Entrevista a Robert Bates, víctima del atentado terrorista del 17A de 2017 en Barcelona

Entrevista a Robert Bates, víctima del atentado terrorista del 17A de 2017 en Barcelona Òscar Gil Coy Barcelona

Vida

Robert Bates, víctima del 17A: "Me mantengo al margen, apartado de la multitud"

Este profesor de Canadá vino a Barcelona con su hijo menor a un campus de fútbol en 2017; la célula yihadista acabó con la vida de su exsuegro e hirió a la pareja de éste

"¿Odio? No tengo, no sirve para nada", afirma

Más información: La ciencia explica cómo se radicalizaron los jóvenes del 17A

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Robert Bates viajó a Barcelona acompañado de su hijo adolescente en verano de 2017. Apasionado del fútbol, este profesor canadiense quería que el menor participara en un campus estival de balompié. Cuando llegó a la capital catalana, Bates se reunió con sus exsuegros, que volaron desde Escocia para arropar al chaval en su clínic.

Los planes se truncaron: a la pareja mayor la arrolló la furgoneta de Younes Abouyaaqoub en Las Ramblas. Ocurrió en el primer atentado yihadista del 17 de agosto (17A) de ese mismo año.

El hombre, Ian, murió. Valerie, ella, sobrevivió, aunque quedó gravemente herida. Nueve años después, el afectado regresa a la urbe catalana, que visita con frecuencia, y donde llegó a vivir un año con su hijo en 2018 para sanarse. También visita a un puñado de discretos amigos. Pocos días después de asistir al acto de recuerdo a los afectados, en el noveno aniversario de la masacre de Las Ramblas, acepta nuestra invitación a tomar café en la redacción de Crónica Global.

Robert Bates, víctima del 17A en Barcelona

Robert Bates, víctima del 17A en Barcelona Òscar Gil Coy Barcelona

-Nueve años después del atentado, ¿cómo es su relación con Barcelona?

-Para serle sincero, le tengo bastante cariño a Barcelona. Pasé un año entero en el que mi hijo estaba en este clínic, yo atendía la escuela a distancia —aunque, probablemente, no tanto como debería haberlo hecho—, y él estaba ocupado con amigos de la Academia [de fútbol] B1. Así que no lo veía mucho, y pasaba mucho tiempo solo, simplemente caminando por las calles, probando comida que me gustaba, o conociendo a gente.

Así que tengo una visión romántica de Barcelona, sin duda. La he visto cambiar un poco a lo largo de los años, desde 2018 hasta ahora. La ciudad tiene sus problemas, ¿sabes? Mucha gente, poca vivienda, cosas así, se nota un poco. Pero no, estoy bastante enamorado de esta ciudad, y creo que por eso sigo volviendo.

Coja usted cualquier día, uno al azar: me subo al Metro en dirección a algún sitio y me pongo a caminar. Y sigo adelante.

-¿Y su relación con el espacio público? ¿Ha desarrollado usted una suerte de 'sensibilidad espacial' o de alerta?

-Sí, pero no como... no siempre estoy al acecho de posibles peligros. Sé que mi amigo de Barcelona siempre está preocupado por mí, en plan: "Asegúrate de mantener tus pertenencias cerca", y cosas así, por supuesto.

Pero creo que el efecto más duradero que [el 17A] ha tenido sobre mí es que ya no aprecio particularmente las multitudes. Ir a partidos de fútbol o cosas así... trato de mantenerme alejado. O, por ejemplo, si voy a la Fiesta Mayor de Gràcia, con largas colas y mucha gente y música. Me siento más cómodo en los márgenes, un poco apartado.

No estoy seguro de si las sirenas de policía y emergencias han cambiado un poco desde 2017, pero ese día, cuando estábamos viendo y oyendo a la policía y a los bomberos subir y bajar por La Rambla... esas sirenas aún me alteran un poco a día de hoy.

-¿Se siente inseguro?

-Aparte de eso, no, no me siento inseguro en esta ciudad. Esta es una ciudad increíble... quiero decir, camino a todas horas y no me siento preocupado en absoluto. Sé que el Raval tiene reputación de ser un poco conflictivo, pero camino por todos lados y jamás me siento inseguro.

-¿Siente que la ciudad en su conjunto —los vecinos, los medios de comunicación y las autoridades— los hemos acogido y abrazado a ustedes, como víctimas de un ataque terrorista que son?

-Esa es una pregunta difícil, la verdad. Mi contacto con la ciudad de Barcelona suele ser a través de mi amigo. A menos que él sugiera algo, no recibo un correo electrónico ni nada de la ciudad, lo cual no importa. Tampoco lo esperaría.

