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Representación de la violencia de género

La violencia de género, un problema secundario para la población

Los españoles ponen por delante otros asuntos como paro, seguridad y política

8 min

La violencia está muy presente en el día a día y, una de sus ramas, la que afecta a la mujer, está especialmente arraigada en la sociedad, vistas las continuas informaciones que aparecen al respecto: desde abusos hasta asesinatos. Sin embargo, este asunto parece ajeno a España, ya que menos del 1% de la sociedad lo considera uno de los grandes problemas del país.

La violencia de género es aquella que se perpetra contra la mujer por el mero hecho de serlo, ya se manifieste en forma de acoso sexual callejero, en el trabajo, como malos tratos en el ámbito de la pareja o mediante la violación o el asesinato.

Esto significa que un poco más de la mitad de la población española está expuesta a vulneraciones de derechos fundamentales sólo por haber nacido mujer, pero ello no es suficiente para que este problema sea considerado como uno de los tres primeros de España, a tenor de las encuestas mensuales que realiza el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desde 1985, y donde las respuestas son espontáneas.

2000: primera aparición

Los resultados se agrupan en función de la cantidad de gente que ha repetido las mismas ideas. Es así como se concluye cuáles son los tres principales problemas del país según los ciudadanos, porque un mayor porcentaje señala idénticos asuntos. Parece evidente que las respuestas varían en función de la actualidad, y que política, economía y terrorismo han liderado la lista durante una época. Pero todo se mueve.

La primera vez que la violencia sobre la mujer fue mencionada entre las respuestas en un porcentaje lo suficientemente significativo como para incorporarlo a los resultados fue en septiembre del 2000: lo había referido el 1,3% de los encuestados, que fueron el 3,1% en octubre, el 3,5% en noviembre y el 2,3% en diciembre de ese año.

Aumenta la preocupación

En 2000, cuando aún se consideraban delitos de violencia doméstica los cometidos por hombres contra mujeres con las que tenían o habían tenido una relación de pareja, el Tribunal Supremo dictó una sentencia instando a abordar este fenómeno como "un problema de primera magnitud" y el Gobierno, que tenía en marcha un plan estatal, destinó 1,2 millones de euros a una campaña que decía "La violencia contra la mujer nos duele a todos”.

La problemática comenzó a visibilizarse. Salieron muchos casos a la luz. Surgieron asociaciones. Y la preocupación de la sociedad fue en aumento, aunque en cifras discretas y a la cola de los principales problemas de los encuestados. Los picos más altos fueron en marzo y noviembre de 2001, con el 4,4% y el 4,5%, respectivamente.

El récord de 2004

Para encontrar una cifra más alta en los barómetros del CIS hay que viajar hasta 2004, cuando culminó una campaña electoral en la que la violencia de género estuvo muy presente. El 11,7% de los encuestados coincidieron entonces en que este era uno de los tres principales problemas de España. Fue el quinto asunto más referido, por detrás del terrorismo de ETA (73,4%), el paro (51,7%), la vivienda (19,4%) y la inseguridad ciudadana (15,7%).

El primer delegado del Gobierno contra la Violencia de Género que tuvo España, Miguel Lorente, llama la atención sobre otro dato: el 80% de quienes sitúan la violencia machista entre los tres principales problemas son mujeres. “Esto lo que nos dice es que no genera suficiente rechazo y que el poco que genera es entre mujeres, muchas porque lo están sufriendo y otras porque lo conocen de cerca”, comenta a Europa Press.

En su opinión, las cifras inéditas de 2004 tienen que ver con el debate sobre la Ley Integral, aprobada en diciembre de aquel año. Considera que mientras los homicidios tienen un impacto emocional momentáneo, “cuando la gente logra separarse un poco y observa lo que realmente significa que cada año haya sesenta hombres surgidos de la normalidad que asesinan a sus mujeres, impacta mucho más”.

Estereotipos

Aquella conciencia, sin embargo, se diluyó. A partir de 2004 la cifra ha ido oscilando con picos que han llegado a superar el 5% algunos meses de noviembre, cuando se conmemora el Día Internacional contra la Violencia sobre la Mujer, pero nunca ha vuelto a cosechar un quórum tan alto, aunque más de 900 mujeres y niños han sido asesinados en España desde entonces. En 2016, por ejemplo, no se llegó al 2% y en 2017 la cifra más alta se registró en marzo (3,4%).

Lorente opina que es el conocimiento del fenómeno y el debate de fondo el que crea preocupación por la violencia sobre la mujer y, sin él, "los acontecimientos del día a día lo van cubriendo por el manto de los estereotipos y los mitos", de modo que al final, "no es que la gente no sepa qué está pasando, sino que lo atribuye a causas que no son verdad y creen que es algo inevitable, un precio que hay que pagar por la liberación de la mujer".

"En violencia de género todo resta y en otro tipo de realidades, como las drogas, todo suma, todo es factor de consideración. Sin embargo, ves la imagen de la mujer en las series, ves la publicidad, los casos de acoso, propones algo y se te echan encima. En lugar de generar una base que poco a poco vaya creciendo, es al contrario, cualquier cosa se utiliza para cuestionar la realidad de la violencia de género".

Las personas se refieren a sus problemas más cercanos

Marisa Soleto, presidenta de la Fundación Mujeres, añade que la violencias machistas, como otras violaciones de derechos humanos, son "cuestiones de afectación parcial", pues cualquiera reconocería que es más grave el abuso de un menor que un despido, pero a la hora de identificar los problemas, pensará en aquellos que le son más cercanos o sobre los que maneja una información más certera y acabará señalando el desempleo.

Recuerda que por ello las feministas reclaman que al informar sobre violencia de género el morbo deje paso a un enfoque sobre sus consecuencias en términos de afectación social, "porque no es solo la cantidad de información que se tiene, sino la calidad". No obstante, considera que el barómetro "no es el instrumento más adecuado para medir la envergadura del problema, su gravedad o el grado de sensibilización". "En cualquier caso, la buena noticia es que la violencia de género aparezca", añade.