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Los expertos instan a que se mejoren los absorbentes para la incontinencia urinaria ante las infecciones y el estigma social

Un estudio de UIC Barcelona advierte de que priorizar el ahorro frente a la calidad técnica de estos productos dispara las complicaciones médicas y empeora la vida de los siete millones de afectados en España

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En España, siete millones de personas tienen problemas de incontinencia urinaria —la pérdida involuntaria de orina asociada—, más del 15% de la población.

A pesar de esta prevalencia, que es especialmente elevada en personas mayores, se conoce poco el impacto que puede tener en la cotidianidad, pues su trato como cuestión tabú en la sociedad hace que vaya más allá de una incomodidad física.

La vergüenza y el estigma social asociados a las pérdidas de orina provocan que los pacientes tarden una media de tres años en ser diagnosticados.

Y una vez se ha reconocido padecer pérdida de orina, muchos pacientes tienen miedo a las fugas o al olor, lo que a menudo lleva al aislamiento social.

Para paliar estas consecuencias, los productos absorbentes son la herramienta principal, que garantiza, además, que estas personas puedan mantener su autonomía.

Absorbentes ineficientes

En esta línea, un nuevo estudio del Instituto Universitario de Pacientes de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC Barcelona) advierte de que el abordaje de la incontinencia debe conllevar más que la actual simple gestión de un suministro.

Resulta imprescindible que estos productos cuenten con estándares rigurosos, como una adecuada velocidad de absorción y la inclusión de polímeros superabsorbentes (SAP).

Médico con un paciente

Médico con un paciente 12RF / akkamulator

Solo así se consigue mantener la piel seca y evitar la rehumectación, previniendo graves cuadros clínicos como la dermatitis o la aparición de lesiones por presión y úlceras que acaban en reingresos hospitalarios.

Así pues, según los expertos de esta universidad, la evaluación de la coste-eficiencia de estos productos debe basarse en el valor que aportan a la salud y no únicamente en el precio.

Actualizar la inversión

La carga económica global de la incontinencia urinaria en Europa asciende a unos 69.100 millones de euros anuales.

Para contener este gasto, los investigadores, apoyados en la metodología de Consenso de Expertos, proponen un cambio de paradigma: centrar el modelo en las necesidades clínicas y funcionales reales de cada paciente.

Además, el texto exige "proteger la innovación" para garantizar la inversión en materiales de alta tecnología.

Enfermería al mando

Para que el modelo sea realmente coste-eficiente, el estudio recalca que la prescripción clínica de los absorbentes debe estar liderada por los profesionales de enfermería.

Esto permitiría incorporar la "valoración funcional" de cada caso particular, huyendo del infratratamiento o del sobretratamiento.

Una enfermera, ordenando medicación

Una enfermera, ordenando medicación Cedida

"Las necesidades de quien conserva su autonomía y sale a diario no son las de quien pasa la mayor parte del tiempo en cama", apunta el documento.

Poder elegir entre distintos tipos de producto y ajustar la frecuencia de cambio es fundamental para garantizar un cuidado de calidad, mantener la autonomía del paciente y retrasar la institucionalización temprana.

La salud menstrual también

Este debate sobre el acceso a productos de calidad guarda un paralelismo con las recientes reivindicaciones en torno a la equidad y la salud menstrual.

Al igual que ocurre con la llamada "pobreza menstrual" —donde el alto coste de compresas y tampones obliga en ocasiones a alargar su uso más allá de lo recomendado, aumentando el riesgo de infecciones—, abaratar la atención en la incontinencia priorizando el precio del absorbente sobre su calidad técnica se traduce en un riesgo directo para la salud, que merma la dignidad del paciente y termina encareciendo los cuidados.