Entrevista a Robert Bates, víctima del 17A en Barcelona

Entrevista a Robert Bates, víctima del 17A en Barcelona Òscar Gil Coy Barcelona

Además, durante ese ataque, la atención de los medios se centró en Fiona, hija de Valérie e Ian —y expareja de Robert—, así que me mantuve al margen de ese foco. Ese tipo de contactos, los institucionales, se dirigían a Fiona y a su mamá, más que a mí.

Pero el otro día, en el acto de recuerdo del 17A, tenían un pequeño espacio para que yo estuviera. Es agradable que continúen utilizando ese día para las víctimas. Se agradece mucho, sin duda.

-En el aspecto legal, ¿España les ha reconocido a usted o a Fiona como víctimas del terrorismo?

-No. Han reconocido a Valerie como víctima del terrorismo, por supuesto, y obviamente a Ian. Pero no, Fiona no estaba aquí durante el ataque. Se enteró muy rápido de los atentados, y estuvo llamándome por teléfono con tanta celeridad que apenas me dio tiempo de tener información sobre lo que estaba pasando. Pero no, a mí no se me considera una víctima, no.

-Próximamente se estrenará la película 'Kronos', sobre la respuesta policial. ¿Cuál es su opinión sobre cómo la policía, los sanitarios y los servicios de emergencia gestionaron los ataques?

-Ahí va una pregunta con trampa, ¿eh? (risas)

Bueno, recuerdo haber recibido un mensaje del hombre que me alquiló un apartamento mientras vivía aquí. No recuerdo su nombre, pero es un hombre agradable, muy catalán. Fue mucho después de que me hubiera ido ese año que vivimos aquí —ya estaba de vuelta en casa—, y recibí ese mensaje. Era inusual, porque él jamás me enviaba mensajes.

Pero vio algo en las noticias que sugería que el Gobierno —no sé exactamente qué agencia en concreto— tenía conocimiento de los movimientos de estas personas, y supongo que había el sentimiento de que podrían haber hecho algo más para prevenir que algo saliera mal.

No quiero meterme en asuntos políticos que no entiendo por completo, pero, ciertamente, no sería la primera vez que escucho esa historia. Y en diferentes países. Lo que pasó, pasó, supongo, y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo, y menos ahora. Pero en términos de posibilidades futuras, sí, tal vez compartir cierta información habría ayudado. No lo sé.

-Nueve años después, y con su gestión del duelo, ¿cree que se ha hecho justicia?

-¿Se ha hecho justicia? Otra vez, esa es una pregunta muy connotada para mí.

Para Valérie, ciertamente. Como probablemente sabes, España se hace responsable ante las víctimas del terrorismo, y sí, creo que ha estado muy a la altura apoyándola a lo largo de estos años, y a algunas de las otras personas involucradas en ayudar a mi madre y demás.

Entonces, ¿se ha hecho justicia? No sé si es justicia, pero ciertamente España ha hecho mucho, no solo por Val.

Hablemos ahora de la gente que conozco; tengo la sensación de que aquí vive mucha gente con un corazón tremendo. Y cuando les explico mi relación con Barcelona, se muestran muy conciliadores, aunque no tengan nada que ver con lo que pasó. Así que si usted me pregunta por la calidez de la gente, definitivamente la siento.

¿Justicia? La segunda parte de esa pregunta me inquieta en la medida en que soy profesor. Enseño lo que aquí llamarían pedagogía social. En Canadá, imparto exactamente eso. La noción de que algunos jóvenes caigan víctimas de la radicalización por medio de una variedad de métodos—seguramente no tenían mucho, moran en lugares donde no están a gusto con sus vidas y mantienen un vínculo fuerte con su religión— me entristece. Me opongo a que los chavales se radicalicen por eso.

-¿En qué medida les culpa?

-No culpo necesariamente al conductor de esa furgoneta. Ciertamente, culpo al dogma religioso y a las personas alrededor de esos jóvenes que se aprovecharon de su posición y autoridad. Por supuesto, digo eso sin saber mucho sobre su religión, pero... Así que no sé, como con la justicia.

Robert Bates, víctima del 17A en Barcelona

Robert Bates, víctima del 17A en Barcelona Òscar Gil Coy Barcelona

Lo importante es que hemos salido adelante. Pero echamos mucho de menos a Ian; era una parte importante de nuestra familia.

-¿Cómo era Ian como persona?

-Era todo un caballero... un caballero escocés. Rara vez lo escuché perjurar. Siempre era afable con las personas nuevas que conocía, te hacía sentir importante y te animaba a perseguir tus sueños.

