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Uno de los jueces que dictó sentencia del caso sobre 'La Manada', en la pantalla instalada en la sala de prensa de la Audiencia de Navarra / EFE

¿Son los jueces inmunes a la presión social?

El poder judicial se enroca ante los reproches por su actuación en casos como el de 'La Manada', reclama respeto y no hace autocrítica

30.04.2018 00:00 h.
6 min

“Se creen intocables. No soportan la crítica, la entienden como un ataque a su independencia. Dicen que se sienten presionados. No viven en un mundo real”. Así se expresa un portavoz de la Asociación de Usuarios de la Justicia (AUJ) sobre los comentarios y proclamas, explícitos y velados que, desde que se dictó la sentencia por el caso de La Manada, ha recibido el colectivo judicial por parte de diversos sectores de la ciudadanía que han tomado las calles.

Según fuentes de esos sectores indignados, los jueces se defienden de ese clamor popular cerrando filas y blindándose en una muestra más de corporativismo “al que ya nos tiene acostumbrado este poder del estado cada vez que se le cuestiona”.

Una de muchas sentencias

“La gente tiene derecho a opinar y a criticar, pero deben saber que ésa es sólo una sentencia de las miles que sobre delitos sexuales dictamos cada año los tribunales de toda España; sentencias que pasan desapercibidas porque son incuestionables”. Lo dice Montserrat Comas, magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona y portavoz de la asociación Jueces para la Democracia. Sin embargo, la sentencia sobre La Manada está siendo cuestionada.

La resolución será recurrida pero, de momento, está sometida al escrutinio popular de quienes, en su inmensa mayoría, no tienen conocimientos jurídicos. Esta es precisamente una de las cuestiones que enerva a los jueces y fiscales. Y no sólo a ellos. En una sorprendente declaración, el abogado navarro de la joven agredida por La Manada, Carlos Bacaicoa, defendía la actuación del tribunal y se alineaba con aquellos que reclaman independencia y respeto por los jueces.

Cambiar la ley

Bacaicoa ha manifestado, ante la marea de críticas en la calle por una sentencia que sólo contempla abuso y no agresión sexual, que “no comparto la sentencia, pero ellos [los jueces] han actuado en consciencia y según la ley”.

Es un criterio que también sostiene el prestigioso jurista y abogado experto en derecho penal y económico Ricardo Gómez de Olarte para quien el "problema es la ley, no los jueces. Cambien la ley, si no les gusta. Es legal, y así está estipulado, que la apreciación de la prueba es libre. Si eso no nos gusta, cambiemos la ley pero coloquemos, entonces, a un notario en cada tribunal para que de fe de lo que allí se hace".

Independencia y prepotencia

El discurso recurrente de la judicatura deja entrever, en cierta medida, algún guiño de supremacismo intelectual como cuando se critica la poca capacitación de un ciudadano medio sin conocimiento de derecho para opinar de autos y sentencias. Carles Monguilot, abogado y doctor en derecho penal, añade: “Reconozco que me resulta difícil hablar de derecho penal con mi carnicero, pero todos hemos de entender, los jueces los primeros, que todo el mundo tiene derecho y opinión cualificada para hablar de justicia. Una cosa es la justicia y otra el derecho penal”.

Asociaciones feministas, la propia Asociación de Usuarios de la Justicia, sindicatos y colectivos jurídicos pertenecientes a las comisiones de defensa de los colegios de abogados coinciden, sin embargo, en que los jueces no deben vivir tras ninguna coraza protectora. También consideran que los magistrados deben saber que, como poder del Estado, están sometidos al control y escrutinio de los mecanismos disciplinarios creados a tal efecto, así como a la lupa y aguijón de los medios de comunicación, que no deben renunciar a estar alerta ante los excesos e impunidades del poder.

Poco acostumbrados a críticas

La sentencia sobre La Manada y algunas de las controvertidas decisiones del juez Pablo Llarena, instructor del caso sobre el procés, han hecho de estos operadores jurídico-judiciales, elementos de tertulia social, como los son, por ejemplo, los jugadores y entrenadores de los equipos de fútbol de Primera División. Esos jueces y fiscales, desde sus atalayas, lo llevan mal o muy mal y responden (explícita o implícitamente) replegando velas y actuando de forma reactiva, pero, a la vez, a la defensiva.

¿Son inmunes los jueces a la presión social? “No, no lo son”, ha explicado a este medio un magistrado de la Audiencia de Barcelona. “El ego de un juez se multiplica y se diluye con una extraordinaria facilidad”. Quizá por ello, porque saben de su extraordinaria vulnerabilidad cuando andan desprotegidos de toga, no soportan las críticas inclusos cuando se las merecen.