Aissatou Diallo, presidenta y fundadora de la Asociación Humanitaria Contra la Ablación de la Mujer Africana Barcelona
"Esa niña vive en tu misma planta": la mutilación genital aumenta en España
Aissatou Diallo, presidenta de la asociación AHCAMA, expone desde su experiencia como mediadora y víctima las secuelas físicas de la ablación, y los retos actuales para erradicarla
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Las cifras son devastadoras y, sin embargo, a menudo permanecen en la periferia de la agenda política occidental.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 230 millones de mujeres y niñas vivas en la actualidad han sufrido mutilación genital femenina (MGF).
Se calcula que cada año, cuatro millones de niñas corren el riesgo de ser sometidas a esta práctica, la cual, si no se toman medidas urgentes, amenaza a otros 22,7 millones de menores antes de 2030.
Es una forma extrema de discriminación y violencia de género que busca controlar la sexualidad femenina y que deja secuelas físicas y psicológicas irreversibles.
Hablamos con Aissatou Diallo, la presidenta y fundadora de la Asociación Humanitaria Contra la Ablación de la Mujer Africana (AHCAMA), para profundizar sobre cómo la violencia de género se cruza con la alteridad racial en España y por qué esta práctica no es un problema lejano. Esta asociación está intentando penetrar en el tejido social de Barcelona para despertar conciencias, y cuenta con la ayuda del abogado y networker Javier Medina, cónsul de Eslovaquia.
Para quien no conozca su labor, ¿qué es AHCAMA y cuál es su papel en ella?
AHCAMA es una asociación humanitaria contra la ablación de la mujer africana que lleva ya 15 años activa. Yo soy su presidenta y fundadora, además de mediadora intercultural. Trabajamos en la integración social, el liderazgo político y la comunicación.
¿Cómo nació la idea de crear la asociación?
Nació porque yo soy víctima de la mutilación genital femenina (MGF). Aunque tampoco puedo decir "víctima", porque en su momento no había nadie que nos dijera que aquello estaba mal. La idea de fundar la asociación es proteger a las niñas y a las mujeres que sufren esta violencia. Soy madre de una hija, que ya tiene 28 años, y quería protegerla para que no sufriera lo que sufrimos mi madre y yo, y toda mi familia.
¿Hubo algún detonante personal que le impulsara al activismo?
Me marcó mucho una tía mía, que fue mutilada tres veces por tener un hijo y nunca pudo tenerlo. Eso me inspiró muchísimo. También conocí a una doctora mestiza que venía de otro país y daba charlas profundizando sobre esta violencia. Me gustó mucho, y de repente me hizo un "clic": decidí que tenía que proteger al resto de niñas que pudiera proteger.
¿Cuál es la magnitud del problema hoy en día?
Las cifras son muy altas. Hay 230 millones de mujeres mutiladas en el mundo: 600.000 en Europa y 144 millones en África, pero también ocurre en Asia, América y Canadá. En Indonesia, por ejemplo, la tasa supera todos los límites: 75 millones de mujeres han pasado por la mutilación. La MGF forma parte de la violencia de género; no es solo que tu marido te pegue, esto es una vulneración de los derechos humanos que genera una gran vulnerabilidad. Si no incluimos la mutilación dentro de la violencia de género, no tendremos en cuenta la incidencia política necesaria para pedir que se revise, se hable y se acompañe a las víctimas.
Aissatou Diallo muestra varios reconocimientos que ha recibido AHCAMA por su trabajo y participación en varios eventos internacionales Barcelona
¿Es una práctica que está disminuyendo?
No, está aumentando. Desde el Covid, la ayuda, la sensibilización y la educación se paralizaron. Como no hay subvenciones, no se puede seguir con el trabajo que se estaba logrando. La Agenda 2030 dice que acabaremos con la MGF, pero hoy por hoy los números han subido. Durante la pandemia, mucha gente —incluso enfermeros o doctores en África— pasó a cortar clítoris como fuente de ingresos.
¿Sigue existiendo presión social para mantener esta práctica?