A menudo utilizo este ejemplo. Habitualmente, decimos que cada niño merece tener al menos a una persona que se desviva por él o que, simplemente, lo apoye incondicionalmente. Cuando yo conocí a Ian y Val en 1997, se convirtieron en figuras paternas para mí, y me animaron a terminar mis estudios y a construir mi carrera a partir de ese punto.

Así que echo de menos todo aquello. Pero es que él era así con todo el mundo. ¡Llevaba un pañuelo de tela en el bolsillo! (risas) Yo también empecé a hacerlo durante un tiempo, cuando solo tenía unos 34 o 35 años. Y la gente empezó a tomarme el pelo llamándome abuelo. Pero sí, [Ian] era muy afable, amable, elocuente, muy versado en diferentes temas del mundo, leía mucho. Un gran tipo.

-Usted ejerce de profesor. Imagínese que está frente a una clase de adolescentes de la misma edad que los que perpetraron el ataque. ¿Qué les diría sobre la radicalización de cualquier tipo, ya sea religiosa, política o ideológica?

-Supongo que —y eso se lo enseño a mis estudiantes constantemente— lo que ayuda a que eso se fomente y se extienda es la falta de pensamiento crítico. La falta de educación sobre ciertos temas y luego ser capaz de analizarlos críticamente por ti mismo.

Por supuesto, lo hace muy difícil cuando tienes a un líder religioso en la comunidad que obtiene púlpito y prestigio por su conocimiento, y es muy fácil absorber lo que piensa y dice sin pasarlo por tu propio filtro. Así que, de nuevo, enseño pensamiento crítico en mis clases. Creo que eso es lo que realmente importa.

-¿Alberga usted un sentimiento de odio hacia alguien? ¿Un sentimiento de 'preferiría que no hubiera existido'?

-No, no creo que eso sea verdaderamente útil, para serle sincero.

No sé, tal vez me sentiría de manera diferente si la víctima hubiera sido mi hijo, en lugar de Ian. Pero no, no lo creo. Hay toneladas de odio en este mundo, y una cosa que he aprendido sobre mi experiencia en Barcelona es que existe mucha gente buena ahí fuera, gente cálida, y creo que esa es una posición mucho más poderosa desde la que vivir y prosperar.

No tengo planes grandilocuentes de futuro sobre cómo ayudar a solucionar el odio en el mundo. Pero mi pequeña contribución es intentar ayudar a las personas a entender qué es el pensamiento crítico y ayudarlas a aplicarlo a su propia vida. Así que no, no creo que el odio ayude; solo sirve para afectarte negativamente.

-Como persona que sufrió un atentado terrorista en sus calles, envíe un mensaje a los vecinos de Barcelona y a las instituciones.

-Dos cosas. Una sería... me he vuelto muy consciente de lo temporal que es la vida y lo rápido que se puede ir, que te la pueden quitar. Así que no podemos añadir más días a nuestra vida, pero podemos añadir más vida a nuestros días. Ese es un primer enfoque útil.

Robert Bates, víctima del 17A, en la redacción de Crónica Global

Robert Bates, víctima del 17A, en la redacción de Crónica Global Òscar Gil Coy Barcelona

Además, esto se remonta a la posibilidad de que los servicios de inteligencia guardaran cierta información y no la compartieran. Desearía que hubiera más transparencia entre las agencias que manejan este tipo de cosas.

Obviamente, conozco la tensión que ha existido en ocasiones entre el gobierno nacional español y el gobierno autónomo catalán, por lo que algunos en este territorio lo protegen de forma bastante feroz. A veces eso es parte de la dinámica diaria, pero puede llegar a costar muy caro.

-¿Espera usted alguna novedad en un futuro en este sentido?

-Sí... hay personas a cargo de tomar estas decisiones, de si compartes cierta información o no, y no estoy seguro de cuáles fueron sus argumentos. Sería paliativo entender mucho mejor el panorama. Pero, por otro lado, también desenterraría viejos recuerdos. No estoy seguro de que cambie de forma relevante la situación en la que nos encontramos hoy.

Ahora que lo pienso, déjeme darle un tercer mensaje que me gustaría enviar. Cuanto más viejo me hago, más consciente soy de cómo no procesar el duelo adecuadamente te termina afectando. Lo digo porque, inicialmente, no hablé con todo el mundo de lo que viví, o las frustraciones, o la pérdida, o cualquier cosa por el estilo, y noto pequeñas formas en las que me afecta ahora: ese trauma y duelo no resueltos.

En nuestro caso, fue muy útil arremolinarnos como familia para apoyar a Val. Creo que fue muy importante para los niños ofrecerles la posibilidad de experimentar.

-La lección que usted aprendió, pues, es la necesidad de abrirse y contarlo. Al menos para procesar ese duelo.

-Así es. Esa sería la lección que extraje.