Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Interior del párking del Skating Club / CG

Skating Club: de la pista de hielo a los hipercongelados

Un Carrefour y un párking ocupan el espacio del histórico centro de patinaje de Barcelona

Félix Montero
8 min

La pandemia del coronavirus ha arrasado con puntos emblemáticos de Barcelona. La obligación de cerrar durante tres meses y las posteriores restricciones han supuesto que numerosos establecimientos desaparezcan para siempre. Los cines Texas, la discoteca Metro y el Skating Club formaban parte del paisaje de una Barcelona que ya no existe. Un espacio vacío, una tienda de tés o un supermercado ocupan sus lugares y construyen una nueva ciudad cada vez más fría.

Los vecinos de la calle Roger de Flor, en el Eixample, recuerdan con cariño la vida que la pista de hielo Skating Club aportaba al barrio. “La calle estaba repleta de familias con niños y se respiraba alegría, el barrio ha perdido ambiente desde que la pista tuvo que cerrar”, recuerda con tristeza una vecina mientras entra a su portal, en el número siguiente a la entrada del club. Esta sensación es compartida por más residentes en los edificios cercanos, que añoran el ambiente que aportaba al barrio. Ahora, el lugar de la pista de hielo lo ocupa un Carrefour de más de 1.000 metros cuadrados.

Años de historia

El Skating se inauguró en 1974, cuando dos hermanos apostaron por abrir una pista de hielo en el centro de Barcelona. Adquirieron una planta y dos subterráneas, donde ubicaron un párking que todavía existe. Cuando los dos hermanos murieron, la viuda de uno de ellos heredó las instalaciones y las modernizó. Sin embargo, cuando llegó la pandemia y la pista tuvo que cerrar, se abrió un expediente de regulación temporal de empleo (ERE) a los 34 trabajadores que tenía en plantilla. Lo que parecía una decisión transitoria, acabo suponiendo la clausura definitiva.

La pista no estaba catalogada como recinto deportivo puesto que no cumplía las medidas necesarias para albergar una competición y no contaba con un club federado. Sin embargo, esto no suponía que su afluencia fuera baja. De hecho, organizaba concursos de patinaje, fiestas de cumpleaños y excursiones. “Era un espacio único, mi hija aprendió a patinar allí y le encantaba, pero desde que lo han cerrado no lo ha vuelto a hacer”, explica Antonio, un vecino del barrio. De hecho, en Barcelona solo queda la pista de hielo del FC Barcelona como espacio para patinar, pero ni abre todos los meses del año, ni permite el patinaje artístico.

El Carrefour Market que ocupa el espacio del Skating Club / CG
El Carrefour Market que ocupa el espacio del Skating Club / CG

Protestas ante el cierre

Una vez se anunció que la pista de patinaje cerraría, los vecinos del barrio se movilizaron para solicitar a la Administración Pública que la adquiriera. “Pensamos que es lo mejor para la salud del barrio y fomentar el deporte y un ocio sano, pero por desgracia no nos han hecho caso”, explica Montserrat, que vive cerca de la desaparecida pista.

El ayuntamiento descartó implicarse en la compra del Skating Club al considerar el contrato con Carrefour como "un acuerdo entre privados”. De hecho, el concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona, David Escudé, declaró que el coste era inasumible “desde el punto de vista jurídico y económico”. A su vez, la Federación Catalana de Deportes de Invierno (FECH) lamentó el cierre de la pista y resaltó la “falta de instalaciones en Cataluña para practicar deportes de estas características”.

Párking de hielo

Mientras la pista de hielo se ha convertido en un supermercado, el párking sigue activo. Con parcelas estrechas y un precio más elevado que el resto de los aparcamientos de la zona, el conductor se encuentra con carteles de pingüinos, orcas y un Mario Bros que invita a pagar en el cajero automático. Dos turistas franceses comentan la originalidad del párking a su salida: “Buscábamos un sitio por el centro de Barcelona y hemos encontrado este por casualidad, al entrar parecía que nos adentráramos en una especie de parque de atracciones subterráneo”.

Sin embargo, numerosos vecinos del barrio denuncian la incomodidad del párking, que recuerda constantemente a través de letreros que cierra los domingos y los días festivos. “Cuando vienen amigos a visitarme, lo primero que les recomiendo es que busquen otro aparcamiento por la zona. Este solo abre de 7.45 de la mañana a diez de la noche. Si el sábado llegas tarde, hasta el domingo no recuperas tu vehículo, con lo que el estacionamiento te puede salir a más de cien euros”, comenta María, residente de la zona.

Entrada al párking del Skating Club / CG
Entrada al párking del Skating Club / CG

Quejas por la incomodidad

Otra turista que estaciona su coche en el párking, Marta, comenta sorprendida sus horarios y la imposibilidad de acceder a él los domingos. “No entiendo cómo en una ciudad como Barcelona, con lo importante que es el turismo, estos estacionamientos no se adaptan a la posibilidad de que sus usuarios vayan a cenar o quieran pasear por la ciudad en festivo. Sería bueno para la economía de la ciudad y para ellos”, afirma. Sin embargo, el Párking de Hielo no es el único de la zona con estos horarios de apertura.

El aparcamiento tiene 46 plazas y un coste de 4,20 euros la hora. Mientras, el Párking Continental, en la misma calle, reduce ese precio a los 3,60 y otro aparcamiento situado unos metros más arriba, cobra la hora a tres euros.

Supermercado

La pista de hielo ha evolucionado en estanterías llenas de productos. El espacio en el que antes los jóvenes patinaban, los profesionales se entrenaban y las familias celebraban sus cumpleaños, ahora lo ocupa un Carrefour de más de mil metros cuadrados. Con techos más amplios de los habituales para un supermercado, el comercio abre todos los días de lunes a viernes. Preguntados por su idoneidad, los vecinos destacan su tamaño y la variedad de productos, aunque algunos aprovechan para recordar el antiguo club de patinaje sobre hielo.

La conversión del Skating Club a establecimiento alimentario se ha dado en otras ocasiones en la ciudad. El cine Urgell, en el Eixample, se convirtió en un Bonpreu y el  espacio del desaparecido cine Niza, en la Sagrada Familia, lo ocupa un Mercadona.