La actual presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez / EP

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Cómo afecta la detención de Maduro a las empresas catalanas en Venezuela

La crisis en el país latinoamericano llega cuando la mayoría de compañías, al margen de las multinacionales, ya lo habían dejado

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"Y ahora, ¿qué?". Es la principal pregunta aún días después de la intervención militar de EEUU en Venezuela que acabó con la detención de su hasta entonces presidente, Nicolás Maduro. El ámbito empresarial no es ajeno al clima de inquietud generalizado en torno al país latinoamericano. Por ahora, escasas respuestas, mucha incertidumbre y llamamientos a la calma desde las Administraciones Públicas.

Aunque ha sido la más impactante, no es ni mucho menos la primera sacudida que sufre Venezuela desde que se instauró el régimen chavista. Los numerosos episodios de revueltas populares, el éxodo masivo de ciudadanos en busca de futuro en otros países y los intentos de derrocar el sistema por la vía democrática han puesto en alerta de manera frecuente a las empresas españolas.

Las últimas cifras oficiales hablan de unas 60 compañías establecidas en Venezuela y en torno a un centenar y medio con algún tipo de relación comercial. Las cifras de la balanza han menguado hasta el punto de que las exportaciones anuales quedan lejos de los 200 millones de euros y las importaciones, muy expuestas al petróleo, se establecen en torno a 650 millones. 

Las revueltas anteriormente descritas y el deterioro de la situación económica del país, con una situación de hiperinflación inaudita e incapaz de ser controlada, ha hecho que un buen número de empresas de todos los tamaños hayan abandonado el territorio venezolano o interrumpido sus lazos comerciales en los últimos años.

Gasolinera de Repsol

Gasolinera de Repsol Europa Press

Los sectores energético, financiero y turístico acaparan actualmente el interés de las empresas que aún cuentan con Venezuela en sus carteras exteriores. Los casos más conocidos son los de Repsol, que gestiona en el país campos de gas para consumo interno y recibe petróleo como forma de pago. 

Tradicionalmente, las turbulencias sociopolíticas en Venezuela no han tenido un gran impacto directo en el negocio de Repsol; pero sí han hecho que el grupo haya reducido de forma notable su exposición al país, hasta el punto de tener por completo provisionados los riesgos.

Finanzas

"Si un sector va a estar siempre protegido por cualquier gobernante o sistema que lleve las riendas de Venezuela es el energético. La suma dependencia de él es uno de los mejores escudos para una compañía como Repsol", apuntan desde un banco de inversión internacional. 

En el plano financiero, la posición más destacada es la del BBVA, que controla el Banco Provincial. Del mismo modo, la entidad mantiene su presencia en el país, aunque con un impacto mínimo en su cuenta de resultados. En general, el área de Latinoamérica aporta en torno al 5% del negocio.

Sin salir del entorno financiero, la crisis por la caída de Maduro también calibrará el papel de uno de los protagonistas principales del sector en España: el banquero venezolano afincado en Galicia Juan Carlos Escotet. Fundador y presidente del local Banesco, Escotet controla Abanca con una participación superior al 80%, merced a la compra del anteriormente denominado Novagalicia Banco.

El banquero hispano-venezolano se ha caracterizado por una cierta afinidad con el chavismo, lo que no le ha impedido hacer negocios en EEUU. De ahí que su papel a partir de ahora sea uno de los focos de atención. Y más aún en Cataluña. Porque el nombre de Abanca ha aparecido con cierta frecuencia relacionado con el del Banco Sabadell, en el contexto de una eventual operación corporativa.

No ha sido, sin embargo, la opción más repetida en los mentideros financieros. No resultaría la operación más sencilla, por los tamaños de las entidades y por la posición de dominio en la resultante que tendría Escotet; un extremo que no entra en los planes de la cúpula del banco catalán ni de los accionistas minoritarios, cuya resistencia al abordaje del BBVA ha catapultado como el más férreo de los núcleos duros.

Telefonía y turismo

Tradicionalmente, la tercera pata de la actividad empresarial en Venezuela ha sido Telefónica. Sin embargo, el grupo de telecomunicaciones apura sus últimos momentos en el país; durante 2025, la compañía ha ejecutado varios procesos de desinversión en Latinoamérica

El plan estratégico que aprobó a comienzos del pasado noviembre incluye la salida definitiva de la región, con las progresivas ventas de los negocios en Venezuela, México y Chile, las únicas plazas en las que aún permanece, de aquí a 2030.

Imagen del restaurante-cúpula del hotel Hyatt Regency de Hesperia

Imagen del restaurante-cúpula del hotel Hyatt Regency de Hesperia Cedida

En el sector del turismo reside otro de los atractivos inversores de Venezuela. Precisamente, una de las actividades más destacadas de empresas catalanas en el país es la de Hesperia, que gestiona en torno a media docena de establecimientos en diversas zonas. 

Sin embargo, también éste ha sido uno de los ámbitos más castigados por la creciente inestabilidad. Cadenas como la antigua NH, Barceló y Riu dejaron en su día el territorio debido a la compleja situación existente. 

“Parece demasiado obvio decir que el futuro de las empresas allí dependerá de cómo se articule la transición y del resultado final de la maniobra de EEUU. Pero, en estos momentos, es lo que está encima de la mesa”, señala la fuente, que añade la dificultad de pronunciarse a falta de algo más de información.

Atentos a la transición

A corto plazo, la situación parece controlada en el país, al margen de episodios de carestía de productos en los centros distribuidores, que por otro lado se dan con frecuencia. 

Los observadores señalan que, si finalmente se produce una transición ordenada y pacífica hacia un sistema democrático, las compañías que hayan decidido permanecer en el país tendrán una oportunidad; aunque, también, contarán con mayor competencia, dado que este nuevo escenario desatará el interés inversor. 

Por el contrario, un escenario en el que tan sólo se den cambios de nombres y caras, pero sin apenas modificar el régimen chavista, supondría prácticamente una invitación a abandonar el país a corto o medio plazo.