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¿Por qué un testículo no descendido puede marcar la fertilidad futura de tu hijo?

Los pediatras palpan la bolsa escrotal del bebé para descartar la anomalía congénita más frecuente en los varones lactantes: la criptorquidia, o lo que comúnmente se conoce como testículos no descendidos

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Durante la gestación, los testículos se desarrollan dentro del abdomen y van bajando hasta el escroto. Sin embargo, a veces este viaje se interrumpe y el testículo se queda "rezagado" en el camino.

Según datos de la Asociación Española de Pediatría (AEP), esta anomalía afecta a entre el 1% y el 3% de los bebés nacidos a término, una cifra que se dispara hasta el 15% o 30% en el caso de los prematuros. Aunque cerca del 70% de estos casos se solucionan de forma natural durante los primeros cuatro meses de vida gracias a un pico hormonal natural del bebé, la ventana de espera se cierra a los seis meses.

En definitiva, al nacer no hay que alarmarse de inmediato. El cuerpo tiene sus tiempos y las hormonas del lactante pueden obrar el milagro de forma natural. Sin embargo, no podemos esperar demasiado.

Los especialistas de la Unidad de Cirugía Pediátrica del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón explican ese margen de maniobra: “Durante los primeros meses de vida existe la posibilidad de que el testículo descienda de forma natural gracias a los picos hormonales del lactante. Sin embargo, si a los 6 meses de edad el testículo no ha alcanzado el escroto, las posibilidades de descenso espontáneo son prácticamente nulas”.

¿Por qué importa tanto dónde esté el testículo?

El escroto funciona como un "refrigerador" natural. Los testículos necesitan estar a una temperatura inferior a la del resto del cuerpo para funcionar bien; si se quedan atrapados en el abdomen o la ingle, sufren de forma continuada por el exceso de calor.

“Los pacientes con criptorquidia, es decir, cuando el testículo no ha descendido dentro de la bolsa escrotal una vez que hemos esperado el tiempo correspondiente alrededor de los 9 meses de edad, deben ser operados.

¿Por qué? Porque se pueden producir ciertos daños en los testículos. Uno de ellos es el daño de las células germinales, dando problemas de fecundidad y fertilidad en el futuro, y también la probabilidad de que en un futuro lejano se puedan producir tumores testiculares...”, señala el doctor Daniel Cabezalí Barbancho, urólogo pediátrico del Hospital Ruber Internacional, para explicar por qué no se debe postergar la intervención.

El riesgo no es un mito. El doctor José Ángel Gómez Pascual, jefe de Urología del Hospital Quirónsalud Málaga, aporta un dato clave al señalar que existe una "clara relación” de entre un 6% y un 10% con el cáncer de testículo, y añade que “el riesgo relativo de cáncer testicular en los individuos con criptorquidia es de 3 a 14 veces más que en aquellos con testículos normales”. Por esta razón, los médicos insisten en que aquellos jóvenes que tengan antecedentes de criptorquidia mantengan el hábito de realizarse autoexploraciones periódicas a lo largo de su vida.

La solución: una cirugía precisa

Afortunadamente, la solución médica está muy pautada a través de la orquidopexia, una operación que lleva el testículo a su posición correcta. Se aconseja realizarla entre los 12 y 18 meses para adelantarse a cualquier daño celular. Desde el Hospital Quirónsalud Toledo explican que “la cirugía se realiza a través de una incisión inguinal de 2-3 cm, se libera el testículo y se ancla a la bolsa escrotal”.

Pero ¿y si el testículo está oculto? Cuando en las revisiones el testículo ni siquiera se puede palpar en la ingle, los especialistas recurren a la tecnología para localizarlo. El doctor Daniel Cabezalí explica los escenarios técnicos que pueden presentarse en el quirófano:

El tratamiento de la criptorquidia es quirúrgico, es decir, hay que conseguir que el testículo se localice dentro de la bolsa escrotal. Para ello es necesario localizar el testículo donde se encuentre y descenderlo. Hay ocasiones en las que el testículo se localiza dentro del abdomen y por lo tanto habrá que buscarlo mediante laparoscopia, es decir, con una cámara que miraremos a través del ombligo, localizaremos el testículo y, en ciertas ocasiones en las que el testículo esté muy alejado de la zona de salida del abdomen, serán necesarias dos cirugías para conseguir descender el testículo al escroto”.

¿Seguro que es criptorquidia?

Los especialistas también avisan de que es importante no confundir la criptorquidia con los llamados testículos en ascensor o retráctiles, una condición mucho más frecuente y completamente benigna. Mientras que en la criptorquidia el testículo está verdaderamente 'atrapado' y es incapaz de bajar al escroto por sí solo, en el testículo en ascensor el órgano ha descendido correctamente, pero, ante un estímulo como el frío, el roce o el llanto, se activa un reflejo muscular exagerado (el reflejo cremastérico) que lo hace ascender temporalmente hacia la ingle. La diferencia clave es que, mediante una maniobra suave en la consulta, el pediatra puede hacer bajar el testículo en ascensor sin problemas. Si este es el caso, no se necesita cirugía y se solucionará solo al llegar a la pubertad.

La clave de todo sigue siendo ponerse en manos de profesionales y la detección precoz. Por eso, el consejo final del doctor Cabezalí para las familias es directo: “Si al nacimiento o en cualquier momento de la infancia los testículos no se localizan dentro de la bolsa escrotal, es recomendable que ese paciente visite a un especialista para intentar definir si realmente se trata de una criptorquidia”. Una revisión a tiempo es el mejor seguro para su salud futura.