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El vaginismo es un trastorno de origen psicosómatico que contrae los músculos de la vagina e imposibilita cualquier tipo de penetración.

El vaginismo, el dolor que muchas mujeres ocultan

Los especialistas sostienen que está más extendido de lo que se cree, pero que solo emerge cuando las parejas quieren tener hijos y buscan ayuda profesional

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El vaginismo es un problema mucho más extendido de lo que se piensa aunque, paradójicamente, no se dispone de mucha información al respecto que demuestre su alcance real. Los especialistas aseguran que afecta a “muchas más mujeres de las que imaginamos”, pero que no es un asunto que esté tolerado socialmente y que, en consecuencia, no se habla de ello.

La mayoría de mujeres lo sufren en su intimidad, junto a sus parejas de toda la vida, y solo deciden dar un paso al frente cuando quieren quedarse embarazadas. Se trata de un trastorno de origen psicosomático que contrae los músculos de la vagina e imposibilita cualquier tipo de penetración, ya sea durante el acto sexual, en una revisión ginecológica rutinaria o en el uso de tampones durante la menstruación.

La cirujana plástica Patricia Gutiérrez y la psicológa y sexológa María Pérez Conchillo son dos de las profesionales más reconocidas en este ámbito y han accedido a explicar en Crónica Global su experiencia desde la perspectiva quirúrgica y psicológica respectivamente porque entienden que la solución solo puede ser “multidisciplinar”.

Causas psicosomáticas

Gutiérrez asegura que solo en su clínica privada de Valencia puede realizar diez operaciones de este tipo al año, y que en todas ellas observa un mismo patrón que no apunta a que la causa sea fisiológica: “Lo que yo he observado es que no hay ninguna lesión de los músculos ni nada por el estilo; por eso la operación quirúrgica tiene que estar sustentada en una terapia de apoyo tanto a la paciente como a su pareja”.

"En la mayoría de ellas no hay un antecedente de abusos sexuales. En la literatura antigua se decía que era una de las causas del vaginismo, pero puedo decir que de todas las pacientes que he tratado ninguna presentaba estos antecedentes", prosigue Gutiérrez.

La doctora María Pérez Conchillo, por su parte, señala el “miedo” como una de las causas principales: “Los motivos pueden ser muchos, pero generalmente todos derivan de algun miedo: a tener relaciones, al dolor. Muchas veces se deben a creencias educativas y familiares. Hay un miedo, esa zona [vagina] es la gran desconocida y en el momento de una relación sexual se bloquean, contraen la zona y allí no cabe ni un alfiler”.

Desde a licenciadas a amas de casa

El perfil de mujeres que sufren de vaginismo es muy heterodoxo. “Desde licenciadas, mujeres con cultura e independientes económicamente hasta amas de casa”, afirma Gutiérrez.

La mayoría de las pacientes son primarias, que significa que nunca antes han tenido una relación sexual. “Son vaginismos que están arrastrando desde toda la vida”, dice Pérez Conchillo. “Muchas veces piensan que ya se solucionará y tienen relaciones sexuales que no incluye la penetración. Pueden tener orgasmos. Y cuando quieren ser madres, generalmente, es cuando van a buscar ayuda”.

Ambas especialistas coinciden en que no es “un tema anecdótico”, sino que afecta a muchas mujeres y, de rebote, a sus parejas: “Tienen parejas muy estables en el tiempo, que se han conocido desde jóvenes y se han descubierto sexualmente el uno al otro y se han acostumbrado a eso. Viven bien”, zanja a este respecto la psicóloga.

¿Cómo se supera?

La cirujana Gutiérrez asegura que el trabajo conjunto entre las distintas disciplinas es fundamental: “Nos apoyamos muchísimo en el equipo de psicología y sexología porque hay muchos fantasmas allí tapados y yo, como cirujana plástico, no es mi especialidad”.

Gutiérrez realiza intervenciones quirúrgicas en las que infiltra bótox en la impronta de la vagina para que los músculos dejen de estar agarrotados. “Notas la vagina como una piedra, es una contractura importante. El bótox sirve para intentar solucionar estas contracturas musculares”, explica.

Tras la operación, llegan los ejercicios pautados que manda la psicológa, con “dilatadores de distintos tamaños” que ayudan a que se exploren y reconozcan su propio cuerpo hasta “ver que ya no hay ningún problema”.

Ambas constatan que no es un problema irreversible. El principal obstáculo es que las mujeres que lo sufren solo se atreven a hablar después de muchos años.