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Una lata en mitad de un bosque, en un lugar donde crecen setas / PIXABAY

SOS del campo catalán ante la invasión indiscriminada de ‘boletaires’

Las agrupaciones forestales reclaman una ley reguladora que ponga fin a los actos incívicos que provoca la ‘desesperada’ recolección de setas

Fernando Baquero
13 min

El sector del campo catalán pide ayuda ante la invasión de boletaires. La Associació Catalana Promotora de la Certificació Forestal de Catalunya (PEFC) ha denunciado la masificación causada el pasado fin de semana por los “cazadores de setas”, y reclama a la Administración que se ponga a trabajar ya para regular los accesos a determinadas zonas. Los recolectores de hongos, en cambio, señalan al intrusismo como responsable de conductas incívicas.

La PEFC exige en su alegato “políticas verdaderamente sostenibles que tengan en cuenta el papel fundamental que deben jugar los bosques en la bioeconomía”. Lo reclama ante las primeras semanas de la temporada de setas, que ya se han traducido, en algunos rincones, en montones de basura: latas de refrescos, botellas de plástico, mascarillas abandonadas… Las últimas lluvias y el inicio del descenso de las temperaturas auguran una buena cosecha este año y la montaña catalana ya se ha comenzado a poblar de boletaires y de cierto incivismo.

La necesidad de una ley reguladora

Esta situación ha reabierto un año más el debate sobre si es necesario regular la recogida de hongos, ante el creciente número de quejas de las diferentes asociaciones de ganaderos y agricultores, que claman por que se tomen medidas para acabar con la suciedad y el abuso provocado por furgonetas, caravanas y toda clase vehículos aparcados en cualquier lugar.

Una seta nace entre la hojarasca de un bosque / PIXABAY
Una seta nace entre la hojarasca de un bosque / PIXABAY

“Hace tiempo que pasa. No es de ahora. Llevamos años avisando de la masificación incontrolada que permite el acceso libre al medio rural. Hemos pedido a las consejerías pertinentes que nosotros, desde el sector, podamos hacer un proyecto de ley. Nosotros sabemos lo que necesitamos, lo que hace falta”, se queja a Crónica Global Josep Maria Vila d’Abadal, presidente de la PEFC. “Se está dañando al medio ambiente y pedimos una ley que regule, no solo el boleto, sino el uso social del campo”, añade.

Los ‘boletaires’ señalan al intrusismo

Miquel Àngel de Gregorio Capella, presidente de la Associació Micològica Joaquim Codina de Girona, y exfiscal de Medio Ambiente de Barcelona, defiende a los recolectores de setas a capa y espada, pero también lamenta el intrusismo en esta actividad. “Un boletaire auténtico ni destroza ni acaba con todo, ni mucho menos ensucia el bosque con basura”, se defiende en Crónica Global.

De Gregorio, que explica que “las quejas van hacia los incívicos, que no tienen la talla para ser llamados boletaires”, señala además que “mucha gente cree que el bosque es de todos y que las setas, producto gratis, no tienen dueño. Craso error”. “Las setas son, jurídicamente, ‘frutos naturales’, y como tales, son propiedad del dueño del terreno. Por lo tanto, lo que hacemos al coger setas es apropiarnos de algo ajeno, que está permitido en virtud del llamado ius usus inocui, es decir, derecho a usar lo que el dueño no usa, o dicho de otra manera, contamos con la tolerancia tácita del dueño. Lo mismo ocurre con los espárragos, hierbas, caracoles, etcétera”, explica el presidente de la asociación.

Indignación de las organizaciones forestales

Las carreteras del Montseny, incluso también dentro del Parc Natural​, convertidas en parkings improvisados por los cazadores de setas, han dejado este puente del 12 de octubre imágenes de actuaciones de “recreo multitudinario, ruidoso y contaminador”, según la organización de propietarios y empresas del sector forestal, que en una dura nota expresó su indignación. “El turismo y el uso recreativo de los bosques debe ser sostenible o no debe ser. Para ir a distraerse de mala manera hay otros espectáculos más llamativos”, añade el comunicado.

Caja con distintos tipos de setas / EUROPA PRESS
Caja con distintos tipos de setas / EUROPA PRESS

“Estamos sufriendo una invasión terrible. Hemos llegado a unos límites insoportables. No estamos diciendo que la gente de la ciudad no venga al campo, pero sí que lo haga en las condiciones necesarias para no deteriorarlo”, insiste. “Igual que en la ciudad está todo regulado, con semáforos, señales de STOP o carriles bici… queremos que las zonas forestales también tengan un control”, afirma Vila d’Abadal.

Los políticos echan balones fuera

“Sabemos que políticamente no es muy popular hacer leyes para regular la actividad de los boletaires. Los políticos no se atreven”, lamenta el presidente de la PEFC, que también fue alcalde de Vic (Barcelona). La inacción de las instituciones en este asunto también preocupa, por su parte, al representante de los amantes de las setas, que cree que la Generalitat no está defendiendo los derechos del sector. “Me temo que no demasiado”, asegura.

