estuvo bajo el foco de la sospecha como que nadie logró probar algo contra ella.

El último ejemplo se ha conocido en las últimas horas: tras seis años de investigación, el Sepblac se rinde. De las actuaciones del FinCEM, nunca más se supo. Pero si se tiene en cuenta de que se trata de un sabueso que no tiene por costumbre soltar su pieza cuando la atrapa, la conclusión no parece demasiado difícil.