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Las niñas de Letizia, un francotirador y porno callejero

¿Era necesario que Leonor y Sofía fueran al Congreso? El guisante en el colchón de la reina. La seguridad de la Familia Real, al descubierto. "Mannequin challenge"

7 min

La reina Letizia no es ninguna actriz de tres al cuarto, por lo que pasa de disimular si está de buen humor, tranquila y compiyogui o es mejor no pedirle la sal. El semblante que lucía en la solemne apertura de la XII legislatura era un poema que rima con tenso y tirante, adusto y, sobre todo, a disgusto. Tres son las teorías esgrimidas por los tronistas de la prensa: mosqueo por el deshueve podemita, por tener que llevar a las niñas al Congreso o por razones indeterminadas relativas a discrepancias de índole desconocido con su augusto marido.

Se subrayó en su día que la Reina había hecho pellas en los juramentos de Rajoy y sus nuevos ministros, cosa inédita en el caso de la Reina emérita. Pero de la sesión en las Cortes con discurso de Felipe VI no pudo borrarse. Otra cosa es que las niñas también hicieran pellas, pero del colegio. Se dice que su padre se comió el mismo marrón y a la misma edad que la princesa Leonor, 11 años. La infanta Sofía tiene 9. Los monárquicos recalcitrantes que van quedando se encastillan en la idea de que la Princesa simboliza la continuidad de la dinastía, la corona y la monarquía parlamentaria. La gente pragmática, en cambio, hubiera evitado a las niñas el trance por razones humanitarias, pedagógicas y filosóficas, incluido el derecho a la imagen que obliga en teoría a pixelar el rostro de los menores en los medios de comunicación. Pobrecicas, no pintaban nada ahí. Si ese es el guisante en el colchón de la reina, tiene toda la razón. 

Más si cabe cuando la seguridad en los actos públicos de la Familia Real y de los políticos en general es manifiestamente mejorable, tal como demuestra la abracadabrante historia de El Confidencial sobre el francotirador de fin de semana que ha tenido varias veces a los Reyes, a todos, a tiro de fusil. El tipo colgaba los vídeos en Youtube. Escriben Manuel Altozano y José María Olmo: "En un principio se le acusó de una de las infracciones más graves del Código Penal, provocación al homicidio del Rey, y también de enaltecimiento del terrorismo. Pero, finalmente, solo responderá por un delito de depósito de armas y municiones de guerra y otro de tenencia de armas de fuego. El fiscal pide para él una pena de prisión de nueve años. Él asegura que pudo matar 12 veces a Juan Carlos I y seis a Felipe VI".

Tié que haber gente pa tó, dijo Rafael el Gallo tras enterarse de que Ortega y Gasset era filósofo. En Madrid se cachondean mucho con el libertinaje en Barcelona, que si una pareja se lo hace en el Metro, otra delante de la Ramon Llull, que si se rueda porno por la calle y tal. Pues como allí en el foro, donde acaban de descubrir la línea Public disgrace de la productora porno americana Kink. Ojopláticos se han quedado con que delante de la catedral de la Almudena (como en la Sagrada Familia) una bigarda enseñe el busto mientras otra le azota los carrillos del culo.

El colmo de la desfachatez pornográfica es la imagen, en este enlace de El Mundo, en la que le adosan un consolador negro a la estatua de Dominguín en Las Ventas y una mujer disfrazada de perversa colegiala le practica una felación mientras la dominatriz observa la escena con ganas de sumarse al despropósito. Lástima que se hayan cargado la estatua de Franco en la plaza del Born. Ese par de señoras le podrían haber hecho todo un homenaje al caballo y al tirano de paso ahora que se cumplen 41 de su traspaso. Hubiera sido lo más. Tremenda orgía, gran ultraje, enorme performance. Sicalipsis pura y dura.

Ahora bien y fuera bromas, que en las ciudades de los ayuntamientos del cambio la industria pornográfica estadounidense pueda cosificar a la mujer de tal manera debería hacer pensar a Carmena y Colau que con una multa de 400 euros tal vez no sea suficiente. Esta clase de productoras asumen las sanciones municipales como un coste del rodaje y ganan tropecientos mil millones de dólares con esa vaina de pasear en pelotas por las Ramblas, en bolas por Chamartín. Lo acabarán haciendo en el Vaticano.

La boludez de la semana es la tendencia mannequin challenge o concurso de maniquís. Petardos, famosos, celebridades, políticos y hasta la desmejorada Hillary Clinton, según revela El País, se han sumado a la moda de posar quietos parados en el marco de un travelling. El que todavía no haya salido en un mannequin es que es un pringado, aunque con esas gaitas, poca broma, porque como decían las abuelas, pasa una corriente de aire y te quedas así para toda la vida.

Cómo será la cosa que el Marca ya lo considera una especialidad deportiva en sí misma, como la gimnasia rítmica, la natación sincronizada o pegar bolas de papel masticadas en el techo de clase. El mannequin más visto cuenta ya con veinte millones de reproducciones y es de alto voltaje erótico. Eso sí, en la modalidad indoor.