Fotografía de un vehículo incendiado en un centro comercial por presuntos integrantes del crimen organizado este domingo, tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en Guadalajara (México)

Fotografía de un vehículo incendiado en un centro comercial por presuntos integrantes del crimen organizado este domingo, tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en Guadalajara (México) EFE/Francisco Guasco

Vida

Alejandro, mexicano en Cataluña: “El 'narco' paralizó Guadalajara; no sabíamos nada de mi madre”

La oleada de violencia tras la caída de 'El Mencho' deja decenas de narcobloqueos, escenas de pánico y una creciente incertidumbre entre familiares al otro lado del Atlántico

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Alejandro —nombre ficticio para proteger su identidad— supo que algo no iba bien este domingo cuando su hermana lo llamó sin previo aviso desde Guadalajara (México). No era lo habitual. Según relata a Crónica Global, antes de cualquier llamada siempre pactaban una hora para adaptarse a la diferencia horaria.

Este mexicano, afincado en Cataluña desde hace nueve años, recibió la llamada a las cinco de la tarde, hora española. Al otro lado, su hermana hablaba con nerviosismo. Algo pasaba y no era precisamente bueno.

Tiroteo en el supermercado

La mujer le relató que había salido a comprar al supermercado "de siempre", en el centro de la ciudad, cuando estalló un tiroteo, en plena ola de violencia desatada tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)

La hermana le contó que tuvo que refugiarse en una cafetería cercana para proteger su vida. Afuera, varios individuos —presuntamente vinculados al narcotráfico— disparaban sin control, empotraban coches contra un centro comercial y prendían fuego a distintos establecimientos.

Desde un pequeño municipio de la costa de Tarragona, Alejandro escuchaba a su hermana en silencio. Sin poder hacer nada.

Dos horas sin saber nada

La escena se agravó en cuestión de minutos. Mientras hablaban por teléfono, este mexicano afincado en Tarragona recibió otra noticia aún más inquietante: su madre estaba en una carretera, viajando desde Manzanillo hacia Guadalajara, cuando se vio sorprendida por los narcobloqueos.

En mitad del trayecto —de unas tres horas— quedó atrapada por la irrupción de un grupo de narcotraficantes. Vehículos ardiendo, carreteras cortadas y grupos armados impidiendo el paso. La única opción fue dar media vuelta y huir.

Durante casi dos horas no supieron nada de ella. “Solo corría en dirección contraria para no encontrarse con el bloqueo”, relata Alejandro. “Y mientras, yo aquí, sin poder hacer nada”.

La madre logró finalmente ponerse a salvo. Pero la sensación ya era otra: miedo, angustia y una impotencia que, vivida a distancia, se multiplica.

Miedo en los hospitales

Asimismo, amigos y trabajadores en hospitales públicos de Guadalajara le hablaron de escenas de pánico en los centros sanitarios: carreras, tensión y la llegada de heridos presuntamente vinculados al narcotráfico que exigían ser atendidos por los médicos.

Incluso, aseguran desde el otro lado del charco, que se temía que grupos armados intentaran forzar la atención médica con el secuestro de sanitarios. “Mientras tanto, el discurso oficial habla de normalidad”, lamenta Alejandro.

Una normalidad que este lunes ha quedado en entredicho: y es que desde el Gobierno de Jalisco se ha organizado una reunión de urgencia, a la vez que se reconocía el fallecimiento de, al menos, un civil.

65 'narcobloqueos' en Guadalajara

Pero no es la primera vez que algo así ocurre en el estado de Jalisco. En 2015, recuerda Alejandro, la ciudad de Guadalajara sufrió 29 narcobloqueos en una sola jornada, también tras el arresto de un conocido narcotraficante.

Por aquel entonces, él estaba allí. Lo vivió en primera persona. Pero lo ocurrido este fin de semana supera cualquier precedente: 65 acciones violentas solo en Guadalajara y 252 narcobloqueos en 20 de los 32 estados de México.

Es como combatir la humedad de casa”, explica. “Sabes que está ahí, que vuelve, y que es muy difícil erradicarla”.

Psicosis a distancia

Desde Cataluña, Alejandro siguió la evolución de los hechos pegado al teléfono. Las palabras que repite son tres: impotencia, frustración y resignación.

A esa sensación se suma un miedo constante: el de no saber si un familiar está a salvo mientras siguen llegando noticias de nuevos altercados desde el otro lado del charco. Una psicosis a distancia que, admite, “lo empeora todo”.

La cruda realidad

Pero esta misma distancia, con los años, le ha dado perspectiva.

Alejandro se instaló en Tarragona en 2017. Desde entonces, dice, ha visto cómo la situación en México se ha deteriorado progresivamente. Pero también ha comprendido algo más inquietante: la violencia se normaliza cuando se vive dentro.

“Mi familia no siempre es consciente de la gravedad de lo que está pasando”, explica. “No lo ves igual hasta que sales”, añade. Desde fuera, en cambio, la percepción es otra. Más cruda. Más difícil de digerir.

"No nos toman en serio"

Su análisis va más allá de lo vivido en las últimas horas. Cree que la violencia estructural, la corrupción y la expansión del narcotráfico configuran un escenario que define, sin rodeos, como un narcoestado. Y lamenta la falta de reacción real.

“México sigue siendo un país rentable para las grandes potencias. La inversión no deja de llegar, pese a todo”, sostiene. “Eso hace que nadie se tome en serio lo que está pasando”.

Imagen de las consecuencias de la ola de violencia en México tras la muerte del 'narco' El Mencho

Imagen de las consecuencias de la ola de violencia en México tras la muerte del 'narco' El Mencho EFE

Por eso, para él, "lo mejor que le puede ocurrir ahora a México y a los mexicanos es que nos quiten el Mundial de fútbol. Así, la población se daría cuenta de la gravedad de los hechos", manifiesta. Aunque tiene muy claro que nada de eso pasará.

Ahora, con los nervios más reposados, desde su casa en Tarragona, lo tiene claro: lo ocurrido este fin de semana debería ser un punto de inflexión.

Esa llamada inesperada un domingo por la tarde debería transformarse, a su parecer, en una llamada de atención internacional. Porque, insiste, lo más peligroso no es la violencia. Es acostumbrarse a ella.