Te encuentras conduciendo por una carretera secundaria y, de pronto, una patrulla de los Mossos d'Esquadra te bloquea el paso.
No hay rastro de accidente, ni obras, ni situaciones de emergencia visibles, pero el corte es total y la autoridad es absoluta. Detrás de ese cordón policial, en el asfalto que pisabas hace un minuto, las normas de tráfico que conoces acaban de dejar de existir.
Circuito fantasma
Lo que estás presenciando es un procedimiento administrativo conocido técnicamente como uso excepcional de la vía. Es la herramienta legal que permite transformar una carretera pública en un circuito privado de alta velocidad durante unas horas.
Un coche de los Mossos d'Esquadra
El Servei Català de Trànsit (SCT) es el organismo encargado de autorizar estas excepciones bajo condiciones de seguridad extremas.
Al blindar el tramo y vaciarlo de usuarios, los límites de velocidad genéricos quedan en suspenso para los vehículos autorizados.
Escenario real
Esto permite que un coche de pruebas o de rodaje pueda trazar curvas invadiendo el carril contrario o superar los 90 km/h legalmente. Es un recurso vital para la industria de la automoción, que necesita testar chasis o rodar anuncios en entornos realistas.
Una carretera de Cataluña
Cataluña se ha convertido en un plató gigantesco para estas marcas gracias a su orografía variada y proximidad con Europa.
Las carreteras de montaña ofrecen la técnica necesaria para poner al límite las mecánicas sin necesidad de alquilar un autódromo.
Puntos calientes
Entre las ubicaciones más solicitadas figura la carretera BV-5301, que atraviesa el Parque Natural del Montseny conectando Seva y Palautordera.
Este trazado es venerado por los pilotos de pruebas por su asfalto, su entorno boscoso y, sobre todo, su variedad de curvas.
Otro punto habitual es el entorno de Sant Miquel d'Olèrdola, en el Alt Penedès, donde las vías mueren en monumentos históricos. Al ser carreteras con poco tráfico residencial o sin salida, facilitan el cierre hermético sin colapsar la comarca.
Factura privada
Aunque veas uniformes oficiales y vehículos rotulados de la policía autonómica, el coste de este despliegue no sale de tus impuestos. La empresa solicitante debe asumir el 100% de la factura que genera movilizar a los agentes y reservar el espacio público.
Los Mossos d'Esquadra que controlan los cruces no están de servicio ordinario, sino realizando horas extras voluntarias remuneradas.
Dos agentes de los Mossos d'Esquadra
El Departamento de Interior tiene estipuladas unas tasas públicas para el cobro de estos servicios de seguridad extraordinarios.
Tasa oficial
Según las tarifas vigentes, la productora paga por cada hora y agente desplegado, además del kilometraje de los vehículos patrulla. A esto se suma la tasa administrativa que cobra Trànsit por tramitar el expediente y validar el plan de seguridad.
El coste de cerrar un tramo durante una jornada laboral completa puede ascender a varios miles de euros solo en tasas. Es el precio a pagar por tener la exclusividad de un bien público y la garantía de que nadie cruzará la línea.
Doble filtro
La seguridad es la obsesión principal de estos operativos, ya que un error en el cierre podría ser fatal. Por ello, el dispositivo siempre cuenta con un doble anillo de protección en cada intersección o camino rural.
En primera línea se sitúan los controladores privados de la organización, gestionando el acceso de los equipos de rodaje. Detrás, garantizando la legalidad del corte, se posicionan los agentes de tráfico, que son los únicos con potestad para detener a civiles.
Secreto industrial
Para los vecinos de la zona, estos cortes son la señal inequívoca de que un nuevo modelo de coche está a punto de lanzarse. A menudo, los vehículos ruedan camuflados con vinilos geométricos blancos y negros para evitar el espionaje industrial.
Las marcas buscan la luz del Mediterráneo y la dureza de sus puertos de montaña para la foto perfecta. Y para conseguirla, están dispuestas a pagar lo que sea necesario para que, por un día, la ley de la carretera no se aplique.
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