Laia Pemán, directora de Aula Escola Europea

Laia Pemán, directora de Aula Escola Europea Cedida

Vida

Laia Permán: "La educación transforma vidas, incluso las salva"

La directora de Aula Escola Europea defiende un proyecto educativo en constante evolución que estimule el aprendizaje y fomente el desarrollo personal y emocional de los alumnos

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Laia Pemán estudió Humanidades y cursó un máster de Filosofía del Arte Contemporáneo. Su bagaje ha sido múltiple porque, dice, siempre le ha gustado mezclar.

“Pienso que la hibridez es el terreno más fértil, donde se puede avanzar y crear cosas nuevas. Por eso siempre busco las intersecciones”, cuenta a Mujeres en Crónica.

Esa lógica de convergencias y múltiples intereses encuentra en el centro que dirige un caldo de cultivo excepcional. Pemán entiende que en un entorno tecnológico y globalizado, estimular la curiosidad y la creatividad, el pensamiento crítico y el desarrollo ético y personal del individuo son las herramientas más valiosas. Las aulas no son solo un espacio donde se transfieren y comparten conocimientos sino donde se cultivan todos estos valores.

Pemán defiende un modelo pedagógico que estimule el aprendizaje y fomente el desarrollo personal y emocional

Pemán defiende un modelo pedagógico que estimule el aprendizaje y fomente el desarrollo personal y emocional Cedida

Estimular las capacidades y vocaciones de los alumnos es uno de los propósitos del centro, ¿cómo las detectan y estimulan, individualmente, en un contexto compartido como son las aulas?

La base de todo esto es el profesorado y eso empieza por un buen proceso de selección, de promoción y de retención de ese talento humano. Creo que si tienes un profesor inspirador y con criterio, alguien que observa a las personas que tiene delante y no las trata como un grupo, por ejemplo, de primero de ESO sino que va más allá y encuentra la grieta por la que comunicarse verdaderamente con esas personas, podrán ir hacia a otro lugar.

Para mí además es muy importante que haya heterogeneidad entre los profesores. A veces se habla de que en un proyecto de centro hay que buscar personas que encajen. Pero la educación y el encajar no siempre van de la mano. Las escuelas han evolucionado mucho en este sentido.

Al principio eran instituciones para que los niños y niñas encajaran en un sistema productivo. A día de hoy hay una trascendencia en la mirada, una emancipación respecto a la necesidad de ese encaje, y lo mismo pasa con el profesorado. Si todos los profesores están cortados por el mismo patrón, habrá una parte del alumnado que no conectará con ninguno y habrá por tanto una falta de estímulo.

Cuando desde la infancia estás con personas que vibran con algo, la pregunta que necesariamente te harás es: ¿cuál es mi locura? Igual no es la biología o la literatura. Pero tú quieres vivir vibrando, quieres sentir lo que esa persona siente. Y eso está relacionado con el conocimiento porque, como sabes, el aprendizaje está muy vinculado a la emoción.

Exterior de la escula Aula

Exterior de la escula Aula Aula

Es interesante esto que comenta sobre los perfiles heterogéneos porque tendemos a encasillar el conocimiento en ámbitos específicos cuando, en realidad, todo es mucho más poroso de lo que parece y nunca sabes qué puede estimular tus inquietudes.

Me parece muy interesante esta apreciación porque apunta a otra tensión en la que tradicionalmente se ha inscrito la escuela y de la que estamos intentando salir: la tensión entre lo académico y la vida.

Parece que la escuela, por el hecho de segregar a los alumnos respecto al día a día en la sociedad, genera una fricción, como una sobrevida que está en paralelo a la vida real. Es un limbo, y es bonito y protector para los alumnos. Pero como efecto colateral se produce esta disyuntiva entre lo académico y la vida.

En ese sentido, creo que los profesores debemos recordarnos constantemente que, al final, somos personas. Es decir, tenemos un papel como profesorado que implica, sobre todo, la responsabilidad de no venir aquí y exponer tal cual todo lo que sentimos, sino que tenemos que hacerlo siempre en aras de generar en el alumnado ese crecimiento, ese aprendizaje.

Pero también debemos tener en cuenta que al final somos personas relacionándonos y que por tanto toda nuestra materia, nuestros intereses, nuestras experiencias en la vida son legítimas para ese fin.

En la era de la automatización y las respuestas inmediatas generadas por algoritmos, ¿cómo integrar la innovación tecnológica de forma que potencie, y no sustituya, la capacidad del alumno para dudar, para contrastar fuentes y construir un razonamiento propio?

