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Cuando conoció la International School of Temple Arts, tenía 24 años y estaba en plena "busca personal", navegando cómo gestionar la relación con sus padres y explorando su sexualidad: "Estaba en un momento de búsqueda de una sexualidad, no de una identidad, sino de una expresión, de cómo vivir esa sexualidad en un mundo que me ofrecía algo que a menudo no me interesaba o no entendía demasiado".

ISTA le presentó una comunidad y una oportunidad de abrazar el sexo y la intimidad con todos sus pliegues, a la vez que aprendía a conocerse a sí mismo y a los demás, con especial sensibilidad por el bienestar emocional.

Cuatro años después, cuando estaba en el camino de convertirse él mismo en 'facilitador' para miembros menos experimentados, abandonó el grupo y cortó prácticamente todos los vínculos.

Mientras se dedicaba a viajar por el mundo cada vez más implicado en estos retiros espirituales, experiencias chamánico-sexuales y formaciones empoderadoras, también vio las sombras del poder y el dinero, los silencios del abuso sexual y la vacuidad de un discurso inconsistente, revela Arnau —nombre inventado para proteger su identidad— en una conversación exclusiva con Crónica Global.

El gancho del sexo

"Cuando ISTA se anunciaba, jugaba con el misterio del Eros", analiza Arnau sobre cómo la organización utilizaba la experiencia sexual —que generalmente se producía en público— como un reclamo a través del cual atraer nuevos miembros a quienes poder introducir su "aparato ideológico".

Y sigue: "Luego, cuando la gente va, se encuentra que sí [hay sexo], pero que antes de llegar hasta allí hay que hacer un trabajo. Tu deseo sexual es bienvenido, acogemos tu deseo de experimentar, pero antes tiene que haber un trabajo exhaustivo de análisis, de encontrarte a ti mismo, de explorar cómo decir 'no' y qué pasa cuando recibes ese 'no', en cierta manera era incluso la implementación de una cultura en torno al consentimiento".

Consentimiento y límites

En medio de esa búsqueda de interpretaciones "más conscientes" sobre la sexualidad, ajenas a la opción de "tener relaciones medio borracho de fiesta o a través de Tinder", el joven topó con el anuncio de un 'templo' —en el argot de ISTA, un evento de varias horas, en vez de días— que se iba a celebrar en Barcelona: "Me pareció muy misterioso, fui y me gustó".

Le convencieron con una narrativa "bastante aterrizada" del crecimiento personal con un elemento de espiritualidad en equilibrio con "un espacio de exploración de la sensualidad que iba desde bailar hasta hacer un masaje y, sí, también, a tener relaciones íntimas".

"No era algo volátil ni cosas energéticas, realmente íbamos a trabajar las relaciones, el consentimiento y los límites", detalla sobre la percepción que tuvo.

Estrechamiento social

En general, describe el paso por estos retiros como "una experiencia bastante intensa que creaba bastante vinculación, precisamente, por haber pasado esta experiencia intensa juntos".

Así, encadenando eventos, su círculo social pronto se redujo prácticamente a los mismos compañeros de ISTA con los que compartía estas vivencias: "Eran mi comunidad, incluso de vida"

Como paradigma del tipo de cercanía que les unía, explica que, cuando viajaba, solía hospedarse en casa de otros miembros con los que solo había coincidido unas pocas veces.

"Era gente a la que prácticamente no conocía, pero había la confianza de que compartíamos esa cultura de los límites y del consentimiento, no solo en el sexo, también en la convivencia y en la organización, teníamos unas ciertas garantías de que la cosa funcionaría porque teníamos una visión compartida, y normalmente era así", expone.

Filosofía New Age

Del modo más ecuánime y desde la distancia del tiempo, describe ISTA como "una comunidad internacional que se dedica a hacer 'trainings' [retiros] de una semana en los cuales se trabajan temas vinculados a las relaciones humanas, las emociones y la sexualidad desde una filosofía bastante ecléctica que recoge desde la psicología transpersonal hasta el chamanismo y la espiritualidad New Age".

En su autoretrato, la organización enfatiza su carácter descentralizado, el valor de "la transformación, la libertad, el amor y el empoderamiento personal" y "el poder sanador de Eros" en su misión de "apoyar a adultos de todas las edades, géneros, orientaciones sexuales e inclinaciones espirituales para que conozcan y expresen sus límites, gestionen sus relaciones, expresen de forma segura su energía emocional y accedan al poder transformador del tacto a través de la respiración, el sonido y el movimiento".

Añade el exmiembro que la entidad apunta directamente a "un público algo hippie, pero con cierta capacidad adquisitiva", pues por una plaza en cualquiera de estos retiros, en los que participan medio centenar de personas, se paga más de 2.000 euros.

Cada vez más involucrado

"De irlo frecuentando e ir cada vez a más eventos, conocí a uno de los 'facilitadores', un chico italiano, con quien tuvimos cierta química y en un momento sintió invitarme", recuerda sobre el momento en que dejó de ser un participante más, para empezar a involucrarse a nivel organizativo.

