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Sofía, la dueña del bar La Pepita de Barcelona, con sus particulares 'comensales' / PB

El método para mantener la distancia social con humor: muñecas hinchables

El bar La Pepita llenó su barra con estas ‘visitantes’ durante el confinamiento y ahora las usa para marcar dónde pueden sentarse sus clientes

Paula Boira Nàcher
5 min

A la dueña del bar La Pepita, ubicado en el barrio de Gràcia de Barcelona, le daba pena ver su establecimiento vacío durante los meses de confinamiento y llevó a la práctica una idea alocada. Compró unas cuantas muñecas hinchables y las situó en la barra, una forma de recuperar la normalidad en el local con grandes dosis de un humor muy necesario en los momentos más duros de la crisis del coronavirus.

“Cerramos el 13 de marzo y no abrimos hasta la tercera fase, porque nuestro local es todo barra”, relata la empresaria, Sofía, a este medio. “Queríamos que desde fuera se viera lleno, así que compramos muñecas hinchables, las vestimos y las repartimos por las mesas”, dijo, además de arrancar alguna que otra sonrisa a los vecinos.

Muñecos repartidos por la barra del bar La Pepita del barrio de Gràcia de Barcelona / BP
Muñecos repartidos por la barra del bar La Pepita del barrio de Gràcia de Barcelona / BP

Con la nueva normalidad, las nuevas inquilinas del bar han asumido otro cometido. Ahora son un elemento indispensable para garantizar la distancia de seguridad entre los clientes. Llenan los huecos marcados por las restricciones de aforo e impiden, a la vez, que nadie rompa la norma de dejar un espacio entre los grupos sociales para evitar una nueva propagación del virus.

No perder el humor

“El coronavirus es un asunto muy serio, pero queríamos hacer algo que mantuviera el buen humor”, relata Sofía. Tras aprovechar las primeras semanas del confinamiento para pintar y reformar el local, explica que sintió “mucha tristeza” al verlo vacío.

Señala que su idea era sacar partido de la gran cristalera que tiene el establecimiento. Colocaron los muñecos por las mesas y las barras y les pusieron copas y “algo de picar”. “Queríamos que la gente viera La Pepita como antes de la Covid-19”, en palabras de su dueña.

Clientes encantados

Asegura, asimismo, que la nueva función de marcadores de distancia social ha sido muy bien acogida entre los habituales del local. “A los clientes les ha encantado. La gente los pinta, se los lleva a casa e incluso de vacaciones. Nos han enviado fotos con ellos en bicicleta, en la playa o haciendo barbacoas”, indica.

Las muñecas hinchables del Bar Pepita de 'vacaciones' con unas clientas / BP
Las muñecas hinchables del bar La Pepita de 'vacaciones' con unas clientas / BP

Incluso se han convertido en otro elemento de márketing del bar. La propietaria ha creado una cuenta en Instagram en la que cuelga las instantáneas que les hacen llegar los clientes con las muñecas. Le ha puesto un nombre que es toda una declaración de intenciones: “Fuck COVID” (Que le den al Covid).

Los muñecos, en opinión de la restauradora, “crean buen rollo y una sinergia increíble con la gente para ayudarles a cambiar un poco el chip”.

Un verano raro pero con ánimo

La Pepita no es el único negocio de Sofía. También gestiona el restaurante La Cava en la calle Córcega de la capital catalana. La empresaria reconoce que es uno de los “veranos más raros” que ha vivido. La pandemia ha afectado la buena marcha de los establecimientos, pero no sólo eso. “Nos afecta a todos, por lo que mando muchos ánimos y energía para que esto [la pandemia mundial] pase rápido y con el mayor buen rollo posible”.

“Dejando un poco de lado la seriedad, ayudas a que la gente se olvide un rato de lo malo”, destaca. La restauradora afirma que esta es la máxima que se aplica en sus negocios. “Queremos que en nuestra casa vengan a disfrutar y pasárselo bien. La vida sigue”, sentencia.