El presidente de la asociación boletaire aclara: “Regular la recolección de setas es muy impopular. De hecho, Cataluña fue el primer sitio donde se planteó, pero ningún Gobierno se atrevió a llevarlo a cabo. Hoy son muchas las comunidades autónomas que tiene regulación específica. En cualquier caso, en mi asociación siempre hemos sido partidarios de regular antes el negocio que el ocio, es decir, la recolección profesional antes que la esporádica o de fin de semana. Por otro lado, no se trata de cobrar una tasa y que, una vez pagada, se siga destrozando”, aclara.

Primero, pedagogía; luego, sanciones

Tanto los dependientes del campo como los amantes de las setas reclaman un mayor control disciplinario para paliar un problema de tanta relevancia como es la supervivencia del medio rural. “Lo que debe protegerse no son las setas, sino los bosques. Es inaudito que, en un parque natural, como el Montseny, se permita la libre recolección de setas (o castañas). En otros países nos han comentado que no lo entienden. Me temo que, dada la situación a la que se está llegando, las sanciones serán necesarias”, sentencia De Gregorio, para quien ya ha llegado el momento de aplicar medidas a los que no respeten la naturaleza.

“La ley debe tener su vertiente sancionadora, pero también debe ser educativa, pedagógica… De algún modo se debe poder recordar a la población de quién es el medio rural, decirle qué se puede hacer y qué no en el bosque, del mismo modo que la gente se sabe comportar en el cine o en el teatro”, coincide el representante forestal.

Tres setas en un bosque / EUROPA PRESS
Tres setas en un bosque / EUROPA PRESS

Compensaciones económicas a las zonas rurales

Como en tantos sectores, la solución de una crisis no es posible sin el apoyo económico necesario. Y la de este problema, todavía más. “Hay que encontrar una fórmula que permita compensar económicamente a la gente que vive en las zonas rurales y las cuida. Bastante mal lo pasan ya con los incendios forestales para que además tengan que redoblar sus esfuerzos para paliar los efectos de la masificación. Es necesario que nos ayuden”, señala Vila d’Abadal, quien recuerda que en Europa la mayoría de países tienen leyes para el campo y que en España otras comunidades autónomas tienen sus propias regulaciones.

El presidente de la PEFC opina que los boletaires, aunque no dejan maltrecho el bosque porque entienden de su importancia, también deben aportar su grano de arena para un mejor control del sector. “Hay gente que vive del boleto y no paga impuestos. También deberían colaborar a la subsistencia del medio”, señala.

Los ayuntamientos, parte de la solución

Más de 25.000 personas coparon el Pirineo y el Prepirineo en el puente del 12 de octubre, que ha puesto al rovelló en el punto de mira de los amantes de las setas en zonas como el Berguedà, la Cerdanya, el Ripollès y el Empordà. Las consecuencias han resultado desoladoras.

Setas entre las hojas del suelo en un bosque / EUROPA PRESS
Setas entre las hojas del suelo en un bosque / EUROPA PRESS

Lo que no puede ser es que el campo siga sufriendo”, sentencia el representante forestal, quien insiste en que “el modelo actual no es bueno. Los políticos han de ser valientes y regular los usos sociales del campo. Y los ayuntamientos han de participar en la solución y hay que darles las herramientas para ello”.

Unos pocos hacen mucho daño

Aunque la mayor parte del buscador de setas ha sido considerado con el medio natural, el comportamiento de algunos aficionados ha dejado bastante que desear. Como suele ocurrir en tantos ámbitos de la vida, unos pocos hacen mucho ruido y acaban pagando justos por pecadores. Responsables de los Agentes Forestales han confirmado que ya han puesto las primeras denuncias a vecinos de Barcelona por circular por pistas forestales por donde estaba vetado el paso. No obstante, el presidente de la Asociación Micológica Joaquim Codina reparte las culpas entre todos, no solo entre los amateurs de ciudad.

“Entre los boletos, las excursiones, las carreras, las motos, los coches y los incívicos están poniendo en peligro la biodiversidad. Cada vez es más necesaria la presencia de una policía del campo. Es injustificable que los Mossos y los Agentes Forestales vigilen de lunes a viernes, pero nadie patrulle el fin de semana”, advierte Vila d’Abadal.

La paciencia se agota

Algunos alcaldes, como Joan Oña (Bagà), también han expresado sus quejas porque “la gente se cree que la montaña es un párking gratuito”. Jesús Calderer, responsable de Medi Ambient del Consell Comarcal del Berguedà, denunció también ante las cámaras de Televisió de Catalunya que la gente que va a buscar setas “no aporta nada económicamente a la comarca, porque llevan comida, pero, en cambio, aparcan donde quieren, aplastan sembrados…”.

La radiografía que hace De Gregorio para analizar la situación que padece el bosque es de una gran dureza. “La ignorancia, la mala educación, o lo que es peor, la falta de la misma, tienen mucho que ver. Pero también tienen parte de culpa los programas de televisión que, con sus imágenes y comentarios, normalmente jocosos e irrespetuosos con la naturaleza, incitan a la gran masa, mayoritariamente urbanitas, a buscar el preciado tesoro. Los micólogos asistimos cada año a la destrucción a pisotones y bastonazos de muchas especies, algunas de ellas extremadamente raras, o incluso no descritas”, expresa de forma tajante.