Pese a que era "muy joven", inició el proceso. Le ofreció viajar con él, enseñarle la entidad desde dentro y que él mismo iniciara proyectos propios para que algún día llegara a ser 'facilitador'.

Viajes, dinero y amantes

"Era una vida muy interesante", reconoce: "Viajaba mínimo dos veces al mes, conocía a gente de muchos países y dormía en alojamientos de lujo, con comida de calidad y amantes, mientras sentía que estaba creciendo y que tenía un propósito".

Comenta que, además, empezó a ganar dinero con los eventos que organizaba, los cuales ayudaron a extender la popularidad de ISTA en Cataluña, aunque también apostilla que "todo lo que entraba, salía".

Se lo gastaba en los propios retiros que ayudaba a conducir —pues los 'facilitadores' cobran, pero sus auxiliares solo obtenían un descuento— e intentaba seguir el ritmo de vida de otros miembros más pudientes, en otras actividades ajenas a ISTA, pero en la misma órbita.

Falta de fundamento

Sin embargo, también fue a partir de entonces cuando el castillo de naipes que había construido con las supuestas bondades de ISTA se desmontó ante sus ojos.

"Había algunas cuestiones importantes existencialmente sobre qué es la verdad, qué es el amor, si existe el bien y el mal, cómo vivimos una vida o cuál es el propósito, para las que las respuestas que me daba ISTA empezaron a colapsar", introduce.

Se dio cuenta de que "pese a que había muy buenos propósitos, en el fondo no había fundamento" en el discurso de la organización.

Agujeros en el discurso

La filosofía de ISTA reniega de los conceptos del bien y el mal, lo cual chirriaba en los oídos de Arnau cuando empezó a reflexionar sobre una frase que se pronunciaba al inicio de cada retiro: "Bienvenido seas quien seas, bienvenido tu deseo sexual".

"¿Cuál es el límite de ese 'bienvenido'? ¿Un pedófilo también es bienvenido? ¿Las tendencias asesinas?", se cuestionó sobre un caso hipotético extremo.

"Tenían un discurso muy psicologizante y reducían todos los problemas y todos los males a tu propia sombra, ellos creían que todo se podía sanar, que todo se podía integrar y que la consciencia humana lo podía todo, mientras le dieras un lugar", relata.

Más allá de la cuestión filosófica, el joven se replanteó también el tema espiritual. "Con las influencias del chamanismo estaban jugando con fuego; no sabíamos qué podíamos encontrar al otro lado", asevera sobre una reflexión que llegó de la mano con un acercamiento al cristianismo.

Abusos sexuales

En general, la narrativa de la organización le hizo "presentir el desastre" al ver que "la sexualidad es muy compleja". Desde dentro, observó que "se estaban empezando a torcer los principios de ISTA porque había mucho dinero y estaban saliendo casos de abusos sexuales".

Inicialmente, el protocolo para estos casos implicaba el diálogo con las partes implicadas y la contratación de un servicio de mediación externo, pero la propia filosofía de sanación de ISTA pervirtió el sistema.

Fracaso del consentimiento

La idea sagrada del consentimiento que sostenía toda la ideología de ISTA fracasó, a ojos de este exmiembro, cuando esta misma causó el descrédito de algunas víctimas de abusos sexuales dentro de los 'trainings' y 'templos'

Esto ocurrió a raíz de la teoría del 'triángulo del drama', según la cual se crean los roles del salvador, la víctima y el verdugo, quienes se culparían mutuamente del problema en vez de asumir las propias responsabilidades.

"Por sí solo, se pervirtió y se convirtió en una negación de las víctimas. Yo mismo vi cómo se construyó una cultura de la negación de la víctima: cuando ocurrían abusos sexuales, yo había visto cómo se les cuestionaba a las víctimas que entraran en ese rol y se les responsabilizaba de lo ocurrido", sentencia.

Detalla que se viciaba el punto de vista, asumiendo que si se había hecho un taller sobre el consentimiento y se había enseñado a todos los miembros a decir que 'no' y poner límites, era la víctima quien no había aprendido a usar correctamente esas herramientas.

El clic personal

Hizo el clic definitivo cuando se vio a sí mismo a través de esa óptica. Se aplicaba el concepto de "soberanía personal" —algo parecido a la responsabilidad del libre albedrío— que le habían enseñado, lo cual creó la suficiente tensión interna como para reconocer que en ISTA no estaba el camino que quería recorrer.

Todavía sostiene que, a un nivel teórico, lo que predica ISTA "está muy bien, pero como ave del paraíso, como una cosa rara que pueden hacer cuatro hippies, pero no como modelo que se pueda implementar" en toda la sociedad.

"Todo es mucho más complejo que lo que puede abordar un taller de dos horas, y no sabíamos dónde poner el límite porque nos habíamos cargado las dos únicas cosas que podían fijarlo al eliminar el bien y el mal", argumenta.

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