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A -196 grados: probamos el tratamiento antiedad de los famosos

A -196 grados: probamos el tratamiento antiedad de los famosos

La crioterapia, una sesión de frío extremo, divide a partidarios y médicos mientras arrasa entre las 'celebrities'

9 min

A 196 grados bajo cero. La crioterapia es el tratamiento antiedad que arrasa entre los famosos y que se está colando con fuerza en España. No obstante, su uso divide a partidarios y detractores. Unos destacan sus beneficios terapéuticos, mientras que algunos facultativos advierten de "graves riesgos" para la salud.

Crónica Global se ha desplazado a uno de los centros que tiene una criosauna: IM Clinic, situado en Sant Cugat del Vallés (Barcelona). Utilizado por deportistas de élite --se comenta que algunos conocidos futbolistas catalanes acuden allí--, la clínica es el único centro sanitario en Cataluña, y de los pocos en España, que cuenta con una criosauna.

Antes de entrar, el doctor David Vázquez Corbacho, experto en Medicina Estética, informa del funcionamiento. "Se trata de generar un frío extremo con un recipiente de nitrógeno líquido. El aparato actúa de vasoconstrictor; aumenta la presión arterial y tiene un efecto analgésico: rebaja las moléculas IL6 y IL7, causantes de la inflamación muscular".

"El aumento de la presión vascular y el cambio en la cantidad de oxígeno que tiene la piel genera una sensación de bienestar durante unas horas. Es incluso un potenciador del deseo sexual", agrega.

¿Qué nos pasará?

Vázquez agrega que la exposición a la criosauna "debe ser durante un tiempo prudencial", pues el frío extremo puede dañar el organismo.

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La crioterapia alcanza una temperatura de 196 grados bajo cero / CG

Sentados en su despacho en la coqueta clínica, le preguntamos a qué riesgos nos exponemos. "Embarazadas, gente con la presión arterial elevada o en tratamiento por ello o personas con riesgo vascular no deberían usarla. Tampoco individuos con alergia al frío o la enfermedad de Raynaud, que es la decoloración de extremidades cuando cae la temperatura", señala.

Quizá por ello, el centro obliga a firmar una hoja de consentimiento de uso de la tecnología. El documento explicita los riesgos a los que se expone el paciente.

Un inicio agradable

Ni las advertencias del doctor Vázquez ni ningún otro documento prepara al paciente para lo que le espera. Un amable enfermero nos guía a una cabina en la planta -1 de IM Clinic. Allí está nuestra máquina. El cuidador nos ordena enfundarnos un batín y zapatillas.

Tras ello, empieza la sesión. "La máquina se calentará, luego experimentará un frío agradable. Después, en tercer lugar, empieza la sesión. Sobre todo muévase", indica. Moverse, ¿para qué?, pensamos.  "Así no peligran las extremidades", zanja inquietante.

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Entramos en la criosauna para someternos a una sesión de crioterapia / CG

Tras las breves instrucciones, el profesional nos coloca un biombo que tapa cuello y hombros: sólo la cabeza asoma por el techo de la criosauna. La máquina arranca y gana temperatura con suavidad, tal y como nos han avanzado.

Tras unos segundos, la temperatura cae a -5 grados. Contra lo que pudiera parecer, es un estado agradable. Contrasta con el calor sofocante exterior y permite moverse en círculos, como ha ordenado el sanitario. En aquel momento, y cuando el paciente no se lo espera, el nitrógeno golpea.

"Winter is here"

Como si de Más allá del Muro se tratara, el mercurio se desploma en picado. El gas azota el cuerpo y agobia. El nitrógeno sofoca y angustia. Se cuela por los huecos de la tapa, penetrando en orificios nasales y bucales, cubriendo el rostro, asfixiando.

 

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Dentro de la criosauna, es recomendable rotar y golpear el suelo con las piernas para evitar la congelación / CG

"Gire sobre sí mismo. No cierre los ojos. Piense en una canción que le guste", enumera lacónico el profesional. Es en vano. Ni Despacito consigue diluir la inquietante sensación de que nos estamos congelando. El termómetro marca -140 y la sensación de ahogo es extrema.

"Imagine la playa. El calor de fuera y lo fresquito que está usted aquí", prosigue nuestro acompañante. De poco sirve. Fantaseamos con el bochorno exterior y en los arenales más calurosos de la costa catalana. Pero son flashes, pensamientos huidizos. El gas lo invade todo, la criosauna es demasiado estrecha para rotar y la corona impide rotar.

Es entonces cuando empezamos a tiritar incontroladamente. La mente se nubla y las extremidades apenas se sienten. Estamos a 196 grados. Es momento de decir basta. "Quizá es momento de apagar", sugerimos.

Es lo que ocurre. El joven desactiva el programa. La temperatura empieza a subir. Bajamos del aparato. ¿"Cómo se siente?". Horrible, ahogado, exhausto y al borde de desfallecer. Es entonces cuando nos fijamos en el cartel de la pared: "Peligro de asfixia". Y en la advertencia que el practicante hizo antes de entrar. "Yo estoy aquí por si se desmaya". ¿Hemos pecado de ingenuos?

"Tiene muchos riesgos"

Según IM Clinic, no. El centro ve perfectamente seguro el aparato. Es una máquina registrada y aprobada por las autoridades sanitarias. También lo percibe como confiable Gaspar Angelones, uno de los únicos distriuidores de aparataje de crioterapia a nivel nacional.

"Hay muy pocas contraindicaciones. Es una terapia muy natural", subraya el comercial.

No lo ve así Petra Vega, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME). "Hay muy poca literatura científica sobre la materia. Las evidencias científicas en wellness son escasas. ¿En medicina deportiva? Sí, es un antiinflamatorio. Pero, ¿vale la pena correr los riesgos?

Los peligros que enumera la doctora Vega son múltiples. "La publicidad de la crioterapia esconde mucho. No debería ni acercarse mucha más gente de la que la usa. ¿Cómo sabe uno que tiene una cardiopatía congénita? ¿O que puede sufrir uno un ictus por el cambio de riego sanguíneo?", lamenta la facultativa.

La directiva insta a "vigilar las máquinas extrañas" que no tengan el certificado CE. "Y a comprobar si está aprobada por Sanidad", concluye.

'Lo peta' entre los famosos

Las advertencias del galeno no han frenado una tendencia que está en auge. Cristiano Ronaldo se compró una criosauna para su casa en 2013. Con él, como reza el tópico, empezó todo en España.

Allende las fronteras, el futbolista Jamie Vardy, el atleta Mo Farah, los NBA Kobe Bryant o Lebron James o la cantante y actriz Lindsay Lohan son adictos a este tratamiento.

Cada vez más vips y deportistas entran en saunas como la de IM Clinic o en cabinas colectivas en las que congelarse.

Lo harán desafiando una experiencia que bordea lo traumático y la advertencia de la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que alertó de que "no existían máquinas de crioterapia con beneficios médicos probados".