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Marihuana encima de una mesa / PIXABAY

La marihuana ganó adeptos durante el estado de alarma de marzo

A pesar de las medidas restrictivas que dificultaban su compra, durante la reclusión hubo ciudadanos que se iniciaron en el consumo de cannabis

7 min

Desde los distintos organismos públicos se ha hablado mucho de cómo vivieron el estado de alarma de marzo las personas drogodependientes, en un momento en que la imposibilidad de salir a la calle restringía tanto la venta como la compra de sustancias estupefacientes. En este caso, la adicción ya existía, y en todo caso, se agravó, o no, pero, ¿Ha habido personas que se han iniciado en el consumo de sustancias nocivas a raíz de la pandemia?

Campeones en consumo de marihuana

Cabe destacar que España es el cuarto país de la UE en consumo de cannabis en jóvenes, con un 18,3% entre aquellos que tienen entre 15 y 34 años. Se trata de una hierba defendida por muchos, y defenestrada por otros. Sea como sea, la administración la considera una droga por su comportamiento adictivo.

Según datos del Observatorio Español de las Drogas y Adicciones, 3 de cada 10 consumidores de marihuana mantuvieron el consumo durante el encierro de marzo, mientras que 2 de cada 10 lo aumentaron, tratándose de la droga que presenta unos resultados menos alentadores en cuanto a su progresión. Estas cifras, sin embargo, no incorporan a las personas que nunca antes habían consumido esta sustancia.

Salida de emergencia

“En casa, encerrado, en paro, y sin hacer nada” así se define Pau, un joven mallorquín de 23 años que empezó a consumir marihuana a raíz del confinamiento de marzo. “Estaba muy ansioso, me subía por las paredes, y obviamente conocía los efectos de la hierba, porque no soy tonto”, explica, y añade que “yo sabía que un vecino de la finca vendía, un día subí, le pedí que me dejara probar, y hasta hoy”.

En este contexto, es consciente de que no es un buen habito: “en estos momentos me considero adicto, porque realmente necesito mucho la hierba para estar en paz y estable, cuento los minutos para poder hacerme el siguiente porro, y el tiempo no me pasa”, detalla.

Lo hacemos y ya vemos

Cuando se decretó el primer estado de alarma, el gobierno fijó que los estancos podían mantener su actividad, para así abastecer los hábitos tabáquicos del 22% de los españoles que aseguran fumar a diario, según datos del INE y de la Asociación Española contra el Cáncer. Sin embargo, no se tuvo en cuenta que habría gente que haría lo que fuera para poder salir a la calle.

Hombre fumador

 

Un hombre se fuma un cigarro / PIXABAY

De la misma forma que hubo personas que se compraron mascotas para sacarlas a pasear, ha habido gente que, con tal de pasearse, iba al estanco, compraba tabaco, y ya por probar, fumaba. “En casa somos seis, y para decidir quién iba a la compra era una guerra, de la que yo decidí desvincularme”, explica Josep Maria, joven de 25 años, no fumador hasta antes de marzo. “Un día me harté, y opté por ir a comprar tabaco. La verdad es que no pensaba fumármelo, pero un día probé uno, dos, tres, y ahora me fumo una cajetilla cada dos días”, relata.

La razón de ser

En primer lugar se tiene que considerar que la pandemia ha cambiado la sociedad, ha variado la estructura de prioridades y ha confrontado a las personas contra sus propios miedos y debilidades. “Cuando hay eventos que quedan fuera de nuestro alcance, se ponen en marcha mecanismos psicológicos de defensa”, explican desde UniADIC, centro especializado en adicciones. Y añaden que, “en el momento en que perdemos el control, entramo en una crisis, que es individual, a pesar de que hay una tensión generalizada”.

En este contexto, se produce una reacción adaptativa de tipo mixto ansiosodepresiva, que consiste en que “cuando algo me sucede, en este caso una pandemia, mi cerebro busca la forma de protegerse y se adapta”, detallan. Por otra parte, dicen, “es de tipo mixto, porque paso de la ansiedad a la tristeza, la primera es por la falta de control, y cuando esta me vence, paso a la tristeza, de la que busco formas de resarcirme, como son las drogas”.

Mecanismo de relajación

Un elemento a destacar es que la sociedad lleva más de siete meses inmersa en una realidad alejada de su cotidianidad anterior a la pandemia. La ciudadanía vive con el miedo a perder el trabajo o a que la vuelvan a encerrar en casa.

En este sentido, "cuando una reacción adaptiva se sostiene más de seis meses, en términos médicos se empieza a hablar de estrés postraumático”, apuntan desde UniADIC. Este trastorno incluye síntomas como son las alucinaciones, la ansiedad o perder el interés por las aficiones e intereses.

Crisis mental por la reclusión

Además, durante el primer estado de alarma ha habido ciudadanos que han tenido episodios de ansiedad, nerviosismo y tristeza, o que a raíz de discusiones en el ámbito doméstico, necesitaban recurrir a los centros sanitarios para recibir atención especializada.

El problema está en que “en ese momento no eran la prioridad, porque estaba muriendo gente, y lo que hacían estas personas, conocedoras de sus efectos relajantes y eufórico, era recurrir al tabaco, el alcohol y la hierba”, detallan.

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