Agente de la Brigada Móbil (Brimo) de los Mossos d'Esquadra ante la afición del FC Barcelona Barcelona
El dispositivo de seguridad del Barça-Newcastle desde dentro: engranaje de un operativo 360º
Crónica Global acompañó a los Mossos d'Esquadra en un despliegue que arrancó días antes y se extiende por toda la ciudad para anticipar riesgos y controlar a miles de aficionados
Contenido relacionado: Los Mossos cercan la reventa ilegal de entradas: 50 identificados en el Barça-Newcastle
El partido empieza mucho antes del pitido inicial. Días antes, incluso. La llegada de los primeros aficionados activa la fase de prealerta de los Mossos d’Esquadra, que despliegan efectivos en los puntos calientes de la ciudad.
Zonas donde saben —porque la experiencia manda— que acabarán confluyendo cientos, incluso miles, de visitantes.
En esta ocasión, el Barça-Newcastle movilizó cerca de 10.000 aficionados ingleses. Solo unos 3.000 tenían entrada. El resto, unos 7.000, quedarían fuera del estadio. Y eso lo cambiaba todo.
Porque un partido de fútbol deja de ser solo fútbol y pasa a ser orden público.
Un aficionado del Newcastle preguntando a un agente de los Mossos d'Esquadra
Desde dentro
Crónica Global acompañó a los Mossos d’Esquadra en este dispositivo para observar desde dentro cómo se construye, se ejecuta y se desactiva un operativo de estas dimensiones. El antes, el durante y el después.
Un engranaje complejo, milimétrico, que convierte Barcelona en una ciudad blindada, pero sin dejar de ser ciudad.
Prealerta en el Gótico
La tarde del martes ya ofrecía las primeras imágenes. La plaza Reial, en pleno corazón del barrio Gótico, volvía a convertirse en punto de encuentro de la afición visitante. No es la primera vez. Ni será la última.
Cientos de ingleses bebían, cantaban y jugaban a la pelota. Mucho alcohol, ambiente festivo y algunos episodios puntuales de incivismo —subidos a fuentes, encaramados a árboles—, pero sin incidentes destacables.
Aficionados del Newcastle en la Plaza Real de Barcelona
En este contexto, entre la multitud, también se movilizaron agentes de paisano —los conocidos fura—, atentos a los carteristas y ladrones oportunistas que buscan 'hacer su agosto' entre los turistas distraídos.
Un dispositivo 360º
“El dispositivo es 360º”, explica el Inspector Andreu González, coordinador del FC Barcelona y jefe de la Oficina del Deporte de los Mossos d’Esquadra.
Y no es una forma de hablar. El Spotify Camp Nou es el centro neurálgico, pero el operativo se extiende por toda la ciudad: metro, plazas, accesos, hoteles, puntos de concentración. Todo.
Inspector Andreu González, coordinador del FC Barcelona y jefe de la Oficina del Deporte de Mossos d'Esquadra
Se coordinan cientos de agentes, unidades especializadas por tierra y aire, y también actores externos: seguridad privada del club, responsables del equipo visitante e incluso, en este caso, policías ingleses desplazados con el Newcastle, que informan sobre perfiles potencialmente conflictivos.
En esta ocasión, además, la afición visitante decidió no acudir escoltada hasta el estadio. Optaron por moverse por su cuenta en transporte público. Y eso obligó a activar otro frente.
El metro, bajo control
La línea 3 del metro —especialmente en la zona de Drassanes— concentró buena parte de la afición inglesa. Allí, el Área Regional de Transporte Urbano (ARTU) desplegó un dispositivo específico, con apoyo de la Brigada Móvil (Brimo), para controlar los flujos y evitar colapsos en los accesos.
Hubo momentos de tensión logística —especialmente en la parada Liceu, por la limitada capacidad de la estación—, pero en ningún caso se puso en riesgo la seguridad de las personas.
La clave, reconocen fuentes policiales, fue gestionar el volumen.
Agentes de la Brigada Móbil en los accesos del Spotify Camp Nou
La llegada al estadio
Horas antes del partido, el ambiente ya se trasladaba a los aledaños del Spotify Camp Nou.
La llegada de los autocares es uno de los momentos más delicados. Miles de aficionados —en este caso, cerca de 2.000— se concentran para recibir a los suyos, corearlos e increpar al rival.
Ahí, el dispositivo se endurece. Brigada Móvil, unidades motorizadas —los conocidos Guilles— y agentes de paisano blindan los accesos. Se establecen cordones, se separan aficiones y se controla cada movimiento.
Agentes de los Mossos d'Esquadra esperando la llegada del autobús del FC Barcelona
Este miércoles, la llegada de los autocares se vivió sin incidentes, pero con todo preparado para intervenir en segundos.
Reventa y control administrativo
En paralelo, otra batalla. La de la economía sumergida del fútbol. Agentes de la Unidad Regional de Policía Administrativa (URPA), junto a otras unidades, peinaron los accesos en busca de vendedores ambulantes de entradas y posibles estafadores.
El resultado: casi 50 personas identificadas y dos detenidos, uno por resistencia y otro por falsedad documental.
El escenario era el esperado: “Sabíamos que habría miles de aficionados sin entrada y eso genera un caldo de cultivo perfecto para la reventa y el fraude”, explicaba el inspector González a Crónica Global.
Varios de los identificados por venta ambulante de entradas en el Camp Nou
Control total: del subsuelo al aire
Con el partido a punto de empezar, el dispositivo alcanza su máxima intensidad. Desde la UCO (Unidad de Coordinación Operativa), situada en las alturas del estadio, Mossos, Guardia Urbana y seguridad privada monitorizan cada rincón del recinto.
En el exterior y en los accesos, agentes de la Brimo permanecen preparados para intervenir si cualquier incidente escala. Y sobrevolándolo todo, el helicóptero policial y drones que permiten tener una imagen completa en tiempo real.
Agentes de los Mossos d'Esquadra en la Unidad de Coordinación Operativa, en el interior del Spotify Camp Nou
Sin incidentes
El partido arranca. Y el dispositivo, lejos de relajarse, se mantiene. Dentro del campo, la seguridad privada tiene la primera respuesta ante cualquier incidente. Fuera, Mossos siguen desplegados.
No se registraron altercados graves en toda la jornada. Solo episodios puntuales: uso de pirotecnia, alguna bengala, denuncias por sustancias estupefacientes y actas por objetos peligrosos.
Grada de animación del FC Barcelona
El balance es claro: sin riesgo para la integridad de las personas, aunque con dificultades para gestionar grandes aglomeraciones en algunos puntos.
Más allá del final del partido
Cuando el árbitro señala el final, el dispositivo sigue. La salida escalonada, el control del metro, la dispersión de los aficionados… todo forma parte del operativo.
Horas después, la ciudad vuelve, poco a poco, a su pulso habitual. Pero durante casi 48 horas, Barcelona ha sido otra cosa: un tablero controlado al milímetro.
Y, esta vez, como habitualmente, el partido fuera del campo terminó sin goles en contra.