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Un plato de gamba blanca / CG

La abundancia de gamba blanca en aguas catalanas reanima el sector pesquero

Los científicos relacionan la mayor presencia de la especie en esta zona del Mediterráneo con el aumento de la temperatura del mar

17.12.2016 00:00 h.
4 min

A la conocida como gamba de Palamós le ha salido competidor. Desde hace dos años, la costa catalana se ha convertido en hábitat adecuado para la proliferación de especies que, hasta el momento, no eran muy habituales. Es el caso de la gamba blanca, propia de aguas más cálidas, que han entrado en escena por todo lo alto.

La gamba blanca de Huelva es la más conocida y la triunfadora en las comidas navideñas de la zona. Aparte de aguas andaluzas, las costas de Murcia y el sur de Valencia también son hábitat histórico de esta especie, aunque sus enclaves preferidos son la zona de África, Mauritania y Marruecos. Sin embargo, en los últimos dos años, el crustáceo ha empezado a expandirse hacia el norte, hasta llegar al golfo de León.

Éxito en las lonjas

Los pescadores están contentos. A su captura de gamba tradicional se ha añadido ahora la gamba blanca. “Está muy bien de precio, antes se vendía a 12 euros el kilo y ahora se ha triplicado, llega a los 36”, asegura José Antonio Caparrós, un histórico armador del puerto de Barcelona. Explica que nunca se había visto algo así en la costa catalana, y que abre una nueva vía de negocio para los barcos pesqueros.

El aumento de la presencia de la especie ha sido tal –“hay 10 veces más que antes”– que ha empezado a exportarse a Madrid e incluso al sur, donde es mucho más común. “En estas zonas se aprecia más, aquí todavía no tiene mucha aceptación”, afirma Caparrós. La gamba de Palamós, la roja, todavía gana. La blanca es más dulce y menos grasa.

¿Por qué ahora?

Las especies de animales buscan siempre expandir su territorio. Aunque todavía no se ha estudiado el tema en profundidad, el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) ha podido constatar un aumento abrupto de la gamba blanca frente a la costa catalana. A falta de una tesis oficial, la hipótesis que más se impone sobre las causas es el cambio de temperatura del agua del mar, según explica Pere Abelló, investigador científico del ICM-CSIC.

La gamba blanca se cría en aguas cálidas a una profundidad de entre 150 y 500 metros, a unos 15 grados. La roja, en cambio, se captura a entre 500 y 800 metros de profundidad, más lejos de la costa. “Al incrementarse la temperatura de las aguas del Mediterráneo, se han sentido cómodas expandiéndose hacia el norte”, indica Abelló.

Según el científico, “la mayor proximidad de la gamba blanca es una ventaja para los pescadores: les ahorra combustible y otros recursos”. El precio al que se venden, sin embargo, es menor que el de la gamba roja. Los costes y beneficios se compensan.

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