Sí. Confío en que la nueva generación y la juventud cambien esto, implicando también a los chicos jóvenes. El problema es que hemos crecido escuchando "si no estás mutilada, no puedes casarte. Si no estás mutilada, no puedes cocinar. No eres una mujer pura". Y si no eres pura, no puedes integrarte en la comunidad. Si vienes de un país donde la tasa es del 97%, significa que ninguna niña se salva. Si no te mutilan, te rechazan a ti y a tu familia, te insultan. Por eso creo que, para erradicarla, la niña tiene que poder nacer completa y seguir siéndolo sin ser excluida.
La sede AHCAMA en Barcelona Barcelona
Menciona que el acompañamiento es clave. ¿Qué impacto tiene la mutilación a lo largo de la vida de una mujer?
El impacto es brutal, tanto física como moralmente. Hay mujeres que harían lo que fuera para no tener que estar íntimamente con sus maridos debido al dolor. Es un tabú: te prohíben mirarte al espejo, te prohíben saber lo que tienes ahí abajo. Hay mujeres que fallecen en el parto o tienen muchísimas dificultades para dar a luz porque las han cosido.
Existen diferentes tipos de ablación. ¿Podría explicarlos?
Hay varios tipos. El Tipo 1 es cortar un poco los labios y el clítoris. El Tipo 2 es quitar el clítoris. Y el Tipo 3, que es muy peligroso, consiste en quitar el clítoris, los labios mayores y menores, y coserte, dejando solo un pequeño huequito. Algunos lo hacen más "suave" y otros más fuerte. También está el Tipo 4, que entra ya en temas de cirugía plástica o retoques. Es muy complejo.
Modelos de los tipos de mutilación genital. (De izquierda a derecha) Uno no mutilado, Tipo 1, Tipo 2 y Tipo 3 Barcelona
Es una práctica que suele asociarse exclusivamente a África.
Sí, la mirada siempre se dirige hacia África. En el continente hay 54 países y se practica en 33. Pero también ocurre en Asia, en Europa, en Oriente Medio y en América Latina, en comunidades indígenas de Colombia, Perú, Panamá o Ecuador. No es solo la comunidad negra o africana. Hay discriminación y racismo al señalar solo a un grupo. La violencia es violencia, no hay diferencia. El feminismo no debe tener color; somos iguales. Si queremos avanzar y luchar, tenemos que hacerlo juntas. Esto no es solo para nosotras, es para el conjunto. Si he decidido venir aquí a vivir ha sido para mejorar. Nuestras puertas están abiertas.
En España, cerca de 70.000 mujeres provienen de países donde se practica y 3.652 niñas están en riesgo de sufrirla, según los últimos datos de 2020 del Ministerio de Igualdad. ¿Cómo se aborda esta realidad?
Esos datos existen, pero faltan estudios y financiación a nivel estatal para conocer la realidad actual, que seguramente arrojaría cifras más altas. Necesitamos incidencia política. No es solo un problema de África; en Europa hay 600.000 afectadas y en España la cifra de mujeres que provienen de países donde se practica es muy alta. A nivel autonómico, por ejemplo aquí en Cataluña, trabajamos con protocolos sanitarios específicos, como la unidad de reconstrucción del Hospital Clínic o la que se acaba de crear en Vall d'Hebron. Pero necesitamos que los servicios sociales, médicos y educativos estén formados y sensibilizados.
¿Siente que a nivel político falta visibilidad?
A veces parece que no interesa porque se piensa: "Eso es cosa de ellos, de los otros". ¿Pero te imaginas que una niña blanca de aquí sufriera esta mutilación? Sería el fin del mundo, un escándalo. Pues esa niña vive en tu misma planta, en tu mismo edificio. Si no nos toca directamente, miramos a otro lado, pero nos terminará tocando. Estamos en el siglo XXI y tenemos que romper el tabú y la discriminación racial al hablar de esto. La MGF es violencia, es cortar y dañar. No es cultura ni un juego. Reivindicamos más sensibilización; que la gente se sume a nosotros, que nos acompañe, que se ponga en nuestra piel para luchar contra esto.