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Imagen del vigilante de unas obras de las que se encarga uno de los clanes de La Mina / CG

Los clanes de la Mina hacen el agosto con la 'limpieza' del Raval

Los supermercados de la droga se mueven al fronterizo barrio de Sant Adrià tras las razias policiales en Barcelona; hay 12 narcopisos y vuelve la vigilancia ilegal de obras

24.06.2019 00:00 h.
6 min

El problema de la droga, ¿acabado? No tan rápido. Los clanes de la Mina están haciendo el agosto con la limpieza policial del distrito de Ciutat Vella de Barcelona. Los grupos especializados se han hecho fuertes con los estupefacientes (hasta el punto que ya hay 12 narcopisos en el barrio fronterizo) y la vigilancia ilegal de obras, que ha vuelto mediante empresas-pantalla.

El Ayuntamiento de Sant Adrià de Besòs prefiere no pronunciarse y dejar trabajar a la policía. A mediados de junio, el alcalde, Joan Callau (PSC), volvió a exigir al presidente catalán, Quim Torra, más efectivos de los Mossos d'Esquadra en el municipio. Ya lo hizo en enero, sin éxito. Fuentes no oficiales del cuerpo policial admiten que el barrio fronterizo "está fuera de control". ¿A qué se refieren?

"El Raval se ha movido aquí"

Vecinos de la zona con ascendente explican que "ya hay 12 narcopisos contabilizados". Los controlan, dicen, "los de siempre". ¿Los clientes? "Los que antes vendían en el Raval y que ahora se refugian aquí. El problema de la droga no ha acabado, como dicen los Mossos, simplemente se ha concentrado en esta área, donde molesta menos y es menos visible", se quejan. Ello se nota en la sala de venopunción, que se estrenó en julio de 2017. "Ha llenado el barrio de yonquis", avisa esta voz que, como la mayoría, prefiere no aportar su nombre.

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Mossos d'Esquadra durante la Operación Suricata que limpió el Raval de narcopisos / CG

"No es que vengan los usuarios a tratarse. Es que algunos venden droga desde los pisos y las azoteas. Esto se está volviendo como los años 80", critican. De hecho, la comisión de la sala de venopunción tiene datos sobre consumo de droga, pero no los revela. Oficialmente, el equipamiento sanitario atiende a 100 personas al día, siendo la mayor de Cataluña. El 80% de pacientes viven en Barcelona, como avanzó La Vanguardia. Muchos de ellos son de Europa del Este, apuntan los vecinos.

Vuelve la vigilancia ilegal

Hay más. Además de heredar el tráfico de cocaína y heroína, los clanes de la droga han irrumpido de nuevo en la vigilancia ilegal de obras. Lo explica Paula, una vecina que sí aporta nombre, aunque falso. "Los ves en la promoción de Metrovacesa en la calle Ramon Llull, 495. Y es la primera de muchas otras que vendrán", lamenta. Según ella y de nuevo, Los Manolos y otros clanes que controlan la vigilancia de la construcción han vuelto tras la detención en julio de 2017 del concejal del PSC Juan Carlos Ramos por, presuntamente, connivencia con estas familias.

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Vigilancia de obras a cargo de uno de los clanes de la droga de La Mina / CG

¿Qué hay de cierto en ello? Metrovacesa no ha contestado a los requerimientos informativos de este medio. Roig Construcciones, que edifica para la cotizada, ha señalado que "no le consta vigilancia en el lugar". En las adjudicaciones públicas, el Consorci de la Mina asegura que "todo es legal". Se encarga de la seguridad IB2 Seguretat, una firma con sede en Girona. Este medio acudió a la promoción de lujosos pisos con piscina en la azotea. Efectivamente, operarios y vigilante confirmaron que éste hace las labores de control de acceso y materiales en la promoción inmobiliaria. "Si no contratan a esta gente no pondrían un pie en la Mina", confirman voces de la comunidad gitana. En síntesis: los clanes han vuelto al negocio.

La policía ni entra

El descenso a los infiernos de la Mina contrasta con la confianza mostrada por los cuerpos policiales tras la Operación Suricata, que el jueves limpió de narcopisos el distrito de Ciutat Vella de Barcelona con 1.000 agentes de Mossos d'Esquadra, Guardia Urbana y Policía Nacional. Tras la intervención, Benito Granados, jefe de la Guardia Urbana en el distrito, aseguró que el fenómeno de los narcopisos "se ha acabado". Ello es así, a medias. En la frontera entre la Ciudad Condal y Sant Adrià, los supermercados de la droga crecen, se multiplican y funcionan a pleno rendimiento.

"Es evidente que la elitización del barrio del Raval de Barcelona requería de una limpieza --explica un conocido vecino de la Mina--. Lo que nadie esperaba es que, como siempre, esta zona absorbiera todo aquello que la capital catalana no quiere. Somos el patio trasero". La situación es tan dramática que la policía municipal de Sant Adrià ni entra en el barrio. ¿Y los Mossos? "No salen de comisaría. No tienen efectivos. Cuando los llamamos, llegan 30 minutos tarde para no encontrarse el marrón", apostillan dirigentes de la comunidad romaní.