Montaje con la Sagrada Familia, Antoni Gaudí y el logo de la Asociación de Amigos de Gaudí

Montaje con la Sagrada Familia, Antoni Gaudí y el logo de la Asociación de Amigos de Gaudí Crónica Global

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Los puristas de Gaudí alertan: “No se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero”

La Asociación de Amigos del arquitecto reusense denuncia que sus obras se hayan convertido en “explotaciones económicas"

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Los barceloneses apenas la miraban ya, y muchos turistas la contemplan solo a través de la pantalla del móvil mientras hacen la foto de rigor. Y, sin embargo, ahí estaba: la Sagrada Familia volvió a sorprender al mundo el pasado miércoles gracias al despliegue de medios que ha acompañado la visita del papa León XIV.

Un acontecimiento que celebran quienes llevan décadas reivindicando el legado del arquitecto reusense, como la Asociación de Amigos de Gaudí, fundada en 1952. Pero de éxito también se puede morir.

Desde la asociación lamentan que las obras de Gaudí se hayan transformado en “explotaciones económicas”, incluso en espacios de gestión pública como el Park Güell. “Ya se advierte en la Biblia: no se puede servir a dos señores, a Dios y al dinero”, afirma a este medio su presidente, Gustavo García Gabarró.

La Torre de Jesús de la Sagrada Família

La Torre de Jesús de la Sagrada Família Luis Miguel Añón

Una mina de oro

Las obras de Gaudí se han convertido en una mina de oro para quienes las gestionan. Este medio ya ha informado de los ingresos de la Sagrada Familia, que alcanzaron los 134,5 millones de euros en 2025, mientras que la Casa Batlló, propiedad de la familia Bernat —herederos de la fundadora de Chupa Chups—, facturó 65,2 millones de euros en 2024.

“Esto tiene una parte positiva, porque permite disponer de recursos para mantener el monumento, pero también una parte negativa: para preservar los intereses económicos, se oculta lo que realmente significaba la obra original y, en algunos casos, se cometen auténticas barbaridades”, sostiene García Gabarró.

Como ejemplo, cita la restauración de la Casa Batlló, donde entre el trencadís se incorporaron imágenes de Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. También critica la desaparición de las invocaciones marianas que originalmente formaban parte del Park Güell.

“Muchas ideas y concepciones originales de Gaudí se modifican o se diluyen para seguir alimentando unos intereses económicos”, asegura.

Un templo "expiatorio"

De la Sagrada Familia, en cambio, alaba la fidelidad con la que se ha seguido el proyecto del arquitecto: “Los arquitectos apenas se conocen, se han hecho pequeños para hacer grande a Gaudí, y eso es muy raro”.

Sin embargo, afea que lo que se concibió como un templo expiatorio se financie ahora de forma “abrumadora” mediante entradas.

“Es verdad que si coges el papel pone ‘entrada donativo’, pero eso nadie se lo cree. Un donativo tiene que ser libre, voluntario y nunca de la misma cuantía. Hay una contradicción que se tiene que resolver”. Y se pregunta qué hubiera pensado Gaudí de que se cobrara entrada para acceder a la Sagrada Familia.

Chimeneas de La Pedrera

Chimeneas de La Pedrera PEXELS

Qué hubiera pensado Gaudí

Es una pregunta muy pertinente, que la Asociación de Amigos de Gaudí se formula de forma recurrente. Se fundó con motivo del centenario del nacimiento del arquitecto, en una época en la que su figura estaba lejos del reconocimiento actual. “La gente se reía de él, se burlaba”, recuerda García Gabarró.

Reconocen que preservar su legado no es sencillo. “A Gaudí solo se le puede conocer a través de su obra o de las personas que lo trataron”, explica. El arquitecto nunca escribió libros ni impartió conferencias, y gran parte de su documentación desapareció durante la Guerra Civil, tras ser destruida en 1936.

“Eso sí, le encantaba invitar a la gente, explicarles las cosas y mostrarles su manera de trabajar. Era muy expresivo y disfrutaba haciéndolo. Recibía grupos y les contaba personalmente sus proyectos”, añade.

Por eso nació esta asociación entre sus conocidos: para promover, divulgar y defender su obra. Y, por ello, las empresas y entidades que gestionan su legado harían bien en tener en cuenta la opinión de quienes mejor la conocen, aunque, como explica García Gabarró, rara vez sean consultados.