La economista Alicia García Herrero

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Alicia García Herrero, economista: “El acuerdo comercial UE-India se ha sobrevendido”

La experta en Asia-Pacífico critica el reciente tratado y analiza el potencial del país asiático como alternativa a China

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Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico en el banco francés Natixis, ha visitado Barcelona este martes para participar en una conferencia en el Palau Macaya de la Fundación ”la Caixa”. Especializada en economía asiática, analiza con este medio las oportunidades —y también las carencias— que ofrece la India.

Sobre el reciente Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el país asiático, firmado en enero de este año, se muestra crítica, lo considera “mediocre” porque, entre otras cosas que detalla en esta entrevista con Crónica Global, ofrece escasa protección a los inversores en un mercado que necesita capital extranjero.

García-Herrero cree que la India tiene potencial para convertirse en una alternativa real a China, pero advierte de que arrastra problemas estructurales desde hace décadas. El exceso de proteccionismo ha limitado, según explica, la apertura internacional de un país que el mundo —que cada vez ve con peores ojos la dependencia de China y Estados Unidos— necesita.

-¿Qué implicaciones económicas y geopolíticas tiene el reciente Tratado de Libre Comercio firmado entre la Unión Europea y la India?

-Pues te voy a desanimar un poco, en el sentido de que creo que se ha sobrevendido. Lo que ha salido después de 13 años es mediocre. Es importante, no hay duda, pero deja fuera bastantes cuestiones clave. Al final, es un tratado fundamentalmente arancelario, del que se pueden beneficiar sobre todo los coches alemanes y, en general, todos los países que forman parte de la cadena de producción automovilística.

Pero si uno lo compara con otros tratados que ha impulsado la Unión Europea, como el acuerdo con Canadá, ve que se queda corto. Hay que recordar el contexto en el que se firma. Tanto India como Europa estaban librando sus propias batallas. India estaba negociando con Estados Unidos para reducir esos aranceles brutales del 50%, que finalmente consiguió rebajar. Y justo después de firmar este acuerdo, Estados Unidos reaccionó diciendo, en esencia: “Un momento, Europa va a tener acceso privilegiado a India y nosotros no”. Eso llevó también a que India acabara ofreciendo un acceso más favorable a Estados Unidos.

-¿Y qué consigue Europa?

-Europa se veía bastante aislada, con una alianza transatlántica que no terminaba de funcionar, así que este acuerdo le permite acercarse a India. Pero le siguen faltando muchas cosas. Todo lo relacionado con las compras públicas —el procurement, como decimos en inglés— queda fuera del tratado. La protección al inversor, que para Europa es importantísima, también queda fuera. Y lo que llaman market access, es decir, abrir sectores que siguen protegidos frente a la competencia europea, tampoco se aborda realmente.

Todas estas cosas, sobre todo lo que es el trato al inversor, están en una segunda negociación ahora. Pero Europa está muy pillada ahí.

-¿Por qué ha pasado?

-Porque ahora, si vamos a un acuerdo donde realmente protegemos a nuestros inversores, tenemos que ir a todos los Estados miembros para ratificarlo, como ocurrió con Canadá y Mercosur, y ya sabemos que muchos no lo hacen. En los ámbitos de inversión no tenemos las competencias completamente transferidas. Entonces, preferimos una protección menor para saltarnos ese paso. Nos hacemos trampas al solitario.

Y esto es importante entenderlo: no es que la Comisión no haya querido. Es que, si empuja más, el problema somos los países miembros. India no quiere abrir ciertas cosas, sí, pero tampoco les podemos empujar demasiado porque nosotros mismos no tenemos toda la capacidad para hacerlo. Y las empresas se quejan de que esto, en la práctica, no les cambia realmente las cosas.

-Entonces, ¿sigue siendo desaconsejable para el inversor europeo invertir en India tras este acuerdo? ¿Qué retos encuentran las empresas españolas?

-Hay empresas españolas, algunas catalanas además, que han intentado invertir en el ámbito de infraestructuras, Ferrovial ha invertido casi 1.000 millones. Pero muchas otras no se atreven porque tienen miedo de que les expropien, porque la protección del inversor no es suficiente. Cuidado, la inversión de la UE en la India es de las más elevadas, más que Estados Unidos, pero es que la India no recibe apenas inversión.

-¿Qué valoración hace del gobierno de Modi? ¿Cree que ha priorizado mucho el discurso geopolítico?

-Yo creo que no entendió cuáles eran las necesidades del país, y pensó que con el de-risking, la India tenía mucho que ganar sin hacer nada.

"Las empresas europeas y americanas se dieron cuenta de que tenían que reducir su presencia en China y diversificar riesgos"

-¿Qué es el de-risking?

-Las empresas europeas y americanas se dieron cuenta de que tenían que reducir su presencia en China y diversificar riesgos, buscar otros destinos. ¿Y cuál era el país más parecido en tamaño y perspectivas? La India. Modi creyó que aquello era el maná, que no importaba lo que hiciera porque todo el mundo acabaría yendo a la India, y no fue así. Luego vino el problema de la frontera con China, que también aisló más al país. Por eso tampoco firmó el RCEP, el acuerdo comercial del sudeste asiático en el que participa China, porque la relación entre ambos países sigue sin normalizarse del todo. De hecho, todavía no hay ni un solo vuelo directo entre China y la India.

Pero, dicho coloquialmente, a Modi se le subió un poco a la cabeza. La India incluso presidió el G20 en 2022. El país tenía muchas cosas a favor, pero no consiguió crear empleo de valor, más allá de los servicios digitales. Al final, se le pasó el arroz: pasaron diez años sin que se generara suficiente empleo, sin que creciera el sector manufacturero ni llegara la inversión esperada. Y cuando quiso reaccionar, ya había perdido apoyo y capacidad de control.

No se han creado suficientes empleos de calidad, especialmente para las mujeres. Existe un desequilibrio enorme entre la creación de empleo masculino y femenino. Muchas mujeres trabajan en manufacturas de bajo valor añadido, como el textil, y ahí la competencia de Bangladesh y de otros países les ha ganado terreno, porque el coste laboral en India es relativamente alto.

"El mundo necesita un país como la India"

-Me recuerda un chiste que se hacía sobre Brasil. Se decía: Brasil es el país del futuro y siempre lo será. Parece que con la India pasa lo mismo.

-Sí, pero con diferencias. La India es un país que entiende su papel en el mundo. La India tenía una renta per cápita de menos de 1.000 dólares y estaba en la mesa con Putin. Ahora tiene 3.000, no es nada, y fíjate cómo hablamos de la India, es increíble. La India es un país muy sofisticado, solo que está mal gestionado. América Latina es un continente nuevo y no es lo mismo. Es cierto que es el país del futuro, pero yo te diría que también es el país del pasado.

Es como China. Es que no es lo mismo haber tenido un pasado imperial o regional como ha tenido la India. Por mucho que después haya sido una colonia, antes de eso ha sido una gran civilización. En cuanto a la profundidad del pensamiento, se pueden equivocar, se han equivocado muchas veces en sus políticas económicas, pero tienen la historia. Yo pienso que a pesar de todo lo que te he dicho, va a ser un gran actor económico.

El mundo necesita un país como la India, una alternativa. A pesar de todo, encontrarán su camino, pero no será un crecimiento como el de China tan rápido.

-Y por seguir con las comparaciones, ¿qué le distingue de China? ¿Por qué no llega a ser China?

-La renta per cápita de China y la India eran similares hace unos años. China llegó a colapsar con toda la Revolución Cultural de Mao. Los dos gobiernos eligieron la planificación y gobiernos, digamos, socialistas. Pero China consiguió hacer eso abriéndose, con Xiaoping, a la inversión extranjera. La India no se abrió a la inversión directa. Mantuvo unos aranceles muy elevados. No reformó sus leyes laborales. Ahora bien, la India es una democracia, y la planificación no funcionaba porque era una democracia. Mientras que en China, la planificación con un modelo de capitalismo de Estado, funciona más.

-Es el proteccionismo, pues, lo que ha terminado lastrando el desarrollo de India.

-La India es mucho más abierta a otras influencias culturales. Yo he estado en Goa y es increíble. El sincronismo de las distintas culturas es mucho más fuerte en la India que en China. Por eso no entiendo por qué son tan proteccionistas, pero lo han sido desde siempre. Hay quien dice que siempre que han intentado abrirse les ha salido mal. Y después, en China las empresas, un Huawei, Rewire, Alibaba siempre están sometidas al poder del partido. Pero en la India no. El poder del mundo empresarial es brutal.

-Por seguir con las comparaciones, ¿una oligarquía como Rusia?

-Sí, pero Putin decide lo que hacen los oligarcas. Aquí hay oligarcas que deciden lo que hace Modi... Entonces, claro, ese mundo empresarial es muy proteccionista.

"La India es una economía muy orientada al sector agrícola y a servicios digitales muy cualificados"

-Claro, protege sus intereses. ¿Usted ha dicho que la guerra en Irán ha expuesto las debilidades estructurales de la India? ¿En qué sentido?

-Lo más importante es que su modelo no genera suficiente empleo. La India es una economía muy orientada al sector agrícola y a servicios digitales muy cualificados, que requieren perfiles muy específicos. Pero no tiene una base industrial sólida: la proporción de empleo en manufacturas es de las más bajas del mundo. Eso deja a gran parte de la población sin un puente entre el campo y los sectores más avanzados.

A esto se suma un problema energético estructural. La India está entre los países más rezagados en el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París y sigue dependiendo en gran medida del carbón, con un peso todavía muy limitado de las renovables. Esa dependencia la hace vulnerable a choques externos, especialmente porque su suministro energético está muy ligado al Golfo.

En ese contexto, la crisis en Irán evidenció esa fragilidad: gran parte del petróleo y de los derivados que consume la India provienen de esa región. En momentos de tensión, incluso productos básicos como el gas doméstico —el llamado cooking gas— llegaron a escasear en determinados episodios, impidiendo actividades cotidianas como cocinar.

No es que la población no sea resiliente, lo es, pero las estructuras del país no lo son. Durante la pandemia se vio claramente: la India llegó a un punto en el que tuvo que reabrir sin saber exactamente el impacto real en víctimas, porque el sistema no podía sostener cierres prolongados. Hay resiliencia social, pero no hay una planificación estructural equivalente, y la política energética es un buen ejemplo de ello.

-Y volviendo al acuerdo entre la Unión Europea y la India, ¿podría beneficiarse mucho el país?

-En términos económicos, sí, aunque con matices. China es más barata y, aunque la India no quiera depender de ella por razones políticas, en la práctica sí lo hace. Existe un déficit comercial muy elevado con China, de alrededor de 120.000 millones de dólares, lo que refleja esa dependencia de importaciones.

Aunque el discurso oficial evite reconocerlo, el propio gobierno indio entiende que necesita a China para abaratar costes. Eso genera una contradicción: políticamente buscan distanciarse, pero económicamente siguen muy vinculados.

Y eso plantea un reto para Europa. Podemos firmar acuerdos comerciales con la India, pero si China sigue siendo el proveedor más competitivo, buena parte del mercado puede acabar dependiendo igualmente de productos chinos.