Los Mossos d'Esquadra durante un operativo contra el terrorismo yihadista / EFE

Los Mossos d'Esquadra durante un operativo contra el terrorismo yihadista / EFE

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El 17-A enseña que asimilar la integración con hablar catalán es reduccionista

Los expertos en yihadismo alertan de la autorradicalización exprés de jóvenes atraídos por la propaganda online que explota el sentimiento de una identidad musulmana a menospreciada

Noticia relacionada: La batalla antiyihadista en Cataluña se libra en la red: "Las conciencias no se controlan, pero sí lo que buscan por internet"

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100 detenidos por yihadismo en un solo año. España cerró 2025 con un volumen de actividad antiterrorista que no se registraba desde las secuelas directas de los atentados del 11-M, en 2004. Cataluña, por su parte, fue la comunidad con más arrestos, 33.

Este miércoles, en una jornada de trabajo en el Casal de Barri del Maresme (Barcelona), mandos policiales y académicos han analizado una mutación de la ideología extremista violenta.

El yihadismo es hoy más joven, eminentemente digital y se apoya en procesos de autorradicalización exprés.

La apertura institucional ha corrido a cargo de Esther Giménez-Salinas, Síndica de Greuges de Barcelona, quien ha subrayado la importancia de la rehabilitación y el trabajo positivo con los jóvenes como la vía con "más resultados" para evitar derivas radicales.

Detección temprana

El incremento en las estadísticas de arrestos responde a un cambio en el paradigma de investigación. El teniente de la Guardia Civil Víctor Martín ha explicado que el éxito preventivo actual depende de la velocidad de respuesta.

Mapa de detenciones de presuntos terroristas yihadistas en España en 2025

Mapa de detenciones de presuntos terroristas yihadistas en España en 2025 Ministerio del Interior

Según Martín, los cuerpos de seguridad han mutado sus protocolos para centrarse en la estructura online y en los "autores autónomos".

"Hemos aumentado la cifra porque somos capaces de identificarlos antes", ha afirmado el oficial, y ha destacado, además, que la inteligencia actual permite neutralizar a estos actores en fases de autocapacitación, mucho antes de que alcancen una etapa operativa o dispongan de un plan de ataque concreto.

Transmisión veloz

Esta eficacia en el ámbito de la seguridad colisiona con una realidad social marcada por la polarización. Los ponentes han coincidido en que conflictos internacionales como los de Gaza e Irán han funcionado como "catalizadores".

No son el origen de la radicalización, pero han acelerado procesos que anteriormente requerían años de adoctrinamiento y que ahora se consuman en apenas meses a través de la red.

Propaganda dirigida

El perfil del radicalizado en 2026 ha consolidado la caída drástica de la edad media.

El Ministerio del Interior ha alertado de que la propaganda terrorista ha abandonado los canales convencionales para integrarse en plataformas de streaming y comunidades de videojuegos.

Mediante el uso de emojis, estética gamer y música urbana, las organizaciones logran captar a una generación que se ha socializado íntegramente en entornos digitales.

Moussa Bourekba, miembro del Centro de Investigación en Relaciones Internacionales de Barcelona (CIDOB, por sus siglas en inglés) ha advertido sobre la vulnerabilidad de estos jóvenes ante la propaganda dirigida.

Imagen de la detención del presunto terrorista en Mataró en 2022

Imagen de la detención del presunto terrorista en Mataró en 2022 Cedida

Bourekba ha señalado que el factor socioeconómico ya no es el único determinante. "Cualquier persona puede ser víctima de esta manipulación, no solo los socialmente excluidos", ha subrayado desarticulando el mito de que el yihadismo es un fenómeno exclusivo de la marginalidad.

La clave reside, según el experto, en la erosión del sentido crítico frente a narrativas de odio que circulan sin filtro en redes sociales.

Identidad subjetiva

El debate sobre la integración ha ocupado el eje central de la jornada, con la sombra de los atentados del 17-A todavía presente.

Xavier Torrens, director del Máster de Prevención de la Radicalización de la Universitat de Barcelona (UB) y el propio Bourekba han incidido en que la "integración objetiva" —dominar el idioma o tener empleo— ha demostrado ser un diagnóstico insuficiente.

El caso de la célula de Ripoll en 2017 sigue siendo el ejemplo paradigmático de este error de percepción. Los nueve jóvenes que perpetraron los ataques hablaban catalán, participaban en actividades locales y trabajaban en la industria de la zona.

Sin embargo, bajo esa pátina de normalidad, existía una "percepción de rechazo". "Decían que los jóvenes de Ripoll estaban integrados porque hablaban catalán. Es reduccionista" ha recordado Bourekba.

Investigaciones recientes confirman que aquellos jóvenes vivían una fractura entre los valores occidentales y una identidad musulmana que percibían como atacada, lo que facilitó el trabajo del imán Abdelbaki Es Satty como catalizador del odio.

Esta brecha de pertenencia se ve alimentada hoy por episodios de racismo e islamofobia, como los cánticos registrados la semana pasada en el estadio de Cornellà durante el España-Egipto.

Para los analistas, la extrema derecha y el yihadismo funcionan como vasos comunicantes. Los discursos xenófobos validan la narrativa radical, confirmando al joven en proceso de captación que, pese a sus esfuerzos, nunca será aceptado como parte de la sociedad.

Parálisis institucional

Mientras la respuesta policial se sofistica con tecnología y control de redes, la intervención social muestra signos de agotamiento.

Mohammed Alami Susi, presidente de la asociación Itran, ha denunciado la desatención administrativa en los entornos más vulnerables. "El abandono escolar en un centro de menores es del 76%. O los condenamos a la delincuencia o son captados. Ninguna Administración escucha" ha sentenciado.

La prevención desde el ámbito civil enfrenta, además, una barrera ideológica. Los vocales han apuntado que existe una reticencia generalizada entre docentes y trabajadores sociales a abordar la radicalización por temor a fomentar la estigmatización.

Esta inhibición institucional deja a la policía como el único actor con presencia real en el conflicto, centrando toda la estrategia en la respuesta penal y no en la desactivación del relato radical.

Diagnóstico riguroso

Joan Carles Tortosa, analista de los Mossos d’Esquadra, ha destacado que el yihadismo ha ganado en capilaridad lo que ha perdido en letalidad a gran escala.

El goteo de actores individuales es hoy la principal amenaza. Tortosa ha insistido en que el fracaso de la integración se manifiesta en la adopción de identidades excluyentes, un terreno donde la propaganda visual y simplificada tiene un éxito masivo.

La resolución del fenómeno no parece depender únicamente del número de arrestos, que previsiblemente seguirá siendo elevado debido a la eficiencia de los servicios de información.

El reto inmediato en 2026 es, para los expertos, el diseño de políticas públicas que nombren y traten las causas de fondo. Como ha concluido Xavier Torrens: "Es imposible enfrentar un problema si ni tan solo se nombra".