Juan José Omella, a la derecha, junto al Papa León XIV, a las puertas de la Catedral de Barcelona, este martes

Juan José Omella, a la derecha, junto al Papa León XIV, a las puertas de la Catedral de Barcelona, este martes Gala Espín Crónica Global

Vida

El adiós de Juan José Omella por la puerta grande

El arzobispo de Barcelona dejará la diócesis antes de que acabe el año tras una década muy intensa que ha culminado con la coronación de la Sagrada Família

Más noticias: León XIV culmina el sueño de Gaudí con la bendición de la Torre de Jesús

Leer en Castellano
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

Juan José Omella abandonará la Catedral de Barcelona, sede del arzobispado que ha presidido desde noviembre de 2015, antes de fin de año.

Lo hará por la puerta grande, después de haber vivido en la capital catalana una década convulsa, dejando en su legado la bendición de la Torre de Jesucristo que ha convertido a la Sagrada Familia en el templo católico más alto del mundo y el éxito organizativo de la visita del Papa León XIV.

Pese a que no está previsto que la sucesión en la cátedra ocurra hasta, como pronto, después del verano, a causa de la burocracia que caracteriza a las estructuras internas de la Iglesia, fuentes consultadas por Crónica Global aseguran que “él tiene ganas de jubilarse”.

Objetivo cumplido

De hecho, Omella renunció a su sotana morada al cumplir los 75 años, edad a la que se retiran los obispos, según el Derecho Canónico. Desde entonces ha pasado ya un lustro, en el que ha mantenido una prórroga del cargo, con el deseo de ver coronada la basílica más famosa del mundo.

Su permanencia en el cargo, con 80 años cumplidos, tiene difícil explicación sin la sintonía personal que mantenía con el pontífice Francisco I. Omella quería ver terminadas las torres de la Sagrada Família, y ya lo ha logrado.

El cardenal Omella, en el interior de un vehículo en Barcelona, junto al Papa, este miércoles

El cardenal Omella, en el interior de un vehículo en Barcelona, junto al Papa, este miércoles Simón Sánchez Crónica Global

Poder unipersonal

Omella ha sido, según explican fuentes con conocimiento interno de la archidiócesis, un obispo de estilo marcadamente unipersonal. "Ha sabido concentrar el poder y la autoridad alrededor de su figura", señala un exseminarista cercano al cardenal.

Este modelo de gestión vertical se ha traducido en decisiones como el cierre del seminario de Barcelona tras 400 años de actividad y el traslado de la Fundació Balmes de su sede histórica.

“Habrá sido el obispo con más poder de Cataluña en los últimos 80 años”, resume sobre su trayectoria el experto en la Iglesia Oriol Trillas, en una conversación con este medio.

Recuerda que, en este tiempo, también ha presidido la Conferencia Episcopal Española, y ha formado parte del Dicasterio para los Obispos y del C9, el Consejo de Cardenales del Papa Francisco. Fue muy cercano al anterior Papa, visitante frecuente del Vaticano y ha sido presentado en ocasiones como un kingmaker romano.

Mediador en el 'procés'

Durante estos años también le ha tocado cabalgar con una de las etapas más intensas políticamente de la historia reciente de Cataluña: el procés. Omella se ofreció a arbitrar entre la Generalitat y La Moncloa en los momentos más críticos.

Para algunos fue un indepe y para otros un espanyolista. Recibió varapalos de ambas partes: una protesta del Gobierno de Mariano Rajoy ante el Vaticano le costó una desautorización del Sumo Pontífice; mientras que Torra y Puigdemont lo acusaron de ponerse del lado de Madrid.

Omella, durante el acto de colocación del brazo superior de la cruz de la Torre de Jesucristo, en febrero

Omella, durante el acto de colocación del brazo superior de la cruz de la Torre de Jesucristo, en febrero Lorena Sopêna Europa Press

Lo cierto es que el crecimiento independentista que avivó a la sociedad catalana no se vio reflejado en la diócesis. El ya citado exseminarista explica que Omella “ha certificado la defunción del catalanismo como un elemento de poder dentro de la Iglesia barcelonesa” con la introducción del castellano en las comunicaciones, posición discreta ante el procés y la neutralización progresiva de corrientes independentistas.

Con la llegada al poder del PSC, sumó un gran aliado en el Palau. Illa, devoto católico, guarda una gran amistad con el cardenal. Durante unas breves vacaciones, siendo ministro de Sanidad, fue fotografiado junto a su mujer en Cretes (Teruel) cuando visitaba a Omella.

Gestión patrimonial

Dentro de la iglesia, una de las críticas más furibundas que ha recibido ha sido la de gestionar la institución como si fuera una inmobiliaria. En el blog Germinans Germinabit se le ha denominado de forma faltosa "Derribos Omella". La gestión patrimonial ha causado mucha polémica entre los fieles más irredentos, pero el Arzobispado siempre lo ha defendido como una adaptación necesaria ante la falta de sacerdotes y fieles.

Durante su mandato, se ha desprendido de la parroquia del Esperit Sant, del Patriarca Abraham, de Sant Ferran y de Sant Raimon de Penyafort. La más sonada fue la primera, porque provocó un auténtico cisma con los feligreses, que defendían su capilla de adoración perpetua y culminó con la suspensión a divinis de su párroco por oponerse al desalojo.

El cardenal también adelgazó la red parroquial de Barcelona, con un plan para pasar de 208 parroquias a 48 Comunidades Pastorales. Este método es similar al utilizado en diócesis como Milán o en entornos rurales, y agrupa a las iglesias en bloques de 3 o 6 centros bajo la coordinación de un único equipo pastoral.

Cierre del seminario

Como culminación de este proceso de concentración y ante la acuciante escasez de vocaciones, se determinó el cierre del Seminario Conciliar de Barcelona tras más de cuatro siglos de historia, tal y como avanzó este medio. A partir de 2026, los 28 seminaristas de Barcelona y de Sant Feliu han sido reubicados en el Seminari Interdiocesà de Cataluña, que ya agrupa a las extintas diócesis de Tarragona, Lleida, Girona, Vic, Solsona, Urgell y Tortosa en la calle Casp de Barcelona.

Omella, durante la misa de la Mercè, en septiembre

Omella, durante la misa de la Mercè, en septiembre Alberto Paredes Europa Press

Omella siguió órdenes de Francisco, que quiso concentrar a las diócesis católicas en grupos más grandes y generar "más comunidad" entre los seminaristas. Para ello, instó a unir a diversas provincias eclesiásticas, entre ellas, la de Barcelona.

La mancha en el expediente

Eso sí, se irá con una mancha que podría permanecer en su expediente, la de la ocultación de presuntos abusadores sexuales. “Según se ha publicado, a Patiño lo encubrió él y eso le puede pasar factura”, asegura Trillas.

Jorge Alexander Patiño Morales, párroco de la iglesia de la Mare de Déu de Montserrat, en el barrio del Guinardó, fue detenido en 2024 acusado de haber hecho tocamientos a dos jóvenes. Omella habría sabido del caso al menos dos años antes, según una investigación reciente del diario El País.

“Una cosa es cuando tú vienes a informar y otra es cuando tú vienes a denunciar”, afirmó el arzobispo la semana pasada en una entrevista en Rac1 al ser preguntado por este caso, sobre el que mantiene su versión: “Yo no he encubierto nada y me sabe mal que digan esto cuando no es verdad y yo hice lo que tenía que hacer”.

Sucesión y jubilación

Mientras algunas voces consideran que no hay un sucesor claro, otras apuntan en la dirección de Javier Vilanova, uno de los dos actuales obispos auxiliares de la archidiócesis. Sobre él se dice que tiene “mucha estima popular”, pero su edad podría perjudicarle, pues, con solo 52 años, ocuparía la cátedra más de 23.

Antes de su fallecimiento por un cáncer en 2022 a los 49 años, llegó a sonar también el nombre de Toni Vadell, quien ocupaba el mismo cargo que Vilanova.

Omella oficia la misa de Pascua en la Catedral de Barcelona, en abril de 2025

Omella oficia la misa de Pascua en la Catedral de Barcelona, en abril de 2025 Lorena Sopêna Europa Press

Omella quedará jubilado y apartado de la actualidad eclesiástica como su predecesor, Lluís Martínez Sistach, quien a sus 89 años vive en una residencia sacerdotal.

El cardenal gozará ahora de las rutinas de cualquier otro retirado, aunque debido a su influencia podría seguir desempeñando algún papel de consejero en la retaguardia de la Iglesia catalana, así como funciones simbólicas.