Aún estamos conociendo una IA que está en constante desarrollo y supongo que lo que podamos decir hoy al respecto seguro que dentro de seis meses o antes quedará obsoleto. Es una de las dificultades de hablar sobre una tecnología que además se está programando a sí misma.

Y nosotros, como usuarios, ayudando a su perfeccionamiento

Exacto, por eso es una situación fascinante también por cómo nos estamos retroalimentando. Sabiendo eso, es muy interesante porque no se trata de una tecnología externa, sino que es una tecnología que trasciende la idea misma de tecnología porque reproduce aquello que los humanos sentimos como más idiosincrásico, nuestra inteligencia, nuestra manera de pensar, de razonar, casi de sentir.

Cuando la IA te responde "me parece una pregunta muy interesante" o "siento que estés pasando por eso", en ese juicio, hay una conexión. Claro, sentir ¿es decir lo que se siente?, ¿es una reacción química?, ¿qué es? La IA está cuestionando todas estas cosas. Resulta entonces muy interesante saber cómo nos vamos a relacionar para que no sustituya lo que la escuela está haciendo.

Nosotros, a día de hoy, queremos que los alumnos desarrollen al máximo unas habilidades cognitivas. Es nuestro propósito porque solo así después podrán tomar mejores decisiones para ellos, para el entorno, siendo generosos y ecuánimes. Y si esas habilidades no se han desarrollado o están externalizadas en la inteligencia artificial, se generan unas fragilidades en el ser humano.

En este sentido, un profesor de matemáticas y pensamiento computacional y una profesora de filosofía y literatura del centro participaron en un proyecto conjunto de investigación sobre protocolo de IA impulsado por EduCaixa. En nuestro caso, decidimos regular, no prohibir, el uso de la inteligencia artificial teniendo en cuenta la edad de los alumnos.

Sabotean en cierto modo el objetivo. Se trata de que sea una herramienta de consulta, asesoramiento, que aporte perspectivas nuevas y enriquecedoras.

Totalmente, estoy segura que la IA aportará mucho en este sentido. Últimamente leo bastante que hay personas convencidas de que la inteligencia artificial nos hará sobrehumanos, que nos llevará a otro nivel de capacidades. Pero tiene un poder muy destructor si genera dependencias.

Tenemos antecedentes, por ejemplo con el GPS y los estudios que hicieron con taxistas en Londres concluyendo que su uso constante había reducido el área cerebral de orientación espacial ubicada en el hipocampo. Eso es precisamente lo que no queremos que suceda con el área del lenguaje, con la parte de las facultades ejecutivas, todo esto es importantísimo a día de hoy.

Y si, como decíamos antes, sustituimos, delegamos o externalizamos todas esas funciones, generará dependencia, no seremos capaces de hacerlo solos como pasa ahora que necesitamos el navegador para ir a cualquier parte. Qué es lo que vamos a ganar y qué vamos a perder es algo que las escuelas tenemos que estudiar detenidamente y no precipitarnos.

Otro de los objetivos fundamentales del centro es el fomento de la lectura. ¿Cómo impulsan este hábito?

De hecho somos un proyecto basado en la idea del lenguaje. Estudian cuatro idiomas: catalán, castellano, francés e inglés, y desde que entran hasta el final de su escolaridad no solo tienen asignaturas de estas lenguas, sino que las usan como lengua vehicular de otras asignaturas, es decir, aprenden geografía en francés o matemáticas en inglés.

Todo esto está muy vinculado con la lectura y con saber decodificar correctamente los diversos niveles de la lectura. Uno, por ejemplo, es la parte mecánica; otro la conversación literaria, es decir no solo estoy descifrando letras sino que estoy comprendiendo diferentes niveles de significado de este texto hasta llegar al significado literario que es cuando se usan metáforas, cuando hay un uso más simbólico del mensaje.

Queremos que los alumnos abarquen todos los niveles y esto requiere una buena mecánica. Si tú no eres rápido y bueno descifrando, te costará más llegar, aunque tengas un pensamiento abstracto super rápido. Por eso tenemos un sistema de lectoescritura inicial que abarca los tres sistemas de decodificación para llegar a la mayor parte del alumnado.

En primaria cada día, durante media hora, todo el mundo lee un libro que uno mismo ha escogido. Después de esta media hora las maestras leen en voz alta y hay una conversación literaria para conectar con la experiencia propia.

No es un club de lectura per se, pero sí genera esa dinámica de compartir opiniones a partir de un texto.

Exactamente. Tenemos también un proyecto muy bonito de parejas lectoras en las que los alumnos de quinto y de segundo de primaria quedan semanalmente para leer juntos. A los mayores les sienta muy bien porque les da responsabilidad y los pequeños relacionan ser mayor con leer.

En sexto siguen teniendo tiempo de lectura y dan literatura hasta segundo de bachillerato aunque sean de ciencias. La literatura y la lectura son muy importantes a lo largo de todo el proceso educativo.

De hecho, uno de los motivos de los malos resultados del informe PISA en España apunta precisamente a que no somos suficientemente fuertes en lectura y en consecuencia no aprenden matemáticas o no entienden bien los enunciados. Incluso se ha llegado a decir que para mejorar el aprendizaje de las matemáticas habría que seguir trabajando en la lectura.

¿Qué papel juega la creatividad en el aprendizaje?

La creatividad es una de las habilidades o de las competencias personales más importantes en toda la educación. Si queremos distinguir entre lo que significa educar y crecer y lo que representa dogmatizar o adiestrar es justamente dejar espacio para la huella personal, para el carácter, para la expresión de lo que somos cada uno de nosotros de una manera especial y única, sin olvidar las cosas que compartimos y que nos hacen ser también un ser colectivo.

No quiero reivindicar la individualidad como una forma de segregación sino, al contrario, como una manera diferente de expresar. Por tanto, el arte como espacio relacionado tradicionalmente con la creación y la creatividad es muy importante.

En este sentido, tenemos una asignatura llamada ‘pensamiento computacional’ que solemos relacionar con la programación, pero no se trata únicamente de eso. El pensamiento computacional es una manera secuencial de pensar. Evidentemente puede exportarse a una computadora pero es un proceso eminentemente humano que fragmenta situaciones complejas hasta encontrar un módulo que sea manejable, comprensible mentalmente.

También encuentra y deduce patrones, abstrae ideas. Es una manera de procesar problemas y encontrar soluciones. Y tú no puedes hacer eso si no eres creativo.

La autonomía personal es otro de los pilares de su sistema educativo. Sin embargo, actualmente hay exceso de proteccionismo, por un lado, y por otro un exceso de estímulos que no les deja mucho espacio para ese crecimiento personal.

Una pregunta bastante clásica en educación es si dejar elegir es un privilegio, un derecho o una obligación. También ¿cómo se aprende la autonomía?, ¿se enseña? Uno de los grandes estandartes de la educación de los últimos años es que hay que dejar que sean autónomos. Pero que sean autónomos no es abandonarlos.

La autonomía se aprende, no es algo que sucede de un día para otro. Hay una autora, Carme Thió, que tiene un libro titulado Me gusta la familia que me ha tocado donde aborda estas cuestiones, fomentando la autonomía pero colocando a cada uno en su responsabilidad. Me gusta porque coge ejemplos reales con los que te encuentras, temas madurativos que sí o sí van a aparecer y da ejemplos sobre cómo afrontarlos.

Por ejemplo, no se trata de preguntar a tu hijo de tres o cuatro años cómo se quiere vestir y comprar todo lo que diga, porque eso reforzará el poder del niño o la niña sin consecuencias. Eso no es la responsabilidad.

Ser responsable significa responder por tus actos, y eso es algo que no le puedes pedir a alguien de tres años. Es mejor dejarle escoger entre dos opciones y que poco a poco vaya construyendo su criterio. No puedes elegir si no tienes un criterio, pero no se puede desarrollar un criterio si no empiezas a elegir. Esa es un poco la trampa que hay que deshacer progresivamente y donde también participa el adulto aunque poco a poco vaya separándose.

Se trata de que decidan, pero en un entorno controlado, con ciertos límites.

Sí, con la seguridad de que las consecuencias de una mala elección no sean más grandes que el aprendizaje que pueda hacer de esa mala elección. Es decir, está bien que elijan, que se equivoquen, nos ha pasado a todos y benditas sean las equivocaciones.

Es la forma de crecer y de aprender.

Claro. Entonces, cuando tú hablas de sobreprotección es cuando no estás dispuesta a que ese niño o niña se equivoque. Eso es nocivo, no pretendo ser radical, pero se está produciendo un daño en la persona a la que se está privando de ese error.

A la vez, es verdad que si tenemos los conceptos de infancia y de adultez es porque vemos vulnerabilidad en un cerebro que todavía se está desarrollando. No dejaríamos que un niño de tres años llevara un coche y no únicamente por cuestiones de tamaño sino que porque las consecuencias de sus malas decisiones pueden ser mucho más grandes que el aprendizaje.

Se trata entonces de aplicar esta lógica a todo, a dispositivos móviles, a las asignaturas que elijan, a las relaciones. Y nuestro papel siempre debe ser buscar este equilibrio entre sufrimiento y aprendizaje.

Un proyecto tan ambicioso no se entiende sin la complicidad entre escuela, alumno y familia, ¿cuál considera que es el factor diferencial en la relación con las familias para garantizar que los valores que impulsan desde la escuela tengan continuidad y coherencia en casa?

Creo que hay dos. El primero, me vuelvo a remitir a lo mismo que el profesorado, es la atracción ¿A qué tipo de familias atraemos? No somos una escuela de barrio. Vienen de toda la ciudad, incluso de la zona de Castelldefels y Gavà. No somos una escuela con una ideología política concreta porque creemos que la educación se hace desde la diversidad y la confluencia de pareceres.

Ese es justamente el espíritu de la escuela y creo que atraemos a familias que dan mucha importancia a la educación por encima de otras cosas. Personas a las que el saber, el aprendizaje, les ha cambiado, les ha transformado. Personalmente pienso que la educación transforma vidas, incluso, las salva.

La educación no es sólo algo social, tiene que ver con la identidad personal, con cómo te construyes y las elecciones que puedes tomar en tu vida. Y eso es lo que nos aglutina como comunidad. Creo que es una complicidad básica para que, suceda lo que suceda, tengamos un lugar común al que volver.

Después, como en un matrimonio, hay que ir renovando esos votos en la reunión anual que hacemos, en las entrevistas con los tutores. También tenemos un proyecto llamado 'Aula en familia' en el que escogemos temas educativos concretos y los hablamos conjuntamente como monográficos. Creo que debemos compartir espacios, también exclusivamente adultos, para mirarnos a los ojos y preguntarnos qué dificultades encontramos.

La escuela nació con una vocación transformadora y en un contexto histórico muy específico en 1968, ¿cómo logran mantener viva la esencia fundacional mientras el proyecto se adapta a los retos y competencias que demanda el siglo XXI?

Se ha dicho muchas veces que Pere Ribera, el fundador, era un visionario. Evidentemente tuvo sus luces y sus sombras como persona y en el ejercicio de la dirección, pero, para mí, Aula es una partitura a la que a día de hoy no le cambiaría ni una nota. Todo está donde tiene que estar como en una partitura de Beethoven.

La interpretación que hago a día de hoy como directora de orquesta de los músicos que tengo es diferente. Es diferente la interpretación de lo que significa exigir, de lo que es dar lo mejor de uno mismo, de lo que es innovación. Esa interpretación es lo que nos permite mantener el espíritu, no por fidelidad histórica ni porque tengamos una deuda sino porque nos revisamos.

Este año, por ejemplo, estamos trabajando en el plan estratégico para los próximos cinco años. Es un ejercicio muy bonito porque implica parar, reflexionar, encuestamos a familias, a los profesores y alumnos y hacemos balance. Pero el propósito de la escuela continúa alineado con el propósito y la visión inicial porque vemos que sigue encajando con lo que a día de hoy significa la educación para nosotros. Pero creo que hay que tener siempre esa apertura, esa capacidad crítica.

¿Tienen becas para que todo aquel que se identifique con los valores de la escuela pueda acceder?

Sí. Tenemos un programa de becas que, de hecho, queremos extender. Ahora tenemos 12 becarios, pero nos gustaría que hubiera más. Desde el 2008 que estoy aquí no ha venido una familia que haya querido escolarizar a su hijo en el centro y que por motivos económicos se haya quedado fuera.

La educación es un servicio público además de un derecho universal y es muy importante que en las escuelas privadas haya esta confluencia.

Hay un filósofo, Richard Sennett, que precisamente postula que la convivencia en un mismo edificio de personas de diversa condición social es clave para reducir la desigualdad y la segregación.

Las escuelas tenemos un campo impresionante para generar este ecosistema regido por estas relaciones y no por otras de exclusión, de segregación. Así que para nosotros el plan de becas es un objetivo clave y queremos extenderlo